Vance encabeza en Suiza las negociaciones EE. UU.-Irán con el acuerdo bajo presión por Ormuz y Líbano
Vance negocia con Irán en Suiza mientras el cierre de Ormuz y los ataques en Líbano tensan el acuerdo
TL;DR:
- El vicepresidente JD Vance viajó a Bürgenstock para liderar las conversaciones técnicas con Irán, el primer encuentro formal desde la firma del Memorando de Islamabad.
- La Guardia Revolucionaria declaró cerrado el Estrecho de Ormuz, pero CENTCOM reportó 55 buques y más de 17 millones de barriles de petróleo en tránsito el sábado.
- El pacto da 60 días para un acuerdo final, aunque Israel —que no lo firmó— sigue atacando Líbano y traslada la presión a Washington.
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, viajó a Suiza para encabezar este domingo las conversaciones con la delegación iraní en el resort de Bürgenstock, el primer encuentro formal desde que Donald Trump y el presidente iraní Masoud Pezeshkian firmaron de forma remota el Memorando de Entendimiento de Islamabad la semana pasada. Las negociaciones arrancan en tensión: la Guardia Revolucionaria de Irán declaró el sábado el cierre del Estrecho de Ormuz como respuesta a las operaciones militares israelíes en Líbano, una afirmación que el ejército estadounidense rechazó al asegurar que el tráfico comercial sigue pasando sin obstáculos. Pakistán y Qatar median en un proceso que busca convertir un alto el fuego incompleto en un acuerdo definitivo dentro de 60 días, con el programa nuclear iraní y la guerra en Líbano como los puntos más espinosos.
Vance, Kushner y Witkoff frente a la delegación de Ghalibaf
Del lado estadounidense, Vance llega respaldado por dos enviados que ya estaban en territorio suizo: el negociador especial Steve Witkoff y el yerno de Trump, Jared Kushner. La delegación iraní la encabeza el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, junto al ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, y un grupo de funcionarios del banco central y del sector petrolero. El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, el jefe del Ejército, Asim Munir, y el primer ministro catarí, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, completan la mesa como mediadores.
Cada lado llegó con una lista distinta. Vance adelantó que espera lograr "progreso en el tema nuclear" y "en el alto el fuego en Líbano", y dijo que estaría en Suiza "uno o dos días". Teherán llega con otra prioridad: que Washington empiece a cumplir lo firmado antes de hablar de cualquier otra cosa. El portavoz de la cancillería iraní, Esmail Baghaei, sostuvo que la delegación "presionará por la implementación" de los compromisos estadounidenses y buscará "claridad sobre cómo, exactamente, piensa la otra parte cumplir esos compromisos". Ghalibaf fue más lejos antes de despegar de Teherán: las conversaciones técnicas solo empezarán, dijo, cuando Estados Unidos acepte iniciar la aplicación del memorando, empezando por el cese de hostilidades en Líbano, el levantamiento del bloqueo naval, la reapertura de Ormuz y la liberación de los activos congelados.
Ormuz, la nueva carta de presión de Irán
Aquí está el verdadero pulso. Irán dice que el estrecho está cerrado; Estados Unidos dice que sigue abierto, y respalda su versión con números. El capitán Tim Hawkins, vocero del CENTCOM, fue tajante:
"Irán no controla el Estrecho de Ormuz. El tráfico sigue fluyendo y las fuerzas estadounidenses vigilan la situación para asegurarse de que así continúe."
El mando militar precisó que el sábado transitaron 55 buques mercantes con más de 17 millones de barriles de petróleo rumbo a los mercados globales. Trump sumó su propio mensaje sobre los peajes: no los habrá durante los 60 días del alto el fuego ni al término de ese plazo, con una salvedad que reservó para su país —que los cobre "Estados Unidos y para Estados Unidos"—.
El detalle no es menor para nadie que llene un tanque de gasolina. Antes de la guerra, por esa vía marítima pasaba cerca del 20 % del comercio energético mundial, y su cierre durante el conflicto disparó los precios y reavivó el fantasma de una crisis global de suministros. Por eso lo que se discute en un hotel sobre el lago de Lucerna se siente, tarde o temprano, en el costo de la energía y en la inflación de las economías importadoras, buena parte de ellas en América Latina y España.
Un análisis de la revista Foreign Affairs advierte que Irán salió de la guerra con una nueva capacidad de disuasión basada justamente en su control del estrecho, y que podría poner en riesgo la estabilidad si intenta imponer restricciones permanentes, peajes o tarifas una vez terminado el periodo de negociación. El propio Ghalibaf dejó la frase que resume la apuesta de Teherán: "Ormuz nunca volverá a su condición anterior". El memorando, de hecho, contempla negociaciones entre Irán, Omán y otros Estados de la región para definir un nuevo esquema de administración de la ruta.
Del bloqueo naval al fondo de US$300.000 millones
El acuerdo es un marco de catorce puntos cuyo texto se difundió antes de la firma. Funciona como hoja de ruta hacia un pacto mayor, no como un arreglo cerrado, y combina seguridad, energía, sanciones y programa nuclear. Estos son sus ejes verificados:
- Cese de hostilidades: terminación inmediata y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido Líbano, y compromiso de no iniciar nuevas acciones bélicas.
- Estrecho de Ormuz: Estados Unidos comienza a levantar el bloqueo naval y debe completarlo en un plazo de 30 días; a cambio, Irán garantiza el paso seguro de buques comerciales sin peaje durante 60 días.
- Petróleo y sanciones: el Tesoro estadounidense emite exenciones inmediatas para la exportación de crudo iraní, mientras se acuerda un calendario para retirar de forma progresiva las sanciones, incluidas las vinculadas a la ONU y al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
- Reconstrucción: un plan de al menos US$300.000 millones para Irán, atado al acuerdo final; Vance sugirió que el dinero podría salir de capital privado de los países del Golfo.
- Activos congelados: quedarán disponibles bajo procedimientos pactados y administrados por el Banco Central iraní. Vance dijo haber escuchado cifras "superiores a los 100.000 millones de dólares".
- Programa nuclear: Teherán reafirma que no desarrollará ni adquirirá armas nucleares, y ambas partes negociarán el destino del material enriquecido bajo supervisión del OIEA. Mientras tanto, se mantiene el statu quo.
Israel no firmó el memorando y puede dinamitarlo
El punto débil del pacto tiene nombre. Israel no es firmante, así que en teoría nada lo obliga, y siguió bombardeando el sur de Líbano pese a un alto el fuego ya anunciado con Hezbolá. Los ataques israelíes del sábado dejaron al menos 16 muertos, entre ellos dos niños. En conjunto, la última guerra entre Israel y Hezbolá ha causado más de 4.000 muertos y más de un millón de desplazados desde inicios de marzo, según el Ministerio de Salud libanés.
El primer punto del memorando promete el fin de las operaciones "en todos los frentes, incluido Líbano" y compromete a las partes con la integridad territorial y la soberanía libanesas, pero no menciona a Israel, que ocupa una quinta parte del país. Irán interpreta que Washington es responsable de hacer cumplir el acuerdo a su aliado, y Baghaei advirtió que, mientras la ocupación continúe, "se puede decir que la guerra sigue en curso". Ross Harrison, investigador del Middle East Institute, explicó a Al Jazeera dónde queda parado Estados Unidos en este enredo:
"En este momento, Israel podría ser un saboteador en una negociación como esta. No es firmante, así que en teoría no está obligado por el acuerdo. Por eso no se trata de una ruptura entre Irán e Israel: es, en realidad, una ruptura entre Irán y Estados Unidos si Washington no logra imponer su voluntad y conseguir que Israel respete el alto el fuego."
El reloj ya corre. Quedan 60 días para transformar un memorando firmado a distancia en un acuerdo capaz de sostenerse, y los temas que se dejaron para el final —el futuro del programa nuclear, la administración de Ormuz y el levantamiento definitivo de las sanciones— son justamente los más difíciles. Mientras las delegaciones se acomodan en Bürgenstock, la suerte del pacto se juega lejos de la mesa: en los cielos del sur de Líbano y en las aguas de un estrecho del que depende buena parte de la energía del planeta.