TL;DR:
- OpenAI divulgó iMessages y correos para disputar la cronología de Apple y defender a dos antiguos trabajadores de Apple que ahora están en OpenAI.
- Los mensajes prueban que trabajadores de Apple siguieron pidiendo ayuda a Chang Liu, pero no descartan descargas o uso de archivos confidenciales.
- Apple pidió una orden preliminar y señaló a 11 exempleados adicionales como posibles testigos o personas vinculadas al caso.
OpenAI publicó el 3 de agosto de 2026 una serie de iMessages y correos para disputar la versión de Apple en la demanda por presunta apropiación de secretos comerciales. Los intercambios sí documentan dos puntos favorables a la empresa de Sam Altman: empleados de Apple siguieron pidiendo ayuda a Chang Liu después de su salida y un abogado externo envió un correo al destinatario equivocado. Pero la publicación, que no es una contestación judicial, deja sin responder varias acusaciones sobre descargas, documentos internos y prácticas de reclutamiento. Apple, al mismo tiempo, pidió una orden preliminar y descubrimiento acelerado.
OpenAI tituló su respuesta “Apple se está equivocando” y calificó la demanda de descuidada, agresiva y extrañamente personal. También sostuvo que la solicitud de una orden preliminar se basa en información falsa y resulta innecesaria. Su negativa principal fue tajante:
"No tenemos ni queremos ninguno de sus secretos comerciales".
Apple presentó la demanda inicial contra OpenAI el 10 de julio ante la Corte de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Norte de California. El expediente nombra a OpenAI Foundation, OpenAI Group PBC, la empresa de hardware io Products y dos exempleados de Apple: Chang Liu, ingeniero sénior de sistemas eléctricos, y Tang Yew Tan, exvicepresidente de diseño de producto para iPhone y Apple Watch y actual jefe de hardware de OpenAI.
Nada de lo que Apple alega ha sido probado por un tribunal. Tampoco los documentos elegidos por OpenAI equivalen a una absolución. La publicación abre una grieta en la narración de Cupertino, pero los mismos chats también contienen pasajes que Apple podría usar para sostener que el contacto con Liu siguió después de que cambió de empresa.
Los iMessages muestran que Apple siguió recurriendo a Chang Liu
El último día de Liu en Apple fue el 22 de enero de 2026. Los mensajes difundidos por OpenAI muestran que al menos un colega de Apple trabajó durante los días siguientes para copiar archivos desde la cuenta de iCloud de Liu y mantuvo la sesión abierta hasta el 31 de enero. En ese periodo, empleados de la compañía le pidieron ayuda para encontrar documentos y recordar decisiones técnicas.
Las solicitudes continuaron. El 27 de enero le preguntaron por planes de envío de productos; el 14 de febrero, por detalles de un proyecto que aparece censurado en la versión pública; y el 5 de marzo, por una arquitectura técnica y las personas adecuadas para resolver la duda. Liu respondió con indicaciones sobre una carpeta de Box, nombres de contactos y aspectos técnicos que también aparecen tachados. Minutos después, otra persona incluida en la conversación consideró el intercambio muy irregular y pidió salir del hilo.
Ese material favorece a OpenAI en un punto concreto: desarma la idea de que todo contacto posterior partió de Liu o de su nueva empresa. Apple conservó una línea de comunicación con él y algunos de sus trabajadores la usaron para resolver asuntos internos.
OpenAI va más lejos y atribuye el acceso residual a fallas de Apple al retirar permisos cuando una persona deja la empresa. Los chats exhiben una salida desordenada, pero no prueban qué tan extendido era el problema ni el alcance de los permisos que siguieron activos.
El límite de la evidencia publicada está ahí. Los chats no determinan si Liu conservó una computadora corporativa, explotó una falla de autenticación el 9 de febrero o descargó decenas de archivos para beneficiar a OpenAI, como sostiene Apple. Que un empleado actual pida ayuda tampoco demuestra que Liu tuviera autorización para cualquier acceso posterior a sistemas o documentos de la compañía. Para resolver esa diferencia harán falta registros de servidores, dispositivos y copias forenses, no capturas seleccionadas por una de las partes.
El error de un abogado sí contradice parte de la cronología de Apple
La segunda pieza publicada por OpenAI es un intercambio entre Gabriel Gross, abogado externo de Apple, el director jurídico de OpenAI Che Chang y abogados internos de Cupertino. El 23 de febrero, Gross envió a Chang un correo con una carta sobre exempleados que conservaban información confidencial. El nombre del archivo adjunto indicaba que la carta iba dirigida a una persona de apellido Wang. Trece minutos después mandó otro correo que agradecía una llamada y una oferta de cooperación que nunca habían ocurrido con Chang.
La explicación llegó el 24 de febrero. Gross reconoció que esa segunda respuesta iba dirigida a otra persona, de apellido Wang, con quien sí había hablado. El departamento jurídico de Apple confirmó después que el despacho de Gross representaba a la compañía.
Esto respalda a OpenAI cuando rechaza dos elementos del relato inicial de Apple: que no contestó al acercamiento de febrero y que hubo una conversación con su director jurídico. OpenAI también afirma que Apple no planteó entonces las acusaciones específicas que terminaron en la demanda y que no volvió a contactarla durante cinco meses.
El error importa porque obliga a Apple a explicar con precisión qué comunicación recibió y cuál respondió cada destinatario. No demuestra, por sí solo, que los secretos comerciales nunca salieron de la empresa. Una cronología defectuosa puede restarle fuerza a una parte del expediente sin borrar el resto de las acusaciones.
La defensa de OpenAI deja tres preguntas sin responder
La publicación dedica mucho espacio a Liu y al tropiezo de los abogados. Sobre Tang Tan ofrece una respuesta mucho más corta: asegura que el ejecutivo siempre indicó a su equipo que no debía obtener ni usar información confidencial de otras compañías.
Esa afirmación no contesta punto por punto lo que Apple puso en el expediente. La empresa acusa a Tan de haberse enviado información de proveedores, usar nombres internos de proyectos durante entrevistas y pedir a candidatos que todavía trabajaban en Apple que llevaran componentes o mostraran material técnico. OpenAI niega querer secretos ajenos, pero no publicó comunicaciones, auditorías o registros que refuten esos episodios concretos.
Tres asuntos siguen abiertos:
- Qué archivos consultó o descargó Liu después de dejar Apple, dónde terminaron y quién tuvo acceso a ellos.
- Qué información recibieron Tan y otros reclutadores de candidatos que aún trabajaban en Apple.
- Si algún documento, dato de proveedores o conocimiento protegido llegó a los sistemas de OpenAI o io Products e influyó en su hardware.
The Verge describió la publicación como un intento de llevar el caso al tribunal de la opinión pública. La distinción es útil. OpenAI logró mostrar contradicciones y contexto omitido en la versión de Apple, pero el juez no decidirá con base en una entrada de blog.
Apple amplía la investigación a 11 exempleados adicionales
Mientras OpenAI hacía públicos sus mensajes, Apple elevó la presión procesal. El 3 de agosto pidió una orden preliminar para impedir que OpenAI, Liu y Tan accedan, adquieran, usen o divulguen la información que la compañía considera secreta durante el litigio. También solicitó descubrimiento acelerado, es decir, obtener documentos y testimonios antes del calendario ordinario del caso.
Apple quiere interrogar bajo juramento a Liu y Tan, a la empleada de OpenAI Yu-Ting Peng, a otro trabajador no identificado que antes estuvo en Apple y a representantes corporativos de OpenAI e io Products. Reuters informó que la compañía sostiene que sufrirá un daño irreparable si el juez no concede la medida.
Un escrito citado por TechCrunch añade un dato nuevo: la investigación interna de Apple identificó a 11 exempleados adicionales, aparte de Liu y Tan, que podrían ser testigos o estar vinculados con los hechos. Esa formulación no significa que los once estén acusados de robar información.
Apple incluyó tres ejemplos para justificar una revisión más rápida:
- Un exempleado habría conversado con Liu y Peng antes de la entrevista de ella en OpenAI sobre información propietaria relacionada con productos sin anunciar.
- Otro habría tomado capturas de documentos confidenciales sobre un producto no anunciado antes de entrevistarse con OpenAI.
- Varios exempleados que ahora trabajan en OpenAI contactaron a Apple después de la demanda para hablar sobre la devolución de dispositivos corporativos que conservaron al salir.
Todas son alegaciones de Apple. OpenAI las considera vagas y acusa a Apple de cambiar el relato a medida que avanza el caso. La fase de descubrimiento permitirá contrastar si esos indicios forman un patrón o si Apple está juntando episodios distintos bajo una misma teoría.
La orden solicitada apunta al uso de información, no a ChatGPT en el iPhone
Una orden preliminar no resolvería quién tiene razón en el juicio. Su función sería limitar conductas mientras las partes intercambian pruebas. El alcance exacto dependerá de lo que conceda el juez: Apple pide bloquear el acceso y uso de sus secretos, no una prohibición general para que OpenAI desarrolle cualquier dispositivo.
La medida sí podría retrasar el programa de hardware si obliga a OpenAI a revisar equipos, repositorios, proveedores y decisiones de ingeniería para separar cualquier material cuestionado. Esa amenaza explica por qué la disputa ya pasó de comunicados breves a mensajes privados publicados en internet.
El pleito tampoco busca retirar ChatGPT del iPhone. La demanda se concentra en el hardware y en el presunto uso de información confidencial; el acuerdo que integra ChatGPT con los productos de Apple no forma parte de las reclamaciones.
Los mensajes obligan a Apple a defender mejor su cronología, pero no exoneran a OpenAI. La disputa se concentrará en lo que todavía no es público: registros de acceso, archivos descargados, dispositivos retenidos y comunicaciones internas de los equipos que diseñan el primer hardware de OpenAI.