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Google comprará toda la energía inicial de la mayor planta solar de EE. UU.

Google comprará toda la producción inicial de Steel River, la mayor solar de EE. UU., operativa en 2029.

por Alejandro Castillo Leone
Google comprará toda la energía inicial de la mayor planta solar de EE. UU.

TL;DR:

  • Google comprará el 100% de la producción inicial de Steel River, en Arkansas, mediante un contrato virtual de energía, con entrada en operación en 2029.
  • Las dos primeras fases suman 1.6 GW solares y 1.9 GWh de baterías; el proyecto completo llegará a 2.5 GW y 2.9 GWh, con 3,500 millones de dólares ya financiados.
  • El acuerdo avanza pese al recorte de créditos fiscales a la solar impulsado por la administración Trump, y Google recibe créditos ambientales, no la electricidad directa.

Google acordó comprar el 100% de la producción inicial de Steel River Energy Center, en el condado de Mississippi, Arkansas, la que será la mayor planta solar de Estados Unidos, mediante un contrato virtual de compraventa de energía (VPPA). El acuerdo, reportado primero por Financial Times, cubre las dos primeras fases del proyecto: 1.6 GW de generación solar y 1.9 GWh de almacenamiento en baterías, con entrada en operación prevista para 2029. La compañía firma uno de los mayores compromisos solares del país justo cuando la administración de Donald Trump acelera el desmantelamiento de los créditos fiscales que sostuvieron al sector. Para la industria, es una señal de que la sed energética de la inteligencia artificial pesa más que el giro político en Washington.

El proyecto lo desarrolla Cypress Creek Energy, y Google entra con doble papel: inversor ancla y comprador de la energía. El plan completo contempla tres fases y, una vez terminado, sumará 2.5 GW de generación solar y 2.9 GWh de baterías a la red regional, suficiente para abastecer a más de 315,000 hogares de Arkansas al año. Cypress Creek cerró el mes pasado el financiamiento de las dos primeras fases por 3,500 millones de dólares, con Barclays, BNP Paribas, Santander y Wells Fargo como bancos aseguradores y un inversor de tax equity de por medio. Ese compromiso de ingresos a largo plazo que aporta Google es justo lo que los prestamistas necesitaban para dar luz verde a la construcción.

"La inversión abastece a la red en su conjunto y traslada los beneficios de la planta local a todos los clientes de Arkansas", dijo a Financial Times Will Conkling, responsable de energía para centros de datos de Google en América.

La letra chica: Google se queda con los créditos, no con los electrones

Steel River no se conecta con un cable privado a los servidores de Google, y esa distinción cambia lo que realmente compra la empresa. La planta vierte su electricidad a la red eléctrica de Arkansas a un precio fijo pactado, y lo que Google recibe a cambio son los créditos ambientales asociados a esa generación, no los electrones en sí. Sus centros de datos seguirán tomando energía de una red donde conviven carbón, gas natural, nuclear y renovables, según la combinación disponible a cada hora.

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Photo by Andrey Metelev / Unsplash

El matiz importa porque marca la diferencia entre financiar generación limpia nueva y hacer que cada kilovatio que consume la empresa sea libre de carbono en el momento de usarlo. Las baterías ayudan a mover la energía solar más allá de las horas de sol, pero no fabrican electricidad extra. Y el telón de fondo no ayuda a la narrativa verde: según el informe ambiental 2026 de la propia Google, su consumo eléctrico y sus emisiones ligadas a la red crecieron 37% solo en 2025.

Un contrato virtual (VPPA) no conecta los servidores de Google con Steel River. La planta vende su electricidad a la red de Arkansas a precio fijo y Google recibe los créditos ambientales, no los electrones. Sus centros de datos siguen tomando energía de una red con carbón, gas y nuclear.

El acuerdo llega mientras Trump recorta los apoyos a la energía solar

En julio de 2025, Donald Trump promulgó la ley conocida como One Big Beautiful Bill, que aceleró la eliminación de los créditos fiscales para energía limpia creados por la Inflation Reduction Act. Para proyectos solares y eólicos, los créditos 45Y y 48E desaparecen si la construcción arranca después del 4 de julio de 2026, salvo que la planta entre en operación antes de que termine 2027. Una orden ejecutiva posterior instruyó al Departamento del Tesoro a aplicar la medida con mano dura y endureció las reglas para demostrar el inicio de obra. En junio de 2026, un tribunal federal de Washington anuló parte de esa guía del IRS, un respiro para el sector.

Contra ese fondo, un acuerdo de este tamaño se vuelve escaso. Cypress Creek cerró su financiamiento en junio y colocó la primera piedra el 14 de julio, dentro de la ventana que la ley todavía deja abierta. Su director ejecutivo, Kevin Smith, describió el pacto a Financial Times como un punto brillante poco común para el sector solar estadounidense, y apuntó que las tecnológicas buscan cada vez más grandes proyectos renovables para cubrir su creciente demanda eléctrica.

Qué gana Arkansas: acero local, empleos y una factura para la comunidad

Google enmarca el proyecto como una inversión en la comunidad. Estos son los compromisos que puso sobre la mesa, según su anuncio oficial:

  • Cerca de 700 empleos locales durante la construcción.
  • Unos 300 millones de dólares en recaudación fiscal a lo largo de la vida del proyecto.
  • 5 millones de dólares para programas de acceso a energía dirigidos a residentes y escuelas públicas de Arkansas.
  • Acero estructural 100% fabricado en Estados Unidos, extraído de la planta Big River de U.S. Steel y procesado en la fábrica de PACO Steel en Arkansas, el condado con mayor producción de acero del país.

Google no está sola en la carrera por la energía

Google ya se había comprometido a invertir 4,000 millones de dólares en Arkansas y firmó en noviembre otro contrato solar de 100 MW en el estado con Treaty Oak. Sus rivales van por el mismo camino: Meta selló un acuerdo por una planta solar de RWE en Texas y Amazon compró en subasta un enorme proyecto solar con baterías en Oregón. Cada hiperescalar resuelve a su manera la misma ecuación: la inteligencia artificial necesita energía firme y barata, y la necesita ya.

Para el lector hispanohablante, la señal va más allá de Arkansas. La expansión de centros de datos y el debate sobre su costo energético ya llegaron a España y a varios países de América Latina, donde se repite la misma pregunta: quién paga la factura eléctrica del auge de la inteligencia artificial. Steel River muestra la respuesta que eligen las grandes tecnológicas, comprar renovables a gran escala para equilibrar sus cuentas ambientales, aunque la electricidad que mueva sus servidores siga saliendo, por ahora, de una red mucho menos limpia.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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