TL;DR:
- Un estudio publicado el 3 de julio de 2026 en Science Advances reinterpreta el comportamiento del Homo floresiensis a partir de las marcas en huesos de un elefante enano.
- Los investigadores contaron 54 marcas de corte humanas frente a casi el doble de mordeduras de dragón de Komodo, concentradas estas últimas en las zonas con más carne.
- Sin caza mayor ni fuego, el hallazgo reabre la pregunta de a qué ancestro pertenece realmente la especie.
Durante décadas, el Homo floresiensis cargó con una imagen heroica: un humano diminuto capaz de cazar elefantes enanos y dominar el fuego pese a su pequeño cerebro. Un estudio publicado el 3 de julio de 2026 en la revista Science Advances desmonta buena parte de ese retrato. Tras analizar miles de huesos hallados en la cueva de Liang Bua, en la isla indonesia de Flores, el equipo concluye que el apodado "hobbit" no era un cazador, sino un carroñero que aprovechaba las sobras que dejaban los dragones de Komodo tras devorar a elefantes enanos. La carne, además, se la comía cruda. El hallazgo importa porque toca a una de las especies más enigmáticas del árbol humano y revive una vieja pregunta sobre de qué ancestro desciende.
Los dragones de Komodo se servían primero
En la Flores de hace decenas de miles de años convivían gigantes y enanos. Cigüeñas y ratas alcanzaban tamaños descomunales mientras otras especies encogían. Entre ellas estaban el Stegodon florensis insularis, un pariente enano de los elefantes que no superaba el metro y medio de altura, y los propios "hobbits", de alrededor de un metro. El único otro carnívoro de la isla era el dragón de Komodo (Varanus komodoensis), un reptil venenoso de hasta tres metros que dominaba el terreno.
Ahí está la clave del nuevo trabajo. Según el estudio, liderado por la paleoantropóloga E. Grace Veatch, los dragones tenían acceso primario a las presas y Homo floresiensis solo llegaba después, cuando ya quedaba poco. Y ese "poco" era muy poco.
"Los dragones de Komodo suelen consumir casi todos los tejidos blandos comestibles de sus presas, y a veces dejan tan solo alrededor del 12 % del cadáver."
Así lo explica Mika Rizki Puspaningrum, paleontóloga de vertebrados del Instituto Tecnológico de Bandung, en Indonesia, ajena al estudio. Lo que queda, apunta, suele ser piel, hueso y algún órgano interno, lo que abre la duda de cuánta carne aprovechable llegaba de verdad a los "hobbits".
La prueba: una cabra, un dragón y un zoológico
¿Cómo distinguir la mordida de un dragón del corte de una herramienta de piedra? El equipo lo resolvió con un experimento. Le dieron el cadáver de una cabra a un dragón de Komodo en cautiverio en el zoológico de Atlanta y luego recuperaron el esqueleto para documentar, hueso por hueso, cada marca, hoyo y surco que dejaron sus dientes. El patrón fue claro: las mordeduras se concentraban en las zonas con más carne.
Con ese mapa, los investigadores revisaron más de 3,000 fragmentos de huesos antiguos de Stegodon procedentes de Liang Bua, con una antigüedad de entre 190,000 y 50,000 años. Encontraron 54 marcas de corte atribuibles a herramientas humanas y casi el doble de mordeduras de dragón. Pero el detalle decisivo fue la ubicación: las mordeduras de Komodo caían sobre las partes carnosas, mientras que los cortes humanos aparecían sobre todo donde apenas había carne. Es justo lo contrario de lo que se esperaría de un cazador que descuartiza a su presa.
Los patrones apuntan, según el estudio, a un acceso primario de los dragones y un acceso secundario de Homo floresiensis a los mismos cadáveres. Dicho de otra forma, el "hobbit" llegaba tarde a la comida. Y como no hallaron señales de cocción en los huesos, los autores creen que esa carne se comía cruda.
El fuego tampoco aparece
La otra gran capacidad que se le atribuía era el dominio del fuego. También se cae. El equipo examinó miles de huesos de roedores esparcidos por el suelo de la cueva, que habrían quedado expuestos a cualquier fogata. Ninguno estaba chamuscado. Es más, lo que en su día se leyó como restos quemados sería en realidad una mancha natural de manganeso, no la huella de una hoguera.
Sin caza mayor y sin fuego, el retrato del Homo floresiensis como un homínido de comportamiento sofisticado se desinfla. Y eso empuja la historia hacia un terreno más interesante que el de corregir un dato.
Un enigma evolutivo que se vuelve más profundo
Si los "hobbits" no cazaban ni cocinaban, quizá nunca aprendieron a hacerlo. Esa es la lectura que propone Veatch.
"Creo que nuestro estudio subraya la importancia de tener en cuenta el comportamiento en estos debates. Sugiere que Homo floresiensis evolucionó a partir de una población de homínidos que no requería estas estrategias alimentarias (la caza y la cocción), como una forma temprana de Homo."
La duda de fondo es de quién desciende la especie. Una hipótesis clásica es el enanismo insular: un animal grande, aislado y con pocos recursos, encoge generación tras generación. Es la idea que sostenía que el "hobbit" era una versión miniaturizada del Homo erectus. La otra posibilidad, que este estudio refuerza, es que descendiera de un homínido más primitivo y ya de por sí pequeño, anterior a esos avances.
El matiz no es menor, porque quienes firman el trabajo no son ajenos al yacimiento. Entre los autores están investigadores que excavaron Liang Bua, como Thomas Sutikna y Jatmiko, junto al especialista en Homo floresiensis Matthew Tocheri. No es un ataque externo al descubrimiento, sino el propio campo afinando su interpretación con mejores herramientas.
El arqueólogo Adam Brumm, de la Universidad Griffith en Australia y ajeno al estudio, resumió por qué Flores desconcierta tanto: la llamó un "comodín" en la historia de la evolución humana temprana, un lugar donde casi cualquier cosa pudo pasar, incluida la pérdida de conductas tan arraigadas como la caza y el uso del fuego.
Preguntas rápidas sobre el Homo floresiensis
¿De qué se alimentaba el Homo floresiensis?
Según el estudio publicado en Science Advances el 3 de julio de 2026, el 'hobbit' era carroñero: aprovechaba las sobras de carne, probablemente cruda, que dejaban los dragones de Komodo tras devorar a elefantes enanos. No hay pruebas de que cazara presas grandes por su cuenta.
¿El 'hobbit' de Flores usaba fuego?
El equipo no encontró huesos de roedores quemados en la cueva de Liang Bua. Lo que antes se interpretó como restos chamuscados sería una mancha natural de manganeso. Por eso los autores concluyen que no hay evidencia de que Homo floresiensis controlara el fuego.
¿Cuándo se extinguió el Homo floresiensis?
Desapareció hace unos 50,000 años, cuando el Homo sapiens empezaba a expandirse por el sudeste asiático. Había habitado la isla de Flores durante cientos de miles de años. Este estudio no analiza las causas de su extinción, sino su dieta y su comportamiento.
Reescribir al "hobbit" como un carroñero que comía carne cruda no lo hace menos interesante; lo vuelve más extraño y más difícil de encasillar. Cada capacidad "humana" que la ciencia le retira agranda la misma duda: cuántas formas distintas de ser humano existieron en el planeta, y de cuántas seguimos sin saber casi nada.