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Captan por primera vez a un pez ojo de barril vivo en el fondo del Atlántico

Una expedición en el Atlántico filmó vivo al pez ojo de barril y halló dos campos hidrotermales a 4,000 metros.

por Dilis Salazar
Image courtesy of ROV SuBastian/Schmidt Ocean Institute

TL;DR:

  • Una expedición de MBARI y el Schmidt Ocean Institute filmó vivo por primera vez al pez ojo de barril Winteria telescopa, a 710 metros en la zona de fractura de los Doldrums.
  • El equipo halló además dos campos de fuentes hidrotermales cerca de 4,000 metros; el primero reúne 23 chimeneas, 13 activas, con fluidos de hasta 280 grados Celsius.
  • Los sistemas ligados a la serpentinización muestran cómo florece la vida sin luz solar y ofrecen pistas para buscarla en lunas como Europa y Encélado.

Un equipo internacional de científicos, liderado por el Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey (MBARI) y el Schmidt Ocean Institute, filmó vivo por primera vez en su hábitat natural a un pez ojo de barril de la especie Winteria telescopa, uno de los animales más extraños del océano profundo. La grabación ocurrió a 710 metros bajo la superficie del Atlántico, durante una expedición de 35 días que además dio con dos campos de fuentes hidrotermales nunca antes vistos cerca de los 4,000 metros de profundidad. El hallazgo, anunciado el 7 de julio de 2026, ilumina la zona de fractura de los Doldrums, uno de los rincones menos explorados del planeta, y los ecosistemas que sobreviven ahí sin una sola gota de luz solar.

El pez ojo de barril lleva décadas intrigando a los biólogos por un motivo simple: casi nunca se le ve como es en realidad. Su cabeza es transparente y está llena de líquido; dentro flotan dos ojos tubulares que giran para mirar hacia arriba y detectar presas a contraluz. Ese domo es tan frágil que se rompe apenas el animal sale del agua, y por eso durante mucho tiempo los científicos ni siquiera sabían que existía. Verlo con vida, en su entorno, es la única forma de entender cómo funciona esa rareza. Según el Schmidt Ocean Institute, Winteria telescopa jamás había sido grabada antes en su medio natural.

A group of glowing jellyfish in dark water
Photo by Cody Chan / Unsplash

Dos campos hidrotermales, 23 chimeneas y agua a 280 grados

El verdadero premio de la expedición estaba en el fondo. A bordo del buque de investigación Falkor (too), el equipo halló dos campos de fuentes hidrotermales, los primeros documentados en la zona de fractura de los Doldrums. Son grietas por donde el calor y las sustancias químicas del interior de la Tierra escapan al mar y sostienen ecosistemas enteros lejos del alcance del sol.

En el primer campo, del tamaño aproximado de 14 canchas de futbol, la escena era intensa. El equipo documentó:

  • 23 fuentes hidrotermales, 13 de ellas con chimeneas de "fumarolas negras" todavía activas.
  • Estructuras en distintas etapas de vida, desde formaciones maduras hasta chimeneas jóvenes apenas en formación.
  • Fluidos sobrecalentados de hasta 280 grados Celsius (536 Fahrenheit) saliendo entre las rocas.
  • Anémonas, cangrejos, mejillones Bathymodiolus y camarones Rimicaris alimentados por bacterias que convierten esos químicos tóxicos en energía.
"Nuestra expedición a los Doldrums demostró que las fallas transformantes y las zonas de fractura oceánicas no son simples rasgos tectónicos en el fondo marino, sino sistemas dinámicos capaces de albergar circulación activa de fluidos, emisiones hidrotermales, formación de minerales y ecosistemas prósperos", explicó Aaron Micallef, científico principal de la expedición y geólogo marino de MBARI.

El segundo campo apareció casi al final, en la última inmersión del vehículo operado a control remoto SuBastian. Es más pequeño y débil que el primero, y está a 170 kilómetros de distancia. Los investigadores encontraron señales de circulación de fluidos a lo largo de fallas y grietas en todas sus inmersiones, un indicio de que estos sistemas mueven agua de mar hacia la corteza oceánica y la devuelven al océano mucho más de lo que se pensaba.

La química rara que conecta el fondo del mar con Europa y Encélado

Lo que vuelve especiales a estos campos es su "plomería" híbrida: combinan el volcanismo típico de las fuentes hidrotermales con un proceso llamado serpentinización. La serpentinización es una reacción química que ocurre cuando el agua de mar entra en contacto con rocas del manto terrestre y libera hidrógeno y otros compuestos capaces de alimentar vida microbiana sin luz solar. En el mundo solo se conocen unos pocos campos de este tipo, entre ellos el célebre campo hidrotermal Lost City.

Ese detalle es el que entusiasma a los astrobiólogos. La misma química podría estar operando bajo el hielo de lunas como Europa (de Júpiter) y Encélado (de Saturno), donde se sospecha que hay océanos. Entender cómo prospera la vida en los Doldrums ayuda a saber dónde y cómo buscarla fuera de la Tierra.

"La serpentinización es un proceso en el que el agua de mar reacciona con los minerales de las rocas y produce calor y energía química que permiten que la vida prospere en el océano profundo sin luz solar, así que entender mejor estos sistemas podría dar pistas para encontrar vida en otros planetas", dijo Jyotika Virmani, directora ejecutiva del Schmidt Ocean Institute.

Un sonar, un robot nuevo y una pista de 2013

Encontrar algo tan diminuto en semejante inmensidad no fue casualidad. El equipo usó el sonar del Falkor (too) para mapear la región y luego lanzó un vehículo submarino autónomo estrenado en esta misión, The Childlike Empress, que levantó mapas del fondo con resolución de un metro y midió la química y la claridad del agua. Según Virmani, el robot cartografió casi 147 kilómetros cuadrados en su primera salida científica. Cuando esos datos revelaron anomalías químicas y agua turbia, entró en escena el ROV SuBastian para explorar y tomar muestras.

Hubo también una pista de años atrás: el Servicio Geológico de Brasil compartió la ubicación de una anomalía en la química del agua detectada en la región en 2013, lo que ayudó a afinar la búsqueda. El resultado fue un salto veloz desde una hipótesis geológica amplia hasta el descubrimiento y muestreo de fuentes activas.

El pez ojo de barril no fue el único encuentro memorable. A 3,634 metros, mucho más abajo, el equipo se topó dos veces con un calamar de aletas grandes del género Magnapinna, el calamar que vive a mayor profundidad conocido, con tentáculos que llegan a medir hasta ocho metros.

El equipo tuvo un fuerte acento latinoamericano, con investigadores de Colombia y Brasil entre sus filas. Para la posdoctoranda Olívia Soares Pereira, exploradora de National Geographic, el viaje dejó más preguntas que respuestas: cómo se conectan las comunidades de los Doldrums con las de la vecina dorsal mesoatlántica, o cómo colonizan los animales el fondo rocoso recién expuesto. Son hábitats que la ciencia había pasado por alto, dice, y que ahora prometen sorpresas.

"Llegamos buscando fuentes, fallas y montes submarinos. Nos vamos con algo aún más valioso: una comprensión más profunda de los ecosistemas de una de las regiones menos exploradas del Atlántico", señaló Paula Zapata Ramírez, de la Universidad Pontificia Bolivariana de Colombia. "Cada muestra, cada imagen y cada descubrimiento nos acerca un paso más a entender las partes ocultas de nuestro planeta."

Preguntas rápidas sobre la expedición a los Doldrums

¿Qué es el pez ojo de barril?

Es un pez de aguas profundas conocido por su cabeza transparente y llena de líquido y por sus ojos tubulares, que giran hacia arriba para detectar presas. La especie filmada viva por primera vez en su hábitat fue Winteria telescopa, según el Schmidt Ocean Institute.

¿Qué es la serpentinización?

Es una reacción química entre el agua de mar y minerales de rocas del manto terrestre que libera hidrógeno y energía. Esa energía permite que prosperen ecosistemas sin luz solar, y por eso interesa a quienes buscan vida en lunas heladas como Europa y Encélado.

¿Dónde está la zona de fractura de los Doldrums?

Es un sistema de fallas de unos 600 kilómetros en el Atlántico, al norte del ecuador y a cerca de 1,300 kilómetros de la costa noreste de Brasil. Cruza la dorsal mesoatlántica, la cordillera más larga del planeta, y estaba muy poco estudiado.

Los estudios científicos con el detalle completo aún no se publican, pero el saldo de la expedición ya dice algo incómodo y a la vez emocionante: el mapa del océano sigue casi en blanco. Una zona estudiada durante décadas escondía dos campos hidrotermales y un pez que nadie había visto nunca con vida. El fondo del Atlántico todavía guarda mucho por mostrar, y para verlo hay que seguir bajando.

Fuentes: 1, 2

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por Dilis Salazar

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