TL;DR:
- Cuatro investigadores de Sussex y Lund proponen que la retina de los vertebrados salió de un solo ojo central que un antepasado marino conservó después de perder los ojos pareados.
- El trabajo apareció en Current Biology el 23 de febrero de 2026. La oleada de notas de esta semana viene del comunicado de prensa que la Universidad de Lund publicó cinco meses después.
- No hay fósil del animal. La evidencia fósil más cercana es otro estudio, publicado en Nature un mes antes, sobre peces sin mandíbula de hace 518 millones de años con cuatro ojos.
El ojo humano habría empezado como un punto de luz en la coronilla de un gusano marino. Es lo que sostiene una revisión firmada por George Kafetzis, Michael J. Bok, Tom Baden y Dan-Eric Nilsson, de la Universidad de Sussex y la Universidad de Lund, publicada en Current Biology. Hace casi 600 millones de años, dicen, un antepasado de todos los vertebrados dejó de moverse, se enterró en el fondo del mar a filtrar plancton y perdió los ojos pareados que ya tenía. Le quedó un grupo de células sensibles a la luz en mitad de la cabeza. Cuando sus descendientes volvieron a nadar, la evolución reutilizó piezas de ese ojo central en lugar de reconstruir los perdidos. El resto de aquel órgano sigue dentro del cráneo humano, convertido en la glándula pineal, la que fabrica melatonina.
Nilsson, profesor emérito de biología sensorial en Lund, no se anduvo con rodeos en el comunicado de su universidad:
"Ponen de cabeza nuestra comprensión de la evolución del ojo y del cerebro"
El modelo describe una secuencia de tres tiempos, y ninguno de ellos fue un salto:
- Primero hubo un animal con ojos a los costados de la cabeza, como los que hoy llevan insectos, gusanos y moluscos.
- Después vino la vida quieta. Al enterrarse en el sedimento y filtrar agua, ese linaje dejó de necesitar ojos para orientar el movimiento y los perdió. Solo conservó el sensor del centro, que bastaba para distinguir el día de la noche y saber qué lado era arriba.
- Al final volvió a nadar. Las zonas laterales del órgano central formaron copas, ganaron sensibilidad direccional y migraron hacia los costados de la cabeza. Los cristalinos y la visión detallada llegaron mucho después.
Nilsson agrega un matiz que casi ninguna nota levanta: no se sabe qué eran exactamente esos ojos perdidos. Pudieron ser manchas de células fotosensibles o pudieron formar imágenes simples. Lo único documentado es que desaparecieron.
Las cifras que circulan van de 560 a 600 millones de años porque el modelo describe una secuencia y no una fecha. El estadio del cíclope se sitúa hacia los 600 millones; la lateralización, o sea el momento en que ese órgano central se parte en dos y viaja a los lados, ocurrió ya en el Cámbrico temprano.

La retina humana es un injerto de dos sistemas que antes vivían separados
Aquí está la parte técnica que sostiene todo el argumento y que casi nadie cuenta. Los animales bilaterales heredaron dos familias de células fotorreceptoras. Las rabdoméricas captan luz con pliegues densos de membrana y dominan los ojos laterales de insectos, moluscos y anélidos. Las ciliares se organizan alrededor de un cilio modificado y suelen quedarse en el centro del cerebro, midiendo cambios generales de iluminación sin formar imágenes.
Los vertebrados rompen ese patrón. Los bastones y conos son ciliares, pero las células que reciben su señal (ganglionares, amacrinas y horizontales) llevan marcas moleculares del linaje rabdomérico. Entre unas y otras están las células bipolares, y es ahí donde el trabajo hace su apuesta más arriesgada. Propone que las bipolares no tienen un origen único, sino dos: las de tipo Off habrían salido del lado ciliar "moderno" y las de bastón, de un linaje ciliar antiguo con rasgos rabdoméricos, emparentado con unos fotorreceptores de parietopsina que todavía hoy se encuentran en la pineal de las lampreas. Las de tipo On cono llegaron más tarde, tomando prestada maquinaria molecular de las otras.
Los ojos de pulpos y calamares siguieron el camino contrario y por eso funcionan distinto: se forman a partir de la piel de los costados de la cabeza, no del cerebro.
Para llegar a esa conclusión, el equipo comparó transcriptómica de célula única de 16 especies de vertebrados, desde la lamprea y el pez cebra hasta el pollo, el cerdo, el macaco y el humano. La retina que salió de ese análisis tiene más de cien tipos neuronales, una complejidad comparable a la de la corteza cerebral, y está conservada casi intacta en todos los vertebrados vivos.

Los fósiles con cuatro ojos son de otro equipo y llegaron un mes antes
La reconstrucción de Kafetzis y sus colegas no trae fósiles, pero un trabajo independiente publicado en Nature le dio un empujón inesperado.
El 21 de enero de 2026, un equipo encabezado por Xiangtong Lei y Sihang Zhang, de la Universidad de Yunnan, con Peiyun Cong como autor de correspondencia y coautores de Bristol, Leicester, Oxford y la Academia China de Ciencias, describió dos manchas pigmentadas entre los ojos laterales de dos especies de miliokunmíngidos, los vertebrados fósiles más antiguos que se conocen, de hace unos 518 millones de años y procedentes de la biota de Chengjiang, en el sur de China.
Las manchas contienen melanosomas idénticos a los del epitelio pigmentario de los ojos laterales y, junto a ellos, una estructura ovoide regular que los autores interpretan como un cristalino. Concluyen que aquellos peces sin mandíbula tenían cuatro ojos tipo cámara capaces de formar imágenes: dos a los lados y dos arriba. La propia Nature le dedicó un comentario firmado por Michael S. Levine el mismo día.
Es el estadio intermedio que el modelo del cíclope necesitaba. Con un límite que conviene no perder de vista: los 518 millones de años del fósil son muy posteriores a los 600 del ancestro hipotético, así que Chengjiang documenta un capítulo posterior de la historia y no su arranque.
Lo que el estudio no prueba, y por qué la noticia reaparece cada dos meses
Dos cosas ordenan la lectura de esta historia.
La primera es el estatus del trabajo. Ocupa las páginas R153 a R170 del volumen 36, número 4, de Current Biology, que es el apartado de revisiones de la revista. ScienceAlert, que publicó su versión el 1 de agosto, es el único medio del bloque que lo dice con todas sus letras: nadie ha encontrado un fósil de un animal de un solo ojo de hace 600 millones de años.
Karthik Shekhar, biólogo computacional de la Universidad de California en Berkeley y ajeno al estudio, lo resumió a The New York Times en una frase que recogió ZME Science:
"Es una idea nueva y convincente, pero el jurado sigue deliberando"
Tom Baden, coautor, no discute el punto. Contó al mismo diario que su grupo ya empezó a comparar células pineales y retinianas en pez cebra, y que esto apenas arranca. Los autores también piden estudios genéticos y anatómicos más finos de la pineal de las lampreas y de otros vertebrados basales.
La segunda cosa es el calendario. El artículo salió el 23 de febrero de 2026 y ese mismo día lo cubrió The New York Times; phys.org y La Brújula Verde lo publicaron el 25 de febrero e Infobae el 26. Una versión preliminar llevaba en el repositorio bioRxiv desde septiembre de 2025. El comunicado de la Universidad de Lund que hoy circula por todas partes se publicó el 2 de junio de 2026, ScienceDaily lo redistribuyó dos veces (el 27 de abril y el 26 de julio), y de ahí salió el cable de la agencia ANI que replicaron medios de la India el 27 de julio. Esta semana es, por lo menos, la tercera vuelta de la misma investigación.
Algunas coberturas en español le han atribuido al estudio cosas que no dice: explicar por qué los fotorreceptores humanos apuntan hacia atrás, o abrir vías sobre la retinosis pigmentaria. El texto original no toca ninguno de los dos temas.
El "tercer ojo" sigue existiendo, y la foto que lo prueba se tomó en Sonora
Algunos peces, anfibios y reptiles conservan cerca de lo alto del cráneo un ojo parietal conectado al complejo pineal, y varios detectan luz directamente con él. En los mamíferos la glándula se hundió en el cerebro y perdió el acceso a la luz. Hoy recibe la señal por la vía de los ojos normales y ajusta la producción de melatonina según la hora.
Aquí entra un detalle que no ha contado ningún medio. La fotografía que ilustra esta historia en ScienceAlert, en ZME Science, en Republic World y en el propio comunicado de Lund es la de una lagartija cornuda real (Phrynosoma solare) vista desde atrás, con el punto claro del ojo mediano en mitad de la cabeza. La tomó Bruno Frías Morales, la subió a iNaturalist bajo licencia Creative Commons, y el nombre del archivo original la ubica en Cajeme, Sonora.
La especie tampoco es una rareza de laboratorio. Vive en el desierto sonorense: el sur de Arizona, el extremo suroeste de Nuevo México, casi todo Sonora incluida la isla Tiburón, y el norte de Sinaloa. Mide más o menos lo que la palma de una mano, come sobre todo hormigas cosechadoras y la UICN la clasifica como especie de preocupación menor. El animal que hoy sigue cargando la pieza central de esta historia evolutiva es, literalmente, un vecino del noroeste mexicano.
Preguntas rápidas sobre el ojo mediano
¿De verdad existió un cíclope hace 600 millones de años?
No hay fósil que lo demuestre. El trabajo de Kafetzis, Bok, Baden y Nilsson en Current Biology reconstruye ese animal comparando células fotorreceptoras, genes de desarrollo ocular y circuitos neuronales de especies vivas. Los propios autores lo presentan como hipótesis a lo largo del texto.
¿Qué es la glándula pineal y para qué sirve?
Es un órgano pequeño situado en el centro del cerebro de los vertebrados. Produce melatonina, la hormona que sincroniza el reloj interno con el ciclo de luz y oscuridad. En peces, anfibios y reptiles todavía detecta luz directamente; en los mamíferos recibe esa información a través de los ojos.
¿Qué animales conservan hoy el tercer ojo?
Varios peces, anfibios y reptiles mantienen un ojo parietal cerca de la superficie del cráneo, visible como un punto claro entre los ojos normales. Las ranas y las lagartijas cornudas son ejemplos habituales en la literatura científica, y las lampreas conservan una pineal con circuitos que recuerdan a los de una retina.
Si el modelo resiste, la visión y el sueño quedan emparentados por una sola pieza de anatomía. Los dos ojos de cualquier vertebrado y la glándula que le suelta melatonina al anochecer serían herencias del mismo órgano, repartidas en dos oficios hace más de quinientos millones de años. La prueba tendrá que salir de las lampreas y del pez cebra, que es justo donde el grupo de Baden ya está buscando.