Los dos anillos de Chariklo, un cuerpo menor de unos 250 kilómetros de diámetro que orbita entre Saturno y Urano, cambiaron en sentidos opuestos en pocos años, según un estudio internacional liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y publicado el 9 de septiembre de 2026 en Science Advances. En la ocultación estelar que registró el telescopio espacial James Webb el 18 de octubre de 2022, el interior aparece alrededor de 50% más opaco que antes y el exterior, cerca de 60% menos opaco que en 2017, de acuerdo con el Observatorio de París. Pero el Webb observó en infrarrojo y la mayoría de las mediciones previas se hizo en luz visible, y el equipo aún no sabe si el exterior perdió material o solo se ve distinto en esa luz.
Un anillo bloquea más luz y el otro casi no se ve
Los anillos siguen prácticamente en el mismo lugar, a unos 390 y 405 km del centro de Chariklo; lo que cambió, según el Observatorio de París, es cuánta luz de la estrella bloquean. En la versión del manuscrito que el equipo dejó en arXiv, actualizada el 17 de diciembre de 2025, la opacidad normal del anillo interior (una medida de cuánta luz bloquea, corregida por el ángulo con que se ve) promediaba 0.303 antes del Webb y subió a 0.431 con sus datos. Los autores califican esa diferencia de altamente significativa.
El exterior apenas asomó en el filtro de 1.5 micras y no se detectó en el de 3.2 micras, aunque ambos registraron el mismo tramo del anillo al mismo tiempo.
Chariklo, también escrito Cariclo en español, fue en 2013 el primer cuerpo pequeño del Sistema Solar en el que se detectaron anillos. Según el Observatorio Europeo Austral (ESO), el hallazgo salió de una ocultación del 3 de junio de ese año seguida desde siete sitios de Sudamérica, entre ellos el Observatorio La Silla, en Chile, con un equipo encabezado por Felipe Braga-Ribas, del Observatório Nacional de Brasil, que figura también entre los autores del nuevo manuscrito. Los anillos medían entonces unos 7 y 3 km de ancho, separados por un hueco de 9 km, y sus descubridores los apodaron de forma provisional Oiapoque y Chuí, por dos ríos de los extremos norte y sur de Brasil.
El manuscrito cita otros cuerpos pequeños con anillos detectados por ocultaciones: el centauro Quirón, el planeta enano Haumea y el transneptuniano Quaoar. Hasta ahora, recuerda el IAA-CSIC, esos sistemas se consideraban relativamente estables.
"Nuestros resultados obligan a replantearse cómo se forman, cómo evolucionan y qué mecanismos mantienen su estabilidad", afirmó Pablo Santos-Sanz, investigador del IAA-CSIC que lidera el estudio.
Una sombra que hubo que predecir desde el punto L2
La observación fue la primera ocultación estelar predicha y planificada específicamente para el Webb que se ejecutó con éxito, según el IAA-CSIC. Yücel Kilic, investigador posdoctoral del instituto y coautor, explicó que hizo falta conocer con enorme precisión la órbita de Chariklo, la posición de la estrella gracias a la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea y la trayectoria del propio Webb, que gira alrededor del punto de Lagrange L2, a unos 1.5 millones de kilómetros de la Tierra, y necesita maniobras periódicas de corrección.

El manuscrito detalla lo que eso implicó. El equipo identificó el evento el 19 de agosto de 2022 y rehízo la predicción cada semana. En unos dos meses, la trayectoria de la estrella vista desde el Webb se corrió 110 km, lo suficiente para perder la ocultación por el cuerpo principal, y la última predicción se hizo horas antes del evento. Al final, desde el Webb la estrella no pasó detrás de Chariklo, solo detrás de sus anillos.
Chariklo se movía a apenas 2.5 km por segundo respecto del telescopio. Con esa lentitud y unas 3.3 imágenes por segundo, el equipo obtuvo una resolución de unos 750 metros por imagen, a una distancia de casi 17 veces la que separa a la Tierra del Sol.
El Webb midió en infrarrojo y antes casi todo fue en luz visible
El Webb registró la ocultación con su cámara NIRCam en dos bandas del infrarrojo cercano a la vez, centradas en 1.5 y 3.2 micras. Según el manuscrito, es la primera detección de una ocultación por encima de 3 micras, algo imposible desde tierra. La mayoría de las ocultaciones de 2013 a 2017 se registró, en cambio, en luz visible.
Esa diferencia pesa porque los granos de menos de una micra dispersan peor la luz de longitudes de onda largas, así que un anillo dominado por ese polvo puede bloquear menos luz infrarroja sin haber perdido material. El IAA-CSIC admite que el origen físico de los cambios sigue abierto: podrían reflejar una evolución temporal de los anillos, diferencias por el uso de distintos filtros de observación o una combinación de ambos efectos.
Para el anillo interior, el manuscrito sí puso a prueba esa explicación. Probó mezclas de hielo de agua, silicatos y carbono con distintos tamaños de grano. Ninguna reproduce a la vez las dos mediciones del Webb y la que hizo en 2017 el Very Large Telescope (VLT) del ESO, en Chile, a 2.1 micras, una longitud de onda que cae entre las dos del Webb. El VLT había medido una opacidad normal de 0.31; el Webb, 0.42 y 0.44. Los autores concluyen que el aumento no se explica solo por la longitud de onda y que lo más probable es que la opacidad del interior sí haya crecido. Con el exterior no pudieron repetir el ejercicio por falta de perfiles bien resueltos.
La tabla resume qué registró el Webb en cada anillo y si la longitud de onda alcanza para explicarlo, según el manuscrito y el Observatorio de París.
| Anillo | Qué registró el Webb | ¿Lo explica la longitud de onda? |
|---|---|---|
| Interior (C1R) | Más opaco: opacidad normal de 0.42 a 1.5 micras y de 0.44 a 3.2 micras, frente a un promedio previo de 0.30 y 0.31 del VLT en 2017 | No por sí sola: ninguna mezcla de materiales y tamaños de grano reproduce todas las mediciones |
| Exterior (C2R) | Opacidad cerca de 60% menor que en 2017; señal marginal a 1.5 micras y sin detección a 3.2 micras | Sin resolver: el equipo no pudo hacer la prueba por falta de perfiles bien resueltos |
| Posición de ambos | Prácticamente la misma que en ocultaciones previas | No aplica: lo que cambió es cuánta luz bloquean |
El anillo exterior ya debería haberse dispersado
El cambio tampoco se explica como un simple trasvase de un anillo al otro. En el manuscrito, el aumento del ancho equivalente del interior, una medida proporcional a la cantidad de material presente, es unas 10 veces mayor que la pérdida del exterior, así que lo que falta afuera no alcanza para explicar lo que apareció adentro. Para el interior, el Observatorio de París plantea dos vías: la llegada de material nuevo o choques que rompieron partículas grandes en una multitud de granos finos.
El exterior plantea otro problema. Con las anchuras que se le han medido, el manuscrito calcula que ese anillo, sin algo que lo confine o lo reabastezca, se dispersaría en cuestión de meses: la mediana del cálculo es de 0.34 años. Sin ese sostén, ya se habría disipado desde su descubrimiento en 2013.
Una explicación posible es una pequeña luna pastora, todavía hipotética, que compartiría órbita con el exterior, mantendría sus bordes definidos y le aportaría material nuevo. En 2014, Braga-Ribas ya consideraba probable, según el ESO, que Chariklo tuviera al menos una pequeña luna por descubrir.
La comparación se detiene en octubre de 2022, casi cuatro años antes de la publicación. El Observatorio de París fija el siguiente paso en nuevas ocultaciones, sobre todo en luz visible, que permitirán saber si los cambios continúan y si responden a una evolución real o a la longitud de onda.