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Voyager 1, a un día luz de la Tierra: el objeto humano más lejano que la NASA apaga poco a poco

El 18 de noviembre de 2026, la Voyager 1 llegará a un día luz de la Tierra: la NASA la apaga poco a poco

por Dilis Salazar
Voyager 1, a un día luz de la Tierra: el objeto humano más lejano que la NASA apaga poco a poco

TL;DR:

  • El 18 de noviembre de 2026, la Voyager 1 será el primer objeto humano a un día luz de la Tierra: una orden de radio tardará 24 horas en llegar.
  • Viaja a unos 61.000 km/h y está a más de 25.000 millones de km (unas 172 unidades astronómicas); su generador nuclear pierde cerca de 4 vatios al año.
  • Solo le quedan dos instrumentos encendidos (magnetómetro y ondas de plasma); la NASA los apaga uno a uno y espera sostener la señal hasta entrada la década de 2030.

La NASA tiene una fecha marcada: el 18 de noviembre de 2026, de madrugada (hora del Pacífico), la Voyager 1 se convertirá en el primer objeto construido por el ser humano en ubicarse a un día luz de la Tierra. Desde esa distancia, unos 25.900 millones de kilómetros, una orden enviada a la velocidad de la luz tardará 24 horas en alcanzar la sonda, y su respuesta otras 24 en volver. La nave no cruza ninguna frontera nueva del espacio (eso ocurrió en 2012); lo que cambia es que, a esa lejanía, hablar con ella ya toma dos días. Y sucede justo cuando la agencia la mantiene con vida apagándole instrumentos y calefactores uno por uno, en una carrera contra un generador nuclear que se agota.

La cifra impresiona, pero conviene aterrizarla. Un día luz es la distancia que recorre la luz en 24 horas a 299.792 kilómetros por segundo, la mayor velocidad posible en el universo. En un solo día suma cerca de 25.900 millones de kilómetros, unos 16.100 millones de millas. Ninguna máquina salida de la Tierra había llegado tan lejos, y la propia página de estado de la misión de la NASA identifica a la Voyager 1 como el primer objeto humano en tocar esa marca.

Un día luz: 25.900 millones de kilómetros, y en escala estelar es casi nada

Aquí conviene deshacer un malentendido frecuente. La Voyager 1 no está abandonando el sistema solar en el sentido de cruzar una línea final. Superó la heliopausa, el límite donde el viento de partículas del Sol cede ante el medio interestelar, el 25 de agosto de 2012, y desde entonces es la primera nave que opera en el espacio entre las estrellas. Un día luz no señala una barrera física: es una medida de distancia y de paciencia, útil para dimensionar lo remota que se ha vuelto la sonda. Para hacerse una idea:

  • A un auto que fuera a 80 km/h le tomaría cerca de 37.000 años cubrir esa distancia.
  • Un avión comercial, a unos 900 km/h, tardaría alrededor de 3.300 años.
  • Equivale a unos 34.000 viajes de ida y vuelta a la Luna.

Y aun así, en términos estelares es apenas un paso. Un día luz son unos 0,0027 años luz; la estrella más cercana, Alfa Centauri, está a 4,37 años luz. Después de casi medio siglo de vuelo, la Voyager 1 ha recorrido una fracción diminuta del camino hacia su vecina estelar más próxima.

an artist's rendering of a satellite in space
Photo by NASA Hubble Space Telescope / Unsplash

Cada vatio cuenta: la fuente nuclear que se agota

Lo llamativo de 2026 es que a la misión ya no la limita la lejanía, sino la contabilidad eléctrica dentro de una máquina lanzada en 1977. Las Voyager nunca fueron solares: donde viajan, la luz del Sol es demasiado débil. Cada sonda lleva generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG), que convierten en electricidad el calor del plutonio-238 en desintegración, con una eficiencia inferior al 10%. Esa fuente fue lo que permitió a la nave pasar por Júpiter y Saturno y seguir de largo. También es la razón por la que la misión se encoge, un instrumento a la vez: el RTG pierde cerca de 4 vatios cada año, y tras casi cinco décadas el margen quedó al filo.

El aviso llegó en frío. Durante una maniobra rutinaria de giro, el 27 de febrero de 2026, los niveles de energía de la Voyager 1 cayeron más de lo previsto y estuvieron a nada de disparar el sistema de protección por bajo voltaje, que habría apagado componentes por su cuenta y forzado una recuperación larga y arriesgada. El equipo decidió adelantarse. El 17 de abril de 2026, los ingenieros del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) en el sur de California apagaron el instrumento de Partículas Cargadas de Baja Energía (LECP), que había funcionado casi sin interrupción desde el lanzamiento.

"Apagar un instrumento científico no es la opción que nadie querría, pero es la mejor disponible", dijo Kareem Badaruddin, gerente de la misión Voyager en el JPL.

No fue una decisión improvisada. Hace años, los equipos de ciencia e ingeniería se sentaron a acordar el orden en que irían apagando partes de la nave sin matar la ciencia que todavía puede hacer. Antes del LECP, en febrero de 2025 ya habían apagado el subsistema de rayos cósmicos. Con eso, a la Voyager 1 le quedan dos instrumentos científicos encendidos.

Dos sentidos para seguir midiendo lo que nadie más alcanza

Esos dos instrumentos no son un descarte. El magnetómetro mide el campo magnético alrededor de la sonda; el subsistema de ondas de plasma escucha las ondas del gas ionizado que revelan su densidad y su comportamiento. Juntos permiten seguir tomando el pulso a un entorno que ninguna otra nave en operación alcanza desde la Tierra.

"A la Voyager 1 le quedan dos instrumentos científicos en operación: uno que escucha las ondas de plasma y otro que mide los campos magnéticos. Siguen funcionando de maravilla, enviando datos desde una región del espacio que ninguna otra nave construida por el ser humano ha explorado. El equipo se mantiene enfocado en mantener ambas Voyager en marcha el mayor tiempo posible", señaló Badaruddin.

Ese matiz cambia el peso de la noticia: la Voyager 1 envejece en un lugar científicamente único, donde cada medición es irrepetible. Cada año extra de operación alarga el primer registro directo de cómo es el espacio más allá de la burbuja del Sol.

Un plan llamado "Big Bang" para estirar la señal

La NASA tampoco se ha rendido con la parte técnica. El equipo prepara una maniobra que llama de manera informal el "Big Bang": cambiar de golpe un conjunto de componentes energizados por alternativas de menor consumo. Lo probará primero en la Voyager 2, que tiene algo más de energía de sobra y está más cerca, con ensayos previstos para mayo y junio de 2026; si salen bien, repetirá el procedimiento en la Voyager 1 no antes de julio. Si funciona, incluso cabría volver a encender el LECP. La meta declarada es mantener al menos un instrumento operando en cada nave hasta entrada la década de 2030.

Todo esto ocurre a un ritmo ajeno a cualquier ingeniero terrestre. Como la Voyager 1 está a más de 25.000 millones de kilómetros (unas 172 unidades astronómicas), hoy una señal tarda más de 23 horas en llegar en un solo sentido, y el enlace de datos se cuenta del orden de cien bits por segundo. Las órdenes viajan por la Red del Espacio Profundo, las grandes antenas de la NASA, con ventanas de comunicación limitadas y muy disputadas. No hay repuestos ni misiones de reparación: cuando algo falla, se arregla a distancia o no se arregla. Ya pasó a finales de 2023, cuando la sonda empezó a mandar datos ilegibles por un chip de memoria dañado; la NASA reescribió y reubicó el código afectado, cada comando tardaba casi un día en llegar, y recuperó los datos científicos en 2024.

Preguntas rápidas sobre la Voyager 1

¿Cuándo llega la Voyager 1 a un día luz de la Tierra?

Según la página de estado de la misión de la NASA, ocurrirá el 18 de noviembre de 2026: será el primer objeto humano a un día luz, unos 25.900 millones de kilómetros. Desde esa distancia, una señal de radio a la velocidad de la luz tardará 24 horas en llegar.

¿Sigue funcionando la Voyager 1 en 2026?

Sí. Casi 49 años después de su lanzamiento en 1977, sigue transmitiendo desde el espacio interestelar, aunque con energía muy reducida. La NASA apagó su instrumento LECP el 17 de abril de 2026 y hoy conserva dos instrumentos activos: el magnetómetro y el subsistema de ondas de plasma.

¿Por qué la NASA está apagando la Voyager 1?

Por energía, no por una avería. Su generador nuclear de plutonio-238 pierde cerca de 4 vatios al año, así que los ingenieros apagan instrumentos y calefactores uno a uno para estirar la señal. Cada apagado es permanente y sigue un orden acordado hace años por el equipo.

¿Cuándo dejará de transmitir la Voyager 1?

No hay fecha exacta; el límite es la energía, no la distancia. La NASA espera mantener al menos un instrumento operando en cada Voyager hasta entrada la década de 2030, y prepara un cambio a componentes de bajo consumo (que llama 'Big Bang') para lograrlo.

La Voyager 1 seguirá alejándose lleve o no instrumentos encendidos, con su disco de oro a bordo, el mensaje de sonidos e imágenes de la Tierra que un comité dirigido por Carl Sagan preparó para quien algún día la encuentre. Su marca del 18 de noviembre no cambia la física ni acerca ninguna estrella; recuerda algo más terrenal. La máquina más lejana que hemos construido se apaga en cámara lenta, según un calendario que unos ingenieros fijaron hace años, y cuando enmudezca no habrá nada más allá tomando esas mediciones por nosotros.

Fuentes: 1, 2, 3

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