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Euclid halla los dos cuásares más antiguos jamás vistos y agranda un enigma cósmico

Euclid detectó 31 cuásares del universo primitivo; dos son los más antiguos jamás observados.

por Dilis Salazar
Euclid halla los dos cuásares más antiguos jamás vistos y agranda un enigma cósmico

TL;DR:

  • El telescopio espacial Euclid, de la ESA con apoyo de la NASA, detectó 31 cuásares del universo primitivo.
  • Dos son los más antiguos jamás observados: existían unos 670 millones de años después del Big Bang, cuando el cosmos tenía apenas el 5% de su edad actual.
  • El hallazgo elevó de 9 a 23 los cuásares conocidos a esa distancia y reaviva la pregunta de cómo crecieron tan rápido sus agujeros negros.

El telescopio espacial Euclid, de la Agencia Espacial Europea (ESA) con participación de la NASA, detectó 31 cuásares que ya brillaban cuando el universo tenía entre 600 y 800 millones de años, apenas el 5% de su edad actual. Dos de ellos son los más antiguos y lejanos jamás observados: su luz viajó cerca de 13.000 millones de años hasta llegar a la Tierra. El equipo, encabezado por Daming Yang, del Observatorio de Leiden, publicó los resultados el 6 de julio de 2026 en la revista Astronomy & Astrophysics. El hallazgo importa porque estos faros primitivos, alimentados por agujeros negros supermasivos, tensionan uno de los mayores enigmas de la astrofísica: cómo esos objetos alcanzaron miles de millones de veces la masa del Sol tan poco después del Big Bang.

Un cuásar es un objeto extremadamente luminoso que se enciende cuando enormes cantidades de gas y polvo caen hacia el agujero negro supermasivo del centro de una galaxia. La gravedad y la fricción calientan ese material a millones de grados y liberan tanta energía que el cuásar llega a brillar más que todas las estrellas de su galaxia juntas. Según Space.com, el más antiguo de los recién hallados resplandece con una luz comparable a la de un billón de soles. El problema es que, a distancias tan enormes, esa luz llega debilísima y se confunde con la de estrellas mucho más cercanas, así que cazar los cuásares primitivos ha tomado décadas.

De 9 a 23 cuásares en el amanecer del cosmos

De los 31 cuásares, 12 existían cuando el universo rondaba los 770 millones de años. Los dos que rompen todos los registros, catalogados como EUCL J172902.75+641018.1 y EUCL J125308.55+705432.3, se remontan a unos 670 millones de años después del Big Bang. El primero es el nuevo campeón de distancia: supera la marca anterior por 15 millones de años, según la Universidad de Arizona, cuyos astrónomos participaron en el estudio. Hasta ahora solo se habían confirmado nueve cuásares más allá del llamado corrimiento al rojo siete (aquellos cuya luz tardó casi 13.000 millones de años en llegar); ahora son 23.

Antonio La Marca, investigador de la ESA en el equipo de Euclid, resumió el salto:

«Este hallazgo más que duplica el número de cuásares tan antiguos que conocíamos. Por primera vez, el equipo de Euclid hizo un verdadero "censo" de cuásares en los albores del universo. Es un gran paso para entender estos fascinantes objetos a un nivel más fundamental.»

Esos objetos alumbran una etapa clave: la época de reionización, cuando las primeras estrellas y galaxias ionizaron la niebla de hidrógeno neutro que llenaba el cosmos y las "edades oscuras" llegaron a su fin. Para Valeria Pettorino, científica del proyecto Euclid en la ESA, los cuásares antiguos funcionan como "máquinas del tiempo" que permiten explorar el universo temprano y entender cómo se formó la primera generación de galaxias.

El enigma que estos cuásares vuelven más grande

Nadie sabe con certeza cómo agujeros negros con la masa de miles de millones de soles pudieron ensamblarse en apenas unos cientos de millones de años tras el Big Bang. Tampoco está claro cómo influyeron en la reionización ni cómo eran las galaxias que los albergaban. Encontrar más ejemplares, y a distancias todavía mayores, es por ahora la única forma de responder.

Daming Yang, estudiante de doctorado en el Observatorio de Leiden y primer autor del trabajo, lo planteó sin rodeos:

«Estos primeros cuásares se remontan a la infancia del universo. Al encontrarlos y estudiarlos, podemos entender mejor cómo se formaron y crecieron tan rápido estos enormes sistemas, uno de los mayores misterios de la astrofísica.»

El hallazgo aporta algo más que números. Como explicó Xiaohui Fan, profesor de astronomía en el Observatorio Steward de la Universidad de Arizona, estos cuásares son más tenues y menos luminosos, y albergan agujeros negros de menor masa que los detectados en búsquedas anteriores. Ver esa población más débil, y no solo los ejemplares más brillantes, es lo que permite estudiarlos como grupo y no como rarezas sueltas.

Chile, Hawái y Arizona pusieron la prueba final

El método combinó dos mundos. Primero, algoritmos de aprendizaje automático rastrearon las imágenes ópticas e infrarrojas de Euclid en busca de las firmas típicas de un cuásar lejano. Después vino la confirmación desde tierra: los espectros se obtuvieron con el Observatorio Keck, en Hawái; los telescopios Magellan, en Chile; y el Gran Telescopio Binocular (LBT), en Arizona. Sin ese trabajo de los grandes observatorios terrestres, los candidatos no habrían pasado de simples sospechas.

A large dome with a star filled sky in the background
Photo by Ahmed Atef / Unsplash
«Estamos llegando al límite de lo que pueden darnos las observaciones desde tierra. Tenemos que mirar muy profundo y cubrir mucho cielo, porque estos objetos son raros. Euclid nos permite encontrarlos, pero para lograr la resolución espectroscópica necesaria tenemos que recurrir a observatorios terrestres como el LBT y Magellan», dijo Fan.

El siguiente paso ya dejó una pista. Silvia Belladitta, investigadora del Instituto Max Planck de Astronomía en Alemania, dirige un primer estudio de seguimiento y adelantó que el segundo cuásar más antiguo está inmerso en una galaxia polvorienta y cargada de gas que fabrica estrellas a toda velocidad, un anticipo de cómo sería el hogar de uno de los primeros agujeros negros supermasivos. Con solo año y medio de datos de Euclid en la mano, el equipo espera que el sondeo completo, de seis años, revele cientos de cuásares lejanos más, incluidos los primeros con corrimiento al rojo superior a ocho. La próxima entrega de datos llegará a finales de 2026.

Preguntas rápidas sobre los cuásares de Euclid

¿Qué es un cuásar?

Un cuásar es un objeto muy brillante que aparece cuando gas y polvo caen hacia el agujero negro supermasivo del centro de una galaxia. La fricción y la gravedad calientan ese material a millones de grados y liberan tanta energía que el cuásar puede superar la luz de todas las estrellas de su galaxia.

¿Qué descubrió el telescopio Euclid?

El telescopio Euclid, de la ESA con apoyo de la NASA, detectó 31 cuásares del universo primitivo. Dos son los más antiguos jamás observados: existían unos 670 millones de años después del Big Bang. Los resultados se publicaron el 6 de julio de 2026 en la revista Astronomy & Astrophysics.

¿Por qué son un misterio para la ciencia?

Nadie sabe con certeza cómo agujeros negros con la masa de miles de millones de soles pudieron formarse en apenas unos cientos de millones de años tras el Big Bang. Antes de este trabajo solo se conocían nueve cuásares más allá del corrimiento al rojo siete; ahora son 23.

¿Cuándo habrá más datos de Euclid?

La próxima entrega de datos de Euclid está prevista para finales de 2026. El sondeo completo, de seis años, debería revelar cientos de cuásares lejanos más, incluidos los primeros con corrimiento al rojo mayor a ocho, y aportar pistas sobre la materia y la energía oscuras hacia 2027.

Por ahora, Euclid convirtió una lista de nueve cuásares en un catálogo de 23 y dejó a los teóricos frente a un reloj incómodo: esos agujeros negros gigantes ya existían, y las cuentas no cuadran con el poco tiempo que tuvieron para engordar. La entrega de datos de finales de 2026 pondrá a prueba las explicaciones que hoy compiten por resolver el enigma.

Fuentes: 1, 2, 3

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