TL;DR:
- Joël Lapointe, astrónomo aficionado, detectó en Google Maps un anillo de 25 kilómetros alrededor del lago Marsal, en la Côte-Nord de Quebec, mientras planeaba un viaje a finales de 2023.
- Una expedición de octubre de 2025 halló conos astillados y acantilados de roca fundida; el resumen científico fecha el impacto hace unos 390 millones de años y bautiza la estructura como Uhackatik.
- Es el primer cráter que Canadá suma desde 2010, y la roca que lo delató llevaba 25 años descrita en los mapas oficiales de Quebec bajo la etiqueta equivocada.
Joël Lapointe no buscaba un cráter. A finales de 2023 abrió Google Maps para trazar un viaje por la Côte-Nord de Quebec y se topó con un anillo demasiado redondo alrededor del lago Marsal. Lo buscó en las bases de datos de cráteres conocidos y no aparecía. Dos años, varios correos y una expedición después, un equipo de Francia, Canadá y Estados Unidos confirmó que esa depresión de 25 kilómetros es un cráter de impacto de unos 390 millones de años. Se llama Uhackatik, es el primero que Canadá suma desde 2010 y la prueba definitiva salió de una roca que la geología oficial de Quebec ya tenía descrita, catalogada y con nombre propio desde 2001. Solo que la había clasificado como volcánica.
Una forma redonda no prueba nada, y por eso casi ningún aviso prospera
Un volcán, un glaciar o un pliegue erosionado dejan círculos igual de convincentes vistos desde arriba. Gordon Osinski, profesor de geología planetaria en la Western University de Ontario, dirige Impact Earth, el sitio donde cualquiera puede reportar un cráter sospechoso, y calcula que de cada cien mensajes que recibe, noventa y nueve no llevan a ningún lado.
"Este es uno de esos raros ejemplos que muestra que sí es posible", dijo Osinski a Live Science.
El aviso de Lapointe pasó primero por Francia. Le costó varios intentos dar con alguien que lo tomara en serio, hasta que llegó al CEREGE, el centro de geociencias del CNRS y Aix-Marseille Université en Aix-en-Provence. Ahí trabaja Pierre Rochette, geofísico y coautor del hallazgo.
"Viendo la topografía, es muy sugerente de un impacto", declaró Rochette a la CBC.
Con los mapas geológicos, los modelos digitales de elevación y unas muestras aportadas por el Servicio Geológico de Canadá, el caso ganó peso para justificar el viaje. En octubre de 2025 el equipo llegó al lago Marsal en hidroavión y pasó cinco días peleando con un terreno accidentado y con la duda de dónde acampar. Osinski, que ha hecho 25 expediciones al Ártico, la describió después como una de las más duras de su carrera.
Encontraron dos cosas. Primero, conos astillados: fracturas cónicas de escala decimétrica que se abren cuando una onda de choque atraviesa la roca, y que en la Tierra aparecen casi solo en impactos y en explosiones nucleares subterráneas. Según Discover Magazine, salieron el segundo día. Después, acantilados de roca fundida por el golpe, uno de ellos de 25 metros de alto, cuatro kilómetros al oeste del centro de la estructura.
El equipo acordó el nombre con el Consejo Innu de Ekuanitshit, la comunidad en cuyo territorio tradicional cayó la roca. El resumen firmado por los diez autores lo escribe Uhackatik; parte de la cobertura en inglés y en español lo transcribió como Uhaachatik.

La roca clave llevaba 25 años en los mapas de Quebec con la etiqueta equivocada
Aquí está la parte que casi nadie contó. Esa roca fundida no la desenterró nadie: llevaba décadas aflorando a la vista, entre dos y cuatro kilómetros del centro, con nombre formal y ficha propia. Se llama Formación Brecha Marsal y la describió un equipo de Géologie Québec en 2001, dentro del levantamiento geológico de la región del río Baune. La clasificaron como una diatrema, es decir, una chimenea volcánica rellena de material fragmentado.
El resumen que el equipo presentará en Fráncfort reinterpreta esa misma unidad como roca fundida de impacto pobre en clastos: una capa de al menos 50 metros de espesor, con disyunción columnar y fragmentos del basamento de hasta 50 centímetros. La evidencia física estaba catalogada desde hacía un cuarto de siglo. Lo que faltaba era mirar la forma completa desde arriba y volver a preguntarse qué la había hecho.
Eso reordena la moraleja. Lapointe no aportó un dato que nadie tuviera: aportó una hipótesis distinta sobre datos que ya existían, y lo hizo con la misma herramienta gratuita que tiene cualquiera en el celular.
Por qué unos titulares dicen 390 millones de años y otros 350
La edad se apoya en dos métodos independientes y ninguno entrega un número redondo. El principal es paleomagnético: el equipo extrajo núcleos orientados de la roca fundida y midió la dirección del campo magnético que quedó congelada al enfriarse. Esa dirección corresponde a un intervalo de polaridad inversa y apunta a unos 390 millones de años, con una horquilla real de 370 a 400. El segundo son circones analizados por LA-ICPMS, cuyos isótopos de plomo señalan una edad mínima de entre 350 y 400 millones de años. De ahí salieron los titulares de "350 millones" que circularon en algunos medios: es el piso de la segunda horquilla, no una fecha alternativa.
El diámetro también se torció por el camino. El resumen habla de unos 25 kilómetros, y así lo publicaron Live Science, The Canadian Press, Infobae y La República; otros medios convirtieron mal las 15.5 millas del reporte original y escribieron 15 kilómetros. La diferencia importa: Osinski calcula que cada año se confirman uno o dos cráteres nuevos en el mundo, y casi siempre miden menos de 5 a 10 kilómetros. Uno de 25 cambia de categoría. Él mismo apostó con su equipo en el campo que la estructura tendría entre 38 y 200 millones de años, y falló por mucho.
Por qué Canadá acumula 31 cráteres y Sudamérica apenas un puñado
En la Tierra hay alrededor de 200 estructuras de impacto confirmadas, y Osinski cuenta 31 en Canadá. No es casualidad: buena parte del país descansa sobre el escudo canadiense, roca vieja y estable donde una cicatriz aguanta cientos de millones de años sin que la tectónica la borre. Quebec ya tenía el ejemplo más espectacular del planeta, el Ojo de Quebec: el cráter de Manicouagan, de un impacto de hace 214 millones de años, con un borde erosionado que pasó de 100 a 72 kilómetros y un pico central, el Mont Babel, de 952 metros. Según Discover Wildlife, aquel golpe esparció cuarzo chocado hasta Inglaterra y Japón, y hoy el anillo de agua rodea la isla René-Levasseur, la segunda isla lacustre más grande del mundo.
Las imágenes satelitales que Lapointe usó cubren el planeta entero y son gratis, así que la pregunta obvia es si esto se puede repetir desde México, España o Sudamérica.

La respuesta depende de la geología, no de la herramienta. El cráter más famoso de México nunca se habría encontrado mirando el paisaje: Chicxulub está sepultado bajo cientos de metros de sedimentos carbonatados en la península de Yucatán y se identificó dentro del programa de exploración petrolera de Pemex. Su única huella en superficie es el anillo de cenotes y unos rasgos topográficos semicirculares. Sin geofísica y sin perforación, ahí no hay nada que ver desde un satélite.
Sudamérica está en el otro extremo por razones distintas. La revisión en dos partes que firmaron Crósta y colegas sobre el registro de impactos del continente concluye que tiene pocas estructuras frente a regiones geológicamente comparables como Norteamérica, África y Australia. La mayor confirmada sigue siendo Araguainha, en Brasil, con 40 kilómetros, y en Argentina la única confirmada es el campo de cráteres de Campo del Cielo. Parte de esa asimetría es geología; parte, sencillamente, es cuánta gente ha ido a mirar.
Preguntas rápidas sobre el cráter Uhackatik
¿Cualquiera puede encontrar un cráter de impacto con Google Maps?
Puede reportarlo, no confirmarlo. Gordon Osinski, de la Western University, recibe muchos avisos del público y calcula que 99 de cada 100 no son cráteres. La forma circular nunca basta: hace falta evidencia de metamorfismo de choque en la roca, y eso se comprueba en campo y en laboratorio.
¿Qué son los conos astillados y por qué prueban un impacto?
Son fracturas con forma de cono que deja una onda de choque al atravesar la roca. En la Tierra se producen casi exclusivamente en impactos de asteroides o cometas y en explosiones nucleares subterráneas. Según Osinski, son de los pocos indicios de choque visibles a simple vista: el resto es microscópico.
¿Cuándo se presenta el estudio y qué falta por confirmar?
El equipo presenta su trabajo en el 88.º congreso de la Meteoritical Society, en Fráncfort, del 9 al 14 de agosto de 2026. Los datos de circones todavía son preliminares y el análisis de las muestras recogidas en 2025 continúa en laboratorio, así que la edad puede afinarse.
Lapointe cuenta que su primera reacción fue descartarse a sí mismo.
"No has descubierto nada, Joël, no es posible, ya deben saber de esto", recordó haberse dicho, en entrevista con The Canadian Press.
Uhackatik no altera nada de lo que se sabe sobre impactos: es el número doscientos y pico de una lista larga. Lo que cambia es de dónde salió. Una estructura de 25 kilómetros sobrevivió 390 millones de años, quedó dibujada en imágenes que cualquiera puede abrir gratis y pasó otro cuarto de siglo en los mapas oficiales con la etiqueta equivocada, hasta que alguien ajeno al gremio se detuvo a mirarla dos veces.