Un equipo internacional dice haber encontrado arte rupestre de al menos 15,000 años en ocho cuevas del suroeste de Irlanda, un hallazgo que, si se confirma, adelantaría miles de años la llegada de los primeros humanos a la isla. El grupo, reunido en el Lost Land Bridge Project y coordinado por el arqueólogo George Nash, de la Universidad de Liverpool, no recorrió el país cueva por cueva: cargó un algoritmo con las características de los yacimientos prehistóricos del sur de Gales, obtuvo 28 candidatas irlandesas y encontró grabados, pinturas de ocre y carbón y surcos trazados con los dedos en ocho de ellas. Falta lo más importante. El proyecto todavía no ha publicado fechas de laboratorio en una revista revisada por pares, y la ruta terrestre que propone desde Gales choca con las reconstrucciones geológicas del mar de Irlanda.
El algoritmo se entrenó en Gales y devolvió 28 cuevas irlandesas
La idea nació de una asimetría que incomodaba a Nash, investigador honorario de arqueología en Liverpool. Según explica, el sur de Gales estuvo poblado por humanos modernos desde hace 35,000 a 40,000 años, mientras que el registro irlandés seguía casi vacío. En vez de buscar a ciegas, el equipo describió las características de las cuevas galesas ya documentadas y dejó que un modelo computacional buscara equivalentes al otro lado del mar. En el trabajo participaron el espeleólogo Shane Diffily y el consultor de cartografía digital Darren Lee.
El modelo devolvió 28 cuevas del suroeste irlandés. Ocho tenían marcas que los investigadores interpretan como arte prehistórico. Nash resumió así el punto de partida, en declaraciones a la BBC que recogió ZME Science:
No estábamos buscando lo suficiente, ni en los lugares correctos.
El proyecto trabajó sobre un principio conocido en arqueología: la ausencia de pruebas no prueba la ausencia.
Las marcas no son de un solo tipo. Algunas están grabadas directamente en la caliza, otras se hicieron con ocre y carbón, y un tercer grupo son surcos abiertos al arrastrar tres o cuatro dedos por capas blandas de arcilla o sedimento, lo que los especialistas llaman finger flutings. Entre las figuras reconocibles hay un grabado que parece mostrar la cabeza, el cuello y los cuartos delanteros de un ciervo, y otra imagen que Nash interpreta como un mamut. El equipo mantiene en reserva la ubicación exacta de las cuevas para reducir el riesgo de vandalismo y saqueo. Además de Liverpool, participan investigadores del University College Dublin y de la Universidad de Adelaida, con especialistas de Gales, Portugal y Dubái.
Sin laboratorio, los 15,000 años siguen siendo una atribución
Nadie ha datado todavía ese arte. Nash y su equipo señalan que obtener una datación fiable es el siguiente paso del proyecto, según recogió The Debrief, y hasta ahora no existe un artículo revisado por pares que describa las ocho cuevas ni publique fechas numéricas.
Datar tampoco es trivial en este caso. Un dibujo de carbón puede fecharse por radiocarbono directamente, pero los grabados y las pinturas de ocre no ofrecen material orgánico: en esos casos se recurre a datar la calcita formada encima o debajo de la imagen con series de uranio y torio, lo que acota el resultado entre dos límites en lugar de fijar una fecha. Mientras eso no ocurra, la antigüedad se sostiene en el parecido con el arte glacial documentado en otros sitios, no en una medición.
La cifra que circula como referencia previa también merece una precisión. Buena parte de la cobertura fija en unos 10,500 años la evidencia más antigua aceptada en Irlanda, pero un estudio publicado en 2016 en Quaternary Science Reviews ya había llevado la presencia humana bastante más atrás, con una rótula de oso pardo con marcas de carnicería recuperada en la cueva Alice and Gwendoline, en el condado de Clare, fechada por dos laboratorios independientes entre unos 12,800 y 12,600 años. Un reanálisis de esa misma cueva publicado en 2024 sumó fechas y contexto ambiental, y dejó constancia de que no todos los especialistas aceptan la rótula como indicador de presencia humana. Existe además una tercera pieza más antigua y más discutida: un fémur de reno de la cueva Castlepook, en el condado de Cork, con marcas atribuidas a herramientas de piedra y una antigüedad cercana a los 33,000 años, donde lo dudoso no es la edad sino quién dejó esas marcas.
Estas son las tres piezas que hoy compiten por marcar el arranque de la historia humana en Irlanda, con su antigüedad y el estado de cada una.
| Evidencia | Antigüedad atribuida | Estado |
|---|---|---|
| Arte rupestre en ocho cuevas del suroeste | Al menos 15,000 años | Sin datación de laboratorio publicada |
| Rótula de oso pardo con marcas de corte, cueva Alice and Gwendoline (Clare) | Entre 12,800 y 12,600 años | Publicada en 2016 con dos fechas independientes; su lectura no es unánime |
| Fémur de reno con marcas atribuidas a herramientas, cueva Castlepook (Cork) | Cerca de 33,000 años | Edad plausible, autoría humana de las marcas en duda |
La geología fecha la separación de Irlanda antes que el arte
La segunda parte de la hipótesis es la que da nombre al proyecto. Nash sostiene que el descenso del nivel del mar durante la última glaciación dejó al descubierto una franja de unos 76 kilómetros (46 millas) entre Pembrokeshire, en Gales, y el sureste irlandés, cerca de la actual Rosslare. No habría sido un fondo marino desnudo, sino un paisaje frío con pastizales capaces de sostener caballos salvajes, bisontes, renos y mamuts, la fauna que seguían los cazadores recolectores de la época.

El obstáculo es que ese paso está lejos de ser un hecho aceptado. Una reconstrucción paleogeográfica firmada por R. J. Edwards y A. J. Brooks, publicada en 2008 en un suplemento del Irish Naturalists' Journal a partir de modelos de rebote glaciar, concluyó que Irlanda ya estaba separada de Gran Bretaña hacia hace unos 16,000 años, cuando el clima seguía siendo frío y persistían casquetes locales. Ese trabajo tampoco encontró respaldo para un puente terrestre posterior. Si el arte irlandés resulta tener 15,000 años, lo que quedaría firme es cuándo hubo gente en la isla, no cómo llegó. Pudieron cruzar terreno emergido, avanzar por un litoral bordeado de hielo o usar embarcaciones al menos en parte del trayecto.
Las próximas campañas apuntan a Wexford, Waterford y Cork, condados situados en el trayecto que habrían seguido esos grupos tras poner un pie en la isla. Nash defiende que sería raro que hubieran cruzado desde Gales y avanzado hacia el suroeste sin dejar rastro más cerca del punto de llegada.
Aun sin fechas, el trabajo ya deja una lección de método. El vacío del registro paleolítico irlandés podía deberse a dónde se estaba buscando y no a lo que hubo. El resto lo van a decidir unas cuantas mediciones de calcita y carbón en un laboratorio.