Una serie de tres artículos publicada en The Lancet el 4 de octubre pide evaluar nuevas funciones digitales antes de su lanzamiento y abrir datos a investigadores para proteger la salud de niños y jóvenes.
El comunicado de la revista describe una revisión de 121 revisiones que reúne datos de nueve millones de menores de 25 años. El uso problemático, definido por patrones similares a la adicción, aparece asociado con peor salud mental, alteraciones del sueño y menor actividad física. Son asociaciones modestas, de baja certeza.
Regular también exige comprobar qué funciona
Los autores proponen evaluar productos antes de lanzarlos, compartir datos con investigadores autorizados, un tratado de gobernanza mediante la OMS y un organismo internacional que vigile riesgos de la IA. Señalan el scroll infinito y la reproducción automática como decisiones de diseño que requieren más investigación.
Hisham Al-Assam, investigador en informática de la Universidad de Buckingham, planteó una reserva ante el Science Media Centre: los sistemas de verificación de edad necesitan pruebas de funcionamiento, auditorías independientes y evaluación frente a ataques. A su juicio, describirlos como protectores de la privacidad resulta insuficiente para demostrar su seguridad a gran escala.
Al-Assam considera más convincente el planteamiento de gobernanza de la serie que la evidencia técnica sobre estas herramientas.
La revisión no demuestra causalidad
Myles Jones, de la Universidad de Sheffield, señaló al Science Media Centre que predominan los estudios observacionales y que algunas revisiones longitudinales describen relaciones en ambos sentidos. La soledad puede preceder a un mayor uso digital y también aparecer después. La revisión no permite concluir que las pantallas causen los problemas observados.
Lizzy Winstone, de la Universidad de Bristol, recordó que ciertas actividades digitales pueden favorecer la conexión social o el ejercicio. Para ella, investigar lo que los jóvenes experimentan en línea resulta más útil que medir únicamente el tiempo de pantalla.
Proteger sin excluir del entorno digital
Cheryl Brown, de la Universidad de Canterbury, advirtió en las reacciones recogidas por Scimex que la exclusión digital también puede generar problemas: la participación educativa, social, económica y cívica depende cada vez más de estos sistemas. Su lectura respalda una regulación que considere oportunidades y riesgos, así como la participación de los jóvenes en las decisiones.
Alex Beattie, de la Universidad Victoria de Wellington, cuestionó que una restricción de redes para menores de 16 años se trate como solución suficiente. Propuso mejorar la seguridad del diseño, proteger la privacidad y facilitar datos independientes. También pidió considerar los distintos usos digitales para aprender, encontrar apoyo o mantener vínculos.
Las dos perspectivas añaden un criterio para evaluar las medidas: comprobar qué riesgos reducen y qué acceso o apoyos podrían perderse. La decisión de intervenir debe acompañarse de una evaluación de sus consecuencias, más allá del número de horas conectadas.
The Lancet y DTH-Lab anunciaron un seminario en línea para el 5 de octubre con autores, jóvenes y responsables de salud pública. La agenda prevé un mensaje de bienvenida de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, y la moderación del editor de la revista, Richard Horton.
El encuentro abordará prevención, regulación y rendición de cuentas. Su programa propone discutir cómo prevenir daños y qué pueden hacer los distintos actores para transformar la evidencia en decisiones públicas.