TL;DR:
- El Einstein Probe detectó el 21 de marzo de 2026 el destello de rayos X con el que arranca una supernova a unos 500 millones de años luz, el segundo caso claro en dos décadas.
- Chandra apuntó dos veces al lugar y no registró un solo fotón; el VLA tampoco captó radio. Sin ese rastro no hubo chorro relativista ni estallido de rayos gamma.
- La estrella era una Wolf-Rayet nacida con unas 20 veces la masa del Sol, y su retrato previo salió de imágenes de archivo tomadas en Chile entre 2013 y 2018.
El 21 de marzo de 2026, a las 12:30 UTC, el telescopio espacial chino Einstein Probe registró un destello de rayos X blandos procedente de una galaxia situada a unos 500 millones de años luz. Ese pulso, catalogado como EP260321a, corresponde a la primera luz que emite una estrella al explotar, cuando la onda de choque del colapso atraviesa su superficie. Dos equipos, uno de la Universidad Carnegie Mellon y otro de la Universidad de Maryland, siguieron el fenómeno durante meses y publicaron sus resultados el 5 de agosto en The Astrophysical Journal Letters. La explosión, bautizada SN 2026gzf, resultó ser del tipo que casi siempre viene acompañado de un estallido de rayos gamma. Esta vez no hubo ninguno, y demostrarlo dependió de dos observaciones en las que no apareció absolutamente nada.
El destello se enfrió mientras lo observaban y solo hay otro caso claro en 20 años
El instrumento de campo amplio del Einstein Probe siguió la fuente durante los primeros 2,200 segundos y su telescopio de seguimiento entró a los 1,065. El pico llegó a los 690 segundos del disparo, con una luminosidad de rayos X de 10⁴⁵ erg por segundo y un espectro térmico de 132 electronvoltios que bajó a unos 108 en los últimos 500 segundos de observación. Todas esas cifras provienen del artículo paralelo de W. Yuan y su equipo sobre los rayos X del fenómeno, y los dos estudios de agosto las adoptan tal cual.
Lo que hace raro al fenómeno es su brevedad. La ruptura de la onda de choque debería ocurrir en toda supernova por colapso de núcleo, pero dura entre segundos y unas pocas horas y emite sobre todo en ultravioleta extremo y rayos X blandos, así que hay que estar mirando el punto exacto en el momento exacto. En dos décadas los astrónomos solo habían identificado con certeza otro caso claro en rayos X: SN 2008D, que el Observatorio Neil Gehrels Swift cazó por casualidad en 2008. Ese mismo observatorio tiene hoy en marcha un intento de rescate en órbita, como contamos.

Según el comunicado de NOIRLab, telescopios terrestres empezaron a vigilar la fuente en menos de una hora. La campaña que sostiene los dos artículos arrancó algo después: el telescopio Fraunhofer de 2.1 metros del Observatorio de Wendelstein, en Alemania, tomó sus primeras imágenes 9.8 horas después del destello. El corrimiento al rojo medido, 0.0344, sitúa a la galaxia a 158 megaparsecs, una distancia comparable a la de GRB 060218 y GRB 171205A, dos de los estallidos de rayos gamma de baja luminosidad más cercanos que se conocen.
Chandra no registró un solo fotón y ahí se cayó la hipótesis del chorro
SN 2026gzf quedó clasificada como supernova de tipo Ic de líneas anchas, una clase de explosión de estrellas despojadas que suele lanzar chorros de material a velocidades cercanas a la de la luz y que aparece ligada a los estallidos de rayos gamma. Su curva de luz, su evolución espectral y sus velocidades de expansión encajan con ese grupo. Faltaba comprobar si el chorro estaba y nadie lo había visto.
Brendan O'Connor, investigador del Centro McWilliams de Carnegie Mellon y primer autor de uno de los dos artículos, pidió tiempo en el Observatorio de Rayos X Chandra para buscar el resplandor residual que deja un chorro al chocar contra el material que rodea a la estrella. Chandra observó el 5 y el 29 de abril. En las dos exposiciones, que suman 78.9 kilosegundos, casi 22 horas de telescopio, no cayó un solo fotón dentro del círculo de 1.5 segundos de arco centrado en la supernova. El 19 de mayo, el Very Large Array observó en banda C a 6 GHz y tampoco detectó nada, con un límite de 42 microjanskys por haz.
Con la explosión tan cerca, esos límites bastan para descartar casi cualquier resplandor conocido de estallido de rayos gamma. Si el colapso llegó a lanzar un chorro, el artículo lo acota: factor de Lorentz inicial por debajo de 30 y energía cinética menor que 10⁴⁹ erg. La lectura que proponen los dos equipos es que hubo una salida débil, apenas relativista, que quedó ahogada dentro de la propia estrella o en el material que la envolvía. En el comunicado de Carnegie Mellon, O'Connor lo resume así: «SN 2026gzf no produjo un chorro relativista normal y potente».
Así quedó repartida la campaña entre los instrumentos que aportaron cada pieza:
| Fecha (2026) | Instrumento | Qué aportó |
|---|---|---|
| 21 de marzo | Einstein Probe | Destello de rayos X blandos, pico a los 690 segundos |
| 21 de marzo | Fraunhofer de Wendelstein | Primeras imágenes de la campaña, 9.8 horas después |
| 24 y 25 de marzo | SALT y Hobby-Eberly | Primeros espectros, tres días después del destello |
| 25 de marzo y 3 de abril | DECam en Cerro Tololo | Imágenes profundas y comparación con el archivo |
| 5 y 29 de abril | Chandra | Dos exposiciones, 78.9 kilosegundos, cero fotones |
| 8 de abril al 14 de mayo | DESI en Kitt Peak | Tres espectros con fibras de reserva |
| 19 de mayo | Very Large Array | Sin radio, límite de 42 microjanskys por haz |
La estrella nació con 20 soles y murió desnuda, envuelta en sus propias capas
El equipo de Jillian Rastinejad, becaria Einstein de la NASA en la Universidad de Maryland, reconstruyó qué había alrededor de la estrella cuando estalló. Su conclusión es que se trataba de una Wolf-Rayet nacida con unas 20 veces la masa del Sol, una clase que quema su hidrógeno muy rápido. Antes de morir perdió masa en episodios irregulares hasta expulsar todo su hidrógeno y su helio, y quedó convertida en un núcleo despojado de carbono y oxígeno.
Esa pérdida desordenada dejó capas de material a distintas distancias. Una envoltura compacta, cercana y de poca masa produjo la señal inicial de rayos X; otra más extensa y asimétrica alimentó la señal óptica de la supernova. Es el primer mapa de ese entorno para una estrella que ya se había quedado sin sus dos capas exteriores.
Con esta información pudimos trazar un mapa de la estructura del material que rodeaba a la estrella.
Jillian Rastinejad, Universidad de Maryland, en el comunicado de NOIRLab
Ese detalle es el que convierte al objeto en pieza de transición. Con la ruptura de choque más tenue jamás asociada a una supernova de líneas anchas y sin flujos relativistas, EP260321a queda a medio camino entre las supernovas ordinarias y las explosiones extremas que sí generan estallidos de rayos gamma de baja luminosidad. La conclusión que firman los dos equipos es que las estrellas masivas despojadas mueren de más formas de las que se creía.
El retrato de la estrella salió de un archivo de 2013, no del telescopio nuevo
En el sitio exacto de la explosión hay una fuente azul compacta que la Cámara de Energía Oscura venía fotografiando desde mucho antes. El equipo de O'Connor revisó todas las imágenes de archivo de ese instrumento entre el 21 de junio de 2013 y el 7 de mayo de 2018, de 12.8 a 7.9 años antes del estallido: 25 tomas en el filtro g, 17 en r, 13 en i y 8 en z. La fuente aparece en todas. El punto está a 3.4 segundos de arco del centro de su galaxia, unos 2.5 kiloparsecs, cerca de 8,000 años luz.

Antonella Palmese, profesora de física en Carnegie Mellon y coautora del artículo, apunta que con el arranque del sondeo de Rubin las cámaras de campo amplio montadas en telescopios de menor apertura podrían parecer obsoletas, y que este caso muestra «lo potentes que pueden ser las sinergias entre DECam y Rubin». El archivo de esa cámara de 570 megapíxeles, montada en un telescopio de cuatro metros, es lo que permitió estudiar al progenitor.
Ahí aparece un matiz que los comunicados no traen. Tanto NOIRLab como Carnegie Mellon señalan que los datos de Rubin apuntaban a actividad del sistema poco antes de la explosión. El artículo de O'Connor es más cauto: reconoce posibles detecciones previas al estallido, advierte de problemas con la resta de imágenes en esa etapa de puesta en marcha del observatorio y excluye del análisis toda la fotometría anterior al descubrimiento. La actividad de la estrella durante la década previa la desarrolla un tercer estudio, firmado por T.-W. Chen y su equipo, que no aparece en el comunicado.
El comunicado de NOIRLab cuenta una historia de dos equipos, y la bibliografía del propio artículo de O'Connor cita cuatro trabajos más publicados a la vez sobre el mismo objeto: el de Rastinejad, el del equipo del Einstein Probe, el de A. Martin-Carrillo centrado en el chorro fallido y el de Chen sobre la actividad previa. Cuatro de los instrumentos que sostienen los dos estudios principales están en Chile: DECam en el telescopio Blanco de Cerro Tololo, la cámara LSST del Observatorio Rubin en Cerro Pachón, el espectrógrafo Goodman del SOAR y Gemini Sur.
El campo donde ocurrió todo sigue en la ruta de observación de Rubin, dentro del Deep Drilling Field de COSMOS, uno de los pocos puntos del cielo que el observatorio fotografía con cadencia alta. Los dos equipos esperan que ese registro documente la evolución de SN 2026gzf durante los próximos años, algo que hasta ahora casi nunca se ha podido hacer con una supernova de la que también se tiene el primer destello.