Dos estudios publicados el 9 de septiembre en Nature identificaron restos denisovanos en la cueva Bianfu, en la provincia china de Yunnan, incluido el primer fragmento conocido de un radio, uno de los huesos del antebrazo, asociado con este grupo humano arcaico. El inventario recuperado reúne cuatro dientes, dos fragmentos de cráneo y más de 1,300 herramientas de piedra y hueso, además de más de 64,000 huesos de mamíferos. Los fósiles humanos datan de entre 167,000 y 134,000 años, mientras que la secuencia cultural del sitio se extiende aproximadamente de 190,000 a 70,000 años. La evidencia conecta a los denisovanos con la caza y el procesamiento de presas grandes en un entorno boscoso. La atribución de las herramientas procede del contexto arqueológico y de la ausencia de otros homininos, no de una prueba genética recuperada de cada artefacto.
La proteína permitió identificar restos sin ADN
Los denisovanos se hicieron conocidos en 2010, cuando el ADN de un pequeño hueso encontrado en la cueva de Denisova, en Siberia, reveló un linaje humano distinto. Desde entonces, los investigadores han localizado dientes, fragmentos de cráneo, una costilla y un hueso de un dedo, pero nunca un esqueleto completo. La escasez de restos ha dejado grandes dudas sobre su aspecto, su distribución y la forma en que vivían.
La cueva Bianfu apareció en 2019 durante un proyecto de restauración vegetal en una antigua cantera de piedra caliza. La mayor parte del sitio ya había sido destruida, pero las excavaciones recuperaron más de 60,000 fragmentos óseos, casi 1,400 artefactos líticos y restos humanos que inicialmente no podían atribuirse a una población concreta.
Para encontrar los fósiles humanos, el equipo hizo primero una selección morfológica basada en la forma, el grosor y la textura de los fragmentos. De más de 60,000 piezas, 22 fueron consideradas candidatas. Después aplicó ZooMS, una técnica que identifica especies mediante la huella proteica del colágeno. Tres fragmentos resultaron pertenecer al género Homo.
El análisis proteómico de hueso, dentina y esmalte confirmó la identidad denisovana de los tres huesos y dos dientes estudiados. Todos presentaban la variante específica COL1A2 R996K, una diferencia de aminoácido en una proteína del colágeno que también aparece en restos denisovanos identificados en otros puntos de Asia. En este caso no se recuperó ADN antiguo, pero las proteínas conservaron una señal molecular suficiente para asignar los restos.
El primer radio denisovano mezcla rasgos de neandertales y humanos modernos
El radio es uno de los dos huesos largos del antebrazo y participa en los movimientos de la mano y la muñeca. El fragmento de Bianfu conserva la parte cercana al codo. Su cabeza y algunas proporciones proximales se parecen a las de radios neandertales, mientras que la forma general y la geometría de la zona media se acercan más a las de humanos modernos.
Los investigadores describen esta combinación como un conjunto de rasgos que puede reflejar demandas biomecánicas y adaptaciones conductuales distintas de las inferidas para neandertales y Homo sapiens. El hallazgo no permite reconstruir por sí solo el brazo completo ni establecer cómo se movía toda la población, pero aporta una referencia que hasta ahora no existía para estudiar el esqueleto denisovano fuera del cráneo y los dientes.
Los dos fragmentos de cráneo también añaden información. Su bóveda es gruesa y se parece más a la de Homo heidelbergensis y otros grupos humanos arcaicos del este de Asia que a la de los humanos actuales. Los autores interpretan esa combinación como parte de un patrón anatómico propio de los denisovanos, aunque los fragmentos son demasiado escasos para definir el aspecto de toda la población.
Bianfu conserva un registro de más de 100,000 años
La secuencia arqueológica de Bianfu abarca aproximadamente de 190,000 a 70,000 años atrás. Los investigadores identificaron herramientas de piedra, útiles de hueso y huesos animales con marcas de corte, raspado y fracturas compatibles con la extracción de médula. La mayor parte de los artefactos parece proceder de una estrategia de fabricación rápida, basada en núcleos y lascas obtenidos de materiales disponibles en el entorno, entre ellos una roca sedimentaria local.
El conjunto incluye más de 1,300 herramientas y no contiene evidencias de otro grupo humano que haya ocupado el sitio durante el periodo estudiado. Por eso, los autores consideran que los denisovanos son los fabricantes más probables de las herramientas, aunque esa atribución se apoya en la asociación estratigráfica y en la ausencia de otros homininos en el sitio.
Los restos de fauna apuntan a una economía centrada en presas medianas y grandes, como ciervos y bóvidos. Las marcas de carnicería y el acceso a la médula indican que los animales fueron procesados en la cueva, mientras que la escasez de mordidas de carnívoros sugiere que los homininos tuvieron acceso directo a los cadáveres. El polen y los restos animales reconstruyen un ambiente dominado por bosques de coníferas o una estepa forestal.
La cueva se encontraba en la meseta Yunnan-Guizhou durante un periodo glacial. Los investigadores plantean que su clima relativamente templado y la disponibilidad de alimento pudieron convertir la región en un refugio favorable para los denisovanos, pero presentan esa interpretación como una hipótesis ambiental, no como una prueba de que el sitio fuera ocupado sin interrupciones durante 120,000 años.
El hallazgo llena un vacío en el mapa denisovano
La cueva Bianfu se ubica en una zona que conecta la meseta Qinghai-Tíbet con el este, el sur y el sureste de Asia. Sus restos amplían hacia el suroeste la distribución fósil conocida de los denisovanos y el equipo la considera el registro más abundante de este grupo fuera de la cueva de Denisova, en Siberia.
La ubicación también importa por la herencia genética denisovana que persiste en poblaciones actuales de Asia y Oceanía. Los genomas modernos ya habían demostrado que los denisovanos se mezclaron con antepasados de algunas poblaciones de la región; Bianfu aporta ahora un contexto físico y cultural para entender dónde vivían, qué animales cazaban y qué herramientas utilizaban.
El descubrimiento no resuelve todas las preguntas. Todavía no existe un esqueleto denisovano completo y la mayoría de los restos conocidos siguen siendo fragmentarios. La estrategia de combinar selección morfológica, ZooMS y proteómica podría ayudar a revisar otras colecciones con miles de fragmentos y encontrar huesos largos que permitan comparar mejor su anatomía y sus adaptaciones.