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La 'medusa espacial' en Florida fue el vuelo récord 36 del Falcon 9 de SpaceX

La medusa espacial sobre Florida fue un Falcon 9 en su vuelo 36, nuevo récord de reutilización de SpaceX.

por Dilis Salazar
La 'medusa espacial' en Florida fue el vuelo récord 36 del Falcon 9 de SpaceX
Photo by Daniel Lincoln / Unsplash

TL;DR:

  • El lanzamiento del 9 de julio desde Cabo Cañaveral dejó la "medusa espacial" sobre Florida y el sureste de Estados Unidos.
  • El propulsor B1067 voló por 36ª vez, la mayor cifra de reúso de SpaceX y a tres vuelos del récord histórico del transbordador Discovery (39).
  • Fue el lanzamiento 80 de Falcon 9 en 2026; días antes, otro cohete probó fabricar semiconductores en el vacío del espacio.

La "medusa espacial" que muchos vieron flotar sobre Florida antes del amanecer del jueves 9 de julio de 2026 no fue un ovni ni un fenómeno atmosférico raro. Fue la estela de un cohete Falcon 9 de SpaceX que acababa de despegar desde Cabo Cañaveral a las 5:25 a.m., hora del este. Y ese cohete estaba haciendo historia: su propulsor voló por 36ª vez, más que cualquier otro Falcon 9 hasta la fecha, en una misión que sumó 29 satélites Starlink a la órbita terrestre baja. El brillo se vio en buena parte del estado y del sureste de Estados Unidos. Detrás de esa nube luminosa hay una historia de récords de reúso y de lanzamientos tan seguidos que las medusas en el cielo ya casi son rutina.

Por qué el cielo se convirtió en una medusa

Todo se reduce a la hora y a la luz. El despegue ocurrió cuando en tierra todavía era de noche, pero el Sol ya iluminaba las capas altas de la atmósfera. Al subir, el cohete deja una estela de gases que se expande en el aire delgado de gran altitud. Cuando esos gases alcanzan la zona ya bañada por el Sol, se iluminan y forman una nube con forma de bulbo y filamentos que parecen tentáculos. Desde abajo, se ve casi de otro mundo. Así lo explicó Candace Campos, meteoróloga en jefe de la estación WKMG en Orlando, que recibió decenas de fotos de vecinos desde Sanford hasta Cocoa Beach.

El fenómeno tiene nombre propio en inglés, "space jellyfish", y aparece solo en una ventana estrecha: despegues poco antes del amanecer o justo después del atardecer. No es exclusivo de Florida. Los lanzamientos desde la Base Vandenberg, en California, han pintado la misma medusa en cielos del sur de California e incluso de Baja California, así que en el noroeste de México el espectáculo no es del todo desconocido.

Un cohete a tres vuelos de igualar al transbordador Discovery

El protagonista tiene nombre técnico: B1067. Empezó a volar en junio de 2021 con una misión de carga para la NASA y, desde entonces, llevó al espacio a las tripulaciones Crew-3 y Crew-4 y 24 tandas de satélites Starlink. El vuelo del 9 de julio fue el número 36 de ese mismo propulsor, la cifra de reúso más alta de toda la flota de Falcon 9.

Para dimensionarlo conviene un punto de comparación. El récord histórico de vuelos al espacio de un mismo vehículo lo tiene el transbordador Discovery de la NASA, con 39. Un solo propulsor de SpaceX ya está a tres viajes de esa marca. Unos ocho minutos y medio después del despegue, B1067 aterrizó en la barcaza A Shortfall of Gravitas, en el Atlántico. De acuerdo con Spaceflight Now, fue el aterrizaje número 160 de esa embarcación y el 635 de un propulsor de SpaceX en total.

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El propulsor B1067 acumula 36 despegues y regresos desde junio de 2021. El único vehículo que ha volado más veces al espacio es el transbordador Discovery de la NASA, con 39. SpaceX aún reutiliza el mismo cohete que estrenó con una misión de carga para la agencia.

El ritmo de lanzamientos que volvió rutina el espectáculo

La medusa del 9 de julio no fue un evento aislado, y ese es el dato que más pesa. Según Space.com, ese despegue fue el lanzamiento número 80 de un Falcon 9 en lo que va de 2026, y cerca del 80 % de esos vuelos se han dedicado a ampliar Starlink, la mayor red de satélites jamás construida. Hoy la constelación supera los 10,700 satélites activos, según el rastreador Jonathan McDowell, y crece con cada misión.

Ese ritmo explica por qué estas nubes brillantes aparecen cada vez más seguido sobre Florida, California y las regiones vecinas: mientras más despegues al amanecer o al atardecer, más medusas en el cielo.

Algunos de esos cohetes ya cargan mini fábricas de chips

Aquí la historia se pone rara. Unos días antes, el domingo 5 de julio, otro Falcon 9 despegó de Cabo Cañaveral con 29 satélites Starlink y una carga poco común: dos pequeñas plantas de fabricación de semiconductores montadas en el propulsor. Las construye Besxar Space Industries, una startup con sede en Washington D. C., y las llama Fabships. En octubre de 2025, la empresa reveló que había reservado 12 vuelos en Falcon 9 para probarlas.

La idea es usar el vacío del espacio para producir sustratos ultrapuros, la base de los chips que mueven casi toda la electrónica moderna. Los modelos de prueba, del tamaño de un horno de microondas, viajan en el propulsor durante un vuelo suborbital de unos ocho minutos. El cohete cruza la línea de Kármán, a 100 kilómetros de altura, y alcanza cerca de 115 antes de caer de vuelta y aterrizar en el mar.

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Photo by Taylor Vick / Unsplash

Ashley Pilipiszyn, fundadora y CEO de Besxar y ex integrante de OpenAI en sus primeros años, ató el proyecto directamente al auge de la inteligencia artificial:

"Estamos llegando al límite de lo que se puede construir en la Tierra. Los centros de datos de IA se topan con los límites de energía y enfriamiento, el silicio se acerca a su frontera física, y las plantas de fabricación no logran el vacío ni los rendimientos que exigen los materiales de próxima generación."

Por ahora el objetivo es más modesto que fabricar chips en serie allá arriba. Los primeros Fabships llevan obleas hechas en la Tierra para ver si aguantan el viaje. Pilipiszyn lo comparó, en el pódcast Manifest Space de CNBC, con un reto clásico:

"Puedes pensarlo como el reto definitivo de dejar caer un huevo sin que se rompa. Queremos asegurarnos no solo de poder llevar las obleas al espacio y fabricar ahí, sino también de traerlas de vuelta sin fracturas ni daños de ese tipo."

La apuesta tiene respaldo de peso. Besxar entró al programa Inception de Nvidia para startups, y SpaceX figura entre sus inversionistas. Su argumento es que la cadencia constante de despegues y reentradas les permite iterar más rápido y convertir el espacio en una extensión de la cadena de suministro de semiconductores de Estados Unidos.

Por ahora, lo que verá la mayoría seguirá siendo la parte bonita: una medusa de luz colgada del cielo al amanecer. Pero cada una de esas estelas marca un cohete que ya voló decenas de veces y que, en algunos casos, carga el primer intento serio de mudar parte de la industria del chip fuera del planeta. El espectáculo es gratis; lo que se juega arriba, no tanto.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Dilis Salazar

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