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Confirman GJ 523b, una mega-Tierra más masiva que Neptuno y casi sin gas

GJ 523b es más masiva que Neptuno, pero su radio mide solo 2.55 veces el terrestre. Su densidad, su órbita inclinada y la aparente falta de gas no encajan bien con las rutas habituales de formación planetaria.

por Alejandro Castillo Leone
A stunning view of a starry night sky above an observatory dome, capturing the beauty of the cosmos.
Foto de en Pexels

TL;DR:

  • Un equipo confirmó GJ 523b con datos de TESS y 30 mediciones de velocidad radial: tiene 23.5 veces la masa de la Tierra y 2.55 veces su radio.
  • Su densidad apunta a un mundo con muy poco hidrógeno y helio, pese a que es más masivo que Neptuno; además, su órbita estaría inclinada al menos 71.4 grados respecto al giro de su estrella.
  • El trabajo continúa como preprint bajo revisión, su origen no está resuelto y el manuscrito no contiene observaciones de JWST.

Un equipo encabezado por Maxwell A. Kroft, de la Universidad de Wisconsin-Madison, confirmó y caracterizó GJ 523b, un exoplaneta situado a unos 87 años luz con 23.5 ± 3.3 veces la masa de la Tierra, un radio de 2.55 ± 0.15 radios terrestres y una densidad estimada de 7.8 gramos por centímetro cúbico. La combinación lo hace más masivo que Neptuno, pero mucho más compacto, y apunta a una envoltura de hidrógeno y helio muy pequeña o inexistente. Eso desconcierta porque un núcleo tan pesado normalmente debería captar abundante gas durante su formación. Los resultados aparecieron en arXiv el 25 de marzo de 2026 y, al 20 de agosto, siguen bajo revisión para The Astronomical Journal; la revisión por pares todavía no ha terminado.

GJ 523b concentra más masa que Neptuno en mucho menos espacio

La comparación con los dos mundos conocidos deja clara la rareza. Las cifras de la Tierra y Neptuno son valores de referencia de la NASA; las de GJ 523b proceden del ajuste conjunto del equipo.

Mundo Masa en Tierras Radio en Tierras
Tierra 1 1
Neptuno 17.1 3.88
GJ 523b 23.5 ± 3.3 2.55 ± 0.15

GJ 523b completa una vuelta alrededor de su estrella cada 17.745740 días y se encuentra a 0.1226 unidades astronómicas de ella. Recibe unas 13.9 veces la irradiación que llega a la Tierra y su temperatura de equilibrio es de 538 ± 13 kelvin, cerca de 265 grados Celsius, bajo el supuesto de que no refleja luz. Esa cifra no equivale a una temperatura medida en la superficie, pero sí descarta presentar el planeta como una segunda Tierra templada.

El sistema también es joven. El equipo calculó una edad de 169 millones de años, con un intervalo de incertidumbre que va aproximadamente de 121 a 269 millones. Su órbita tendría una oblicuidad mínima de 71.4 grados respecto al eje de rotación de la estrella, una geometría cercana a una trayectoria polar que añade otra pieza difícil de explicar.

Mega-Tierra no significa habitable ni parecida a nuestro planeta

“Mega-Tierra” no es una categoría oficial aceptada de forma general. Los autores proponen usarla como una clasificación observacional para planetas con entre 2.1 y 5 radios terrestres y densidades de al menos 5.5 gramos por centímetro cúbico. Bajo ese criterio, GJ 523b forma parte de un grupo de 13 mundos bien caracterizados que ocupan el rango de tamaño de los sub-Neptunos, pero contienen mucho menos gas.

El nombre describe masa, radio y densidad. No confirma una superficie semejante a la terrestre, océanos ni condiciones aptas para la vida. El contraste con LHS 1140 b, un mundo rocoso situado en la zona habitable de su estrella ayuda a poner el término en su sitio: compartir una etiqueta geológica con la Tierra no dice, por sí solo, cómo es el clima de un exoplaneta.

El modelo de estructura interior utilizado en el preprint tampoco ofrece una fotografía inequívoca. Su mejor ajuste distribuye la masa de GJ 523b en aproximadamente 37% de núcleo de hierro, 40% de manto de silicatos y 21% de hidrosfera, con una fracción atmosférica de hidrógeno y helio prácticamente nula. Las incertidumbres son amplias y distintas composiciones pueden reproducir la misma masa y el mismo radio. La mayoría de las soluciones calculadas ni siquiera contenían agua líquida; solo una franja estrecha del modelo admitía un océano bajo presiones extremas.

La explicación fácil de una atmósfera evaporada no alcanza

La densidad no demuestra de forma directa que el planeta carezca de atmósfera. Lo que muestra es que no cabe una envoltura extensa de hidrógeno y helio como la de un sub-Neptuno ordinario. GJ 523b debió evitar acumular ese gas o perderlo después.

Una migración muy cercana a la estrella podría haber arrancado parte de una atmósfera primordial mediante fuerzas de marea. Esa ruta, no obstante, necesitaría un compañero exterior masivo que todavía no ha sido detectado y tampoco explica con facilidad la excentricidad actual de la órbita.

La fotoevaporación, es decir, la pérdida de gas por la radiación de la estrella, resulta todavía menos convincente en los cálculos del equipo. Incluso suponiendo que GJ 523b hubiera comenzado con la masa y el radio de Júpiter, el modelo estima que habría perdido apenas 0.004 masas terrestres durante la edad actual del sistema, demasiado poco para retirar una envoltura gigante.

Los autores consideran más viables otros dos caminos. Uno o dos impactos entre cuerpos de masas parecidas pudieron agrandar el núcleo y expulsar el gas. También pudo intervenir una formación híbrida: primero acreción rápida de pequeñas partículas y después acumulación más lenta de planetesimales, cuyo calor habría retrasado entre uno y tres millones de años la captura acelerada de gas. Ninguna opción está confirmada.

TESS y NEID la confirmaron; JWST todavía no la observa

TESS detectó las caídas periódicas de luz que delataban un candidato en tránsito y lo registró como TOI-7032. El equipo midió después el tirón gravitacional del planeta mediante 30 observaciones de velocidad radial con el espectrógrafo NEID, instalado en el telescopio WIYN de 3.5 metros en Kitt Peak, tomadas entre el 7 de febrero y el 10 de julio de 2025. Imágenes de alta resolución obtenidas en Gemini North y el observatorio Palomar ayudaron a descartar una estrella cercana que imitara la señal.

Hay un detalle que conviene corregir en la cobertura del hallazgo. El texto de la Universidad de Wisconsin-Madison reproducido por Phys.org afirma que se utilizaron datos del telescopio James Webb. El manuscrito no presenta observaciones de JWST: solo propone estudiar eclipses secundarios con Webb en el futuro para comprobar de forma más directa si GJ 523b conserva una atmósfera significativa. Por ahora, la conclusión sobre su escasez de gas es una inferencia basada en masa, radio, densidad y modelos de interior.

También hacen falta más mediciones de velocidad radial y futuros datos de Gaia para buscar un compañero oculto, además de una observación del efecto Rossiter-McLaughlin que refine la inclinación orbital. GJ 523b está confirmado como planeta; su atmósfera, su historia de formación y la propuesta de llamarlo mega-Tierra permanecen abiertas a nuevas observaciones y a la revisión científica.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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