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Bienestar Animal

Un pelícano herido tocó la puerta de NOAA y salió volando sin un anzuelo

Un pelícano pardo llegó a un laboratorio de NOAA con sedal y un anzuelo triple en el ala. Los biólogos retiraron el equipo y devolvieron el ave a la bahía.

por Gerardo Pavez
A brown pelican resting on a railing in a sunny Florida setting, showcasing its detailed plumage.
Foto de Tina Nord en Pexels

Un pelícano pardo llegó el 8 de septiembre al laboratorio de NOAA en Panama City, Florida, y comenzó a golpear con el pico la puerta de vidrio. El ave llevaba sedal de pesca enrollado en el ala derecha, un anzuelo triple con doble barba incrustado y varias espinas de cactus en la pata izquierda. Los biólogos retiraron el equipo y las espinas en cuestión de minutos; después llevaron al pelícano a una zona cercana, donde volvió a extender las alas y se alejó volando. El caso, difundido por NOAA y reportado por The Washington Post, dejó abierta una pregunta difícil de comprobar: si el animal buscó deliberadamente a las personas o si terminó en esa puerta por azar.

El pelícano llegó con un anzuelo incrustado en el ala

El personal del Southeast Fisheries Science Center analizaba datos sobre tiburones y poblaciones de peces cuando escuchó el golpeteo. Al abrir la entrada, encontró al pelícano pardo sobre los escalones, con varios pies de monofilamento enrollados alrededor del ala derecha, un anzuelo triple de doble barba incrustado en ella y espinas de cactus en una pata.

Los biólogos lo sujetaron con cuidado para evitar que se lastimara o los mordiera. Después cortaron la barba del anzuelo, retiraron el metal con pinzas, desenredaron el sedal y quitaron las espinas. NOAA describió al ave como sorprendentemente tranquila durante el procedimiento.

Una vez liberado, un integrante del equipo llevó al pelícano a la cuenca de St. Andrew Bay. El ave estiró y batió las alas durante unos minutos antes de volver a volar.

Nadie sabe si el ave buscó ayuda de forma intencional

Annsli Hilton, investigadora asociada de la Universidad de Miami que trabaja en la instalación, calculó que el pelícano pudo haber caminado aproximadamente 400 metros desde una cuenca de St. Andrew Bay hasta el laboratorio. El acceso al recinto está cercado desde la carretera, por lo que Hilton consideró improbable que otra persona hubiera llevado allí al animal.

Eso no demuestra que el pelícano supiera que los biólogos podían ayudarlo. Gerald Hough, profesor de la Universidad Rowan que estudia el comportamiento de las aves, planteó que quizá el animal ya había visto a los investigadores transportar peces y relacionaba a las personas o los muelles con comida. También consideró posible que el ave picoteara el vidrio al confundir su reflejo con el de otro pelícano o para resguardarse del sol.

El plumaje marrón llevó a otra especialista, la científica marina Juliet Lamb, a estimar que se trataba de un ejemplar joven. Los pelícanos jóvenes suelen temer menos a las personas que los adultos que han tenido experiencias negativas con humanos, explicó a The Washington Post.

El sedal abandonado puede convertirse en una trampa invisible

NOAA aprovechó el rescate para recordar que el monofilamento puede ser casi invisible bajo el agua y tardar cientos de años en degradarse. Cuando queda abandonado, puede enredar, herir o matar a animales costeros.

La agencia recomienda guardar el sedal usado en un recipiente seguro, depositar los restos en contenedores de reciclaje instalados en rampas para embarcaciones y utilizar anzuelos sin barba, que son más sencillos de retirar cuando ocurre un accidente.

El pelícano tuvo un desenlace favorable porque encontró a un equipo acostumbrado a manipular animales marinos. La prevención depende de una medida menos extraordinaria: que los pescadores no dejen el sedal en el agua ni en la orilla.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Gerardo Pavez

Redactor y creador de contenido especializado en deportes y tecnología. Apasionado por todo lo que ocurre dentro y fuera de la cancha.

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