TL;DR:
- Un equipo internacional encabezado por el Museo Americano de Historia Natural analizó más de 100 fósiles de Spriggina floundersi, de hace unos 550 millones de años, en el sur de Australia.
- Cerca del doble de los ejemplares se curvan hacia un lado que hacia el otro, lo que equivale a un giro a la derecha en vida; la desviación es estadísticamente significativa (p = 0.0017).
- Es la evidencia más antigua conocida de lateralidad animal y apunta a un sistema nervioso más complejo de lo que se creía para el periodo Ediacárico.
Un animal marino de cuerpo blando que reptaba por el fondo del mar hace unos 550 millones de años dejó el rastro más antiguo que se conozca de un gesto muy familiar: la preferencia por girar siempre hacia el mismo lado. Se llama Spriggina floundersi, medía pocos centímetros y vivió durante el periodo Ediacárico, mucho antes de los dinosaurios y de los primeros humanos. Un equipo internacional encabezado por el Museo Americano de Historia Natural (AMNH) analizó más de 100 fósiles hallados en el sur de Australia y encontró que cerca del doble se doblan hacia un lado que hacia el contrario. Como estos fósiles conservan una impresión en espejo del animal, ese patrón indica que Spriggina prefería girar a la derecha en vida. El trabajo, publicado en Scientific Reports, corre el origen de la lateralidad animal cientos de millones de años hacia atrás.
Spriggina es una de las estrellas de la llamada fauna de Ediacara, el conjunto de organismos de cuerpo blando que pobló los mares hace entre 635 y 538 millones de años, cuando la vida animal apenas empezaba. No medía más de 10 centímetros, y la mayoría de los ejemplares apenas dos o tres. Es el fósil oficial del estado de Australia del Sur y lleva el nombre del geólogo Reg Sprigg, que reconoció estos restos en el interior australiano hace más de 75 años. Los primeros ejemplares se describieron en 1958.
Su cuerpo era un óvalo aplanado y segmentado que terminaba en punta por un extremo y, por el otro, en una estructura ancha y curva, a veces comparada con una herradura. Esa "cabeza" hace que se la describa a menudo como uno de los primeros animales con una parte delantera diferenciada. Además, Spriggina tenía simetría bilateral: un frente y una parte trasera, un lado izquierdo y uno derecho, una cara de arriba y otra de abajo. Es el mismo plan corporal que compartimos los humanos y casi todos los animales de hoy, y es justo esa organización la que abre la puerta a que un lado se imponga sobre el otro.
Nada de esto tiene que ver con manos. Scott Evans, autor principal del estudio y curador adjunto de paleontología de invertebrados del AMNH, lo plantea en términos cotidianos:
"Cuando hablamos de ser diestro o zurdo, la mayoría de la gente piensa en cómo sostiene un lápiz o patea un balón de fútbol. Pero nuestra investigación muestra que un animal sin manos ni pies, que vivió hace más de 500 millones de años, pudo haber tenido su propia versión de la lateralidad."
Cómo se lee el giro de un animal en una roca de 550 millones de años
La respuesta está en cómo se formaron estos fósiles. En Nilpena Ediacara National Park, en la vertiente occidental de la cordillera Flinders, tormentas submarinas enterraron comunidades enteras del fondo marino bajo una capa de arena fina. Ese sepultamiento repentino congeló la escena tal como estaba, como una fotografía instantánea del lecho marino, con cada animal en su posición original.
Al medir la forma de más de 100 ejemplares, el equipo notó algo extraño: cerca del doble se curvaban hacia la izquierda. Y ahí está la clave. Estos fósiles no son el animal, sino su molde en negativo, una imagen en espejo. Una curva a la izquierda en la roca corresponde a un animal que se dobló hacia la derecha cuando estaba vivo. Una prueba estadística confirma que esa desviación es real y no un capricho del azar (p = 0.0017).
El equipo también descartó la explicación más obvia, que hubieran sido las corrientes las que plegaron los cuerpos. En los lechos sin señales de corriente, los Spriggina apuntan en todas las direcciones, y ejemplares vecinos, separados por centímetros, se doblan hacia lados distintos. Si una corriente los hubiera doblado a todos, apuntarían igual. Que no lo hagan indica que cada animal movía su cuerpo por su cuenta.
Un giro que apunta a un sistema nervioso más complejo de lo esperado
En los animales actuales, la lateralidad de este tipo suele ir de la mano de un sistema nervioso capaz de repartir tareas entre un lado y otro del cuerpo. Que Spriggina mostrara ese sesgo hace 550 millones de años empuja esa clase de organización mucho más atrás en el tiempo de lo que se suponía.
El propio Evans cree que el patrón revela algo sobre cómo percibía su entorno este animal:
"Sabemos que los animales vivos con este tipo de lateralidad, desde insectos hasta pulpos, aves y mamíferos, tienen capacidades sensoriales complejas. Así que esto puede estar diciéndonos que el sistema nervioso de Spriggina era relativamente complejo y más parecido al de los animales que conocemos hoy."
Un investigador ajeno al estudio llega a una lectura parecida. Para Diego García-Bellido, investigador sénior de paleontología del Museo de Australia del Sur y profesor asociado en la Universidad de Adelaida, medir la lateralidad de esta forma es estadísticamente sólido y apunta a que Spriggina ya tenía un sistema nervioso conectado a músculos, capaz de curvar el cuerpo hacia un lado preferente, según declaró a CNN.
La coautora Mary Droser, paleontóloga de la Universidad de California en Riverside, lo pone en perspectiva:
"Es un recordatorio de que algunos de los rasgos que damos por sentados hoy tienen orígenes increíblemente antiguos."
Aun así, el artículo marca con cuidado la frontera de lo que puede afirmarse. El parentesco de Spriggina con los grandes grupos animales sigue sin resolverse: sus unidades corporales repetidas recuerdan a segmentos, lo que la convertiría en la evidencia más antigua de segmentación, aunque los propios autores reconocen que el dato no es concluyente. Tampoco aparecieron rastros de alimentación asociados, así que cómo se nutría queda en el aire. Y los investigadores evitan atribuirle una función al giro a la derecha, porque en los animales vivos esas preferencias tienen causas de todo tipo: asimetrías neuronales, estrategias para buscar alimento y, en algunos casos, motivos que nadie ha conseguido explicar.
En el estudio participaron también, junto a Evans y Droser, Jenson Webb (Universidad Estatal de Florida), Ian V. Hughes (Universidad de Harvard) y William Parker (Universidad Estatal de Florida). El trabajo se realizó con apoyo de la NASA.
Preguntas rápidas sobre Spriggina y la lateralidad
¿Cómo puede un fósil plano mostrar si un animal giraba a la derecha?
Los fósiles de Spriggina son moldes en negativo, imágenes en espejo del animal. Una curva a la izquierda en la roca corresponde a un giro a la derecha en vida. Como cerca del doble de los ejemplares se doblan hacia ese lado y las corrientes quedan descartadas, el patrón refleja un comportamiento propio del animal.
¿Qué es Spriggina floundersi y cuándo vivió?
Es un animal marino del periodo Ediacárico que habitó hace unos 550 millones de años lo que hoy es el sur de Australia. Medía pocos centímetros, con cuerpo aplanado y segmentado y simetría bilateral. Es el fósil oficial del estado de Australia del Sur y se describió por primera vez en 1958.
¿Ser 'diestro' significa que Spriggina tenía manos?
No. Spriggina no tenía manos ni pies. La lateralidad describe la tendencia de una población a girar más hacia un lado que hacia el otro. Es el mismo tipo de sesgo que hoy se observa en insectos, pulpos, aves y mamíferos, y suele asociarse a un sistema nervioso que especializa cada lado del cuerpo.
Durante décadas, Spriggina fue sobre todo una rareza difícil de clasificar, un fósil que se resistía a encajar en el árbol de la vida. Ahora, esa misma huella borrosa en la piedra sugiere que la costumbre de tirar siempre hacia el mismo lado, tan trivial como agarrar un lápiz, ya venía de fábrica en el sistema nervioso de los animales cientos de millones de años antes de que existiera una sola mano para notarlo.