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Espacio

EE. UU., China y Rusia buscan reactores para sostener sus futuras bases en la Luna

El plan estadounidense exige al menos 20 kilovatios eléctricos durante al menos cinco años en la superficie lunar. La comparación con el generador de un rover muestra el salto de potencia; los documentos internacionales añaden condiciones de seguridad y acceso.

por Gerardo Pavez
Una imagen conceptual del proyecto de potencia de superficie de fisión en la superficie lunar. La superficie lunar es gris y está llena de cráteres y pistas de rover.
Foto: NASA, uso editorial, vía nasa.gov

La NASA busca tener listo para diciembre de 2030 un reactor que suministre electricidad cerca del polo sur de la Luna, según un reportaje de The New York Times publicado el 4 de octubre de 2026. Rusia proyecta una instalación para 2036 vinculada a su estación con China. Ambos planes buscan sostener futuras bases capaces de seguir operando cuando falta luz solar.

La investigación de Selam Gebrekidan, reproducida por Business Standard, detalla que la NASA pidió a contratistas a finales de agosto prepararse para construir un reactor que soporte el viaje espacial y funcione sin mantenimiento en el entorno lunar.

En el proyecto ruso hay un contrato con la empresa aeroespacial Lavochkin. Reuters informó el 24 de diciembre de 2025 que Roscosmos había encargado una central para abastecer vehículos, un observatorio y la infraestructura de la Estación Internacional de Investigación Lunar, proyectada con China.

La noche lunar cambia la demanda de electricidad

En gran parte de la superficie lunar, los periodos de luz y oscuridad duran alrededor de dos semanas terrestres cada uno. La NASA explica que los polos reciben más iluminación, pero también tienen intervalos de oscuridad y zonas dentro de cráteres donde el Sol nunca llega. El problema energético depende del lugar elegido para la base.

Un suministro continuo permitiría mantener equipos y actividades durante esos periodos. El almacenamiento y la distribución también forman parte del problema energético que describe la NASA. La fisión ofrece una opción para trabajar en lugares donde la generación solar resulta insuficiente.

Las baterías nucleares de las sondas muestran una escala distinta. Como referencia, la NASA describe el generador de radioisótopos MMRTG empleado en Perseverance con una potencia de unos 110 vatios eléctricos. Frente a esa cifra, 20 kilovatios equivalen a 20,000 vatios, unas 180 veces esa potencia. La comparación aritmética ayuda a dimensionar el salto entre abastecer un rover y desarrollar un sistema para infraestructura lunar.

El objetivo estadounidense exige cinco años de operación

El memorando de la Casa Blanca del 14 de abril de 2026 establece que los reactores de potencia intermedia deben proporcionar al menos 20 kilovatios eléctricos durante al menos cinco años en la superficie lunar. También pide una variante lista para lanzarse en 2030. Son requisitos de desarrollo que todavía deben demostrarse mediante hardware y pruebas.

La NASA prevé un ensayo espacial previo con Space Reactor-1 Freedom, cuyo lanzamiento hacia Marte apunta a finales de 2028. La página oficial de la misión explica que sus resultados servirán para Lunar Reactor-1 y que volar primero un reactor permite comprobar la tecnología sin añadir la dificultad de un alunizaje.

Como contamos al revisar la ficha de SR-1 Freedom, ese vehículo probará propulsión nuclear eléctrica; el reactor lunar tendrá la tarea de suministrar energía en la superficie.

SR-1 Freedom: uranio listo, cohete sin definir
La NASA ya tiene comprometido el uranio del reactor de SR-1 Freedom, pero su ficha oficial todavía no nombra cohete.

La seguridad y el acceso también forman parte del proyecto

El reportaje señala que los países planean activar sus reactores una vez lleguen a la Luna. También recoge la advertencia de Edwin Lyman, responsable de seguridad nuclear de la Union of Concerned Scientists, sobre el riesgo de sumar tecnología nuclear a la competencia espacial. Una falla durante el transporte podría dispersar material radiactivo.

Los principios sobre fuentes nucleares espaciales aprobados por la Asamblea General de la ONU en 1992 contemplan evaluaciones de seguridad que abarquen las fases de la misión, incluidos el lanzamiento, la plataforma y el reactor. También prevén hacer públicos los resultados antes del despegue.

El Tratado del Espacio Exterior de 1967 añade reglas sobre la superficie. Su artículo I reconoce el acceso a todas las áreas de los cuerpos celestes; el II impide la apropiación nacional por soberanía, uso u ocupación. El artículo VIII conserva la propiedad y el control de los objetos espaciales. Leídos juntos, esos artículos distinguen el control de una instalación de la apropiación del terreno que ocupa.

El artículo IX exige evitar la contaminación perjudicial y prevé consultas internacionales ante posibles interferencias dañinas con las actividades de otros Estados. El XII contempla visitas a instalaciones con reciprocidad, aviso previo y precauciones de seguridad.

La electricidad continua ampliaría las actividades que una base puede sostener durante la oscuridad. Llevar esa capacidad a la Luna exige comprobar el funcionamiento del reactor y coordinar su instalación con las obligaciones de seguridad y acceso que ya acompañan la exploración espacial.

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8

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por Gerardo Pavez

Redactor y creador de contenido especializado en deportes y tecnología. Apasionado por todo lo que ocurre dentro y fuera de la cancha.

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