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La IA espacial ya procesa datos en órbita, pero aún no controla las megaconstelaciones

China y NASA ya prueban IA en órbita. Escalarla exige resolver seguridad, control humano y responsabilidad.

por Patricia Rodriguez
A satellite orbiting Earth, showcasing the Mediterranean Sea and surrounding continents.
Foto de Zelch Csaba en Pexels

TL;DR:

  • China tiene 12 satélites de cómputo que procesan información y ejecutan modelos de IA directamente en órbita.
  • Zhejiang Lab proyecta alrededor de 1,000 satélites para 2032, mientras ADAspace plantea una infraestructura de 2,800 para 2035.
  • Las pruebas de NASA demuestran autonomía limitada, pero entregar a la IA el control de redes completas exige nuevas reglas, pruebas y sistemas de seguridad.

La inteligencia artificial ya filtra imágenes, selecciona observaciones científicas y coordina tareas a bordo de satélites. China llevó esa idea a escala de constelación con 12 aparatos lanzados en mayo de 2025, mientras NASA prueba decisiones autónomas que se ejecutan en segundos. Pero de ahí a permitir que un modelo administre miles de naves existe una distancia considerable: las grandes redes anunciadas siguen sin construirse y la industria aún debe resolver seguridad, responsabilidad legal y los límites del control humano.

Doce satélites convierten la computación orbital en hardware real

El avance más concreto está en la constelación de cómputo Three-Body, impulsada por Zhejiang Lab y socios como la empresa aeroespacial ADAspace. Su primer grupo de 12 satélites despegó el 14 de mayo de 2025 desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, a bordo de un cohete Long March 2D.

Xinhua presenta el despliegue como la primera constelación operativa dedicada al cómputo espacial. China Daily, con base en cifras proporcionadas por los responsables del proyecto, le atribuye una capacidad conjunta de 5 petaflops, equivalente a 5,000 billones de operaciones de punto flotante por segundo.

Hasta julio de 2026, el proyecto reportaba:

  • 20 modelos de IA desplegados en los satélites.
  • Un modelo de percepción remota con 8,000 millones de parámetros.
  • Enlaces láser y de microondas para intercambiar información entre aparatos.
  • Capacidad para actualizar modelos remotamente desde tierra.
  • Pruebas de detección autónoma de incendios, monitoreo de cultivos y seguimiento de contaminación atmosférica.
"Por eso la IA debe llevarse al espacio", dijo Li Chao, ingeniero jefe de la iniciativa en Zhejiang Lab.

Li calcula que un solo satélite de observación puede producir alrededor de 0.1 petabytes diarios. Si más de 3,000 aparatos de este tipo operan en 2032, generarían unos 300 petabytes cada día. Es una estimación del propio proyecto, pero ilustra el cuello de botella: enviar todo ese material a estaciones terrestres para procesarlo resulta lento y consume un ancho de banda limitado.

La propuesta es analizar las imágenes donde nacen. El satélite puede descartar capturas inútiles, reconocer un incendio o identificar contaminación antes de transmitir únicamente el resultado relevante.

La palabra IA reúne sistemas muy diferentes

Que un modelo funcione en órbita no significa que tenga libertad para pilotar una nave. Buena parte de la autonomía espacial existente se concentra en tareas delimitadas, probadas previamente y sujetas a reglas estrictas.

NASA lo demostró con Dynamic Targeting, una tecnología probada en el CubeSat CogniSAT-6. El sistema observó hasta 500 kilómetros por delante de su trayectoria, analizó imágenes para reconocer nubes y decidió hacia dónde apuntar el instrumento. Todo el proceso tomó entre 60 y 90 segundos, sin intervención humana.

La agencia también probó autonomía distribuida con los satélites Starling. El software permitió que varias naves compartieran su estado, planearan acciones, corrigieran problemas operativos y distribuyeran actualizaciones entre ellas. Es un antecedente directo de lo que necesitaría una constelación que ya no pueda depender de operadores tomando cada decisión desde tierra.

ADAspace avanzó por otra ruta. Xinhua señala que la compañía instaló el modelo general Qwen3 en su centro orbital de cómputo durante noviembre de 2025. El experimento demuestra que un modelo de lenguaje puede ejecutarse en una red espacial, pero el reporte no indica que Qwen3 controle la navegación, evite colisiones o reasigne recursos de la constelación.

Satélite con paneles solares sobre la superficie de la Tierra
Imagen conceptual de un satélite capaz de procesar información directamente en órbita · Foto de SpaceX en Pexels

Miles de satélites aparecen en los planes, no en la órbita

Las cifras más llamativas corresponden a hojas de ruta futuras y deben leerse como metas de sus promotores:

  • Zhejiang Lab planea llegar a unos 100 satélites en 2027 y a una red cercana a 1,000 aparatos en 2032. Li estima que esa escala permitiría observar cualquier punto del planeta aproximadamente cada tres minutos.
  • ADAspace proyecta una red comercial de 1,000 satélites para 2030 y el despliegue completo de 2,800 aparatos en 2035, conectados con más de 100 centros de datos terrestres.

Los reportes citados no explican con precisión si ambas hojas de ruta representan fases del mismo programa, redes complementarias o planes parcialmente superpuestos. Tampoco detallan todos los contratos de lanzamiento, fuentes de financiamiento y capacidades de fabricación necesarias para cumplir esos calendarios.

⚠️
China tiene 12 satélites de cómputo en órbita. Las cifras de 100, 1,000 y 2,800 aparatos son metas anunciadas por Zhejiang Lab y ADAspace, no redes ya desplegadas.

Darle autonomía a una red exige algo más que potencia

Martin Halliwell, socio de NewSpace Capital y antiguo director de tecnología de SES, planteó en una columna para Space.com que las constelaciones de cientos o miles de satélites ya no pueden administrarse con el mismo modelo humano utilizado para unas cuantas naves.

Una IA podría ajustar haces de comunicación, redistribuir capacidad, detectar fallas y responder a cambios en la demanda. El problema aparece cuando una decisión sale mal. Si un sistema apunta una señal hacia el lugar equivocado, interfiere con otro servicio o provoca daños, la responsabilidad podría repartirse entre el operador, el fabricante y el proveedor del software.

Antes de conceder mayor control a estos sistemas, la industria debe resolver varios puntos:

  • El hardware y los modelos deben funcionar de forma confiable bajo las condiciones térmicas y ambientales del espacio.
  • Los enlaces entre satélites necesitan suficiente velocidad y tolerancia a fallas para sostener el procesamiento distribuido.
  • Cada misión debe establecer qué decisiones puede tomar el sistema y cuáles requieren autorización humana.
  • Los operadores necesitan pruebas reproducibles, mecanismos de recuperación y registros que permitan auditar cada acción.
  • La ciberseguridad debe proteger modelos, comandos y datos sensibles frente a accesos no autorizados.
  • Los costos de lanzamiento, fabricación masiva y reemplazo de satélites deben encajar en un negocio sostenible.

Halliwell señala que muchos operadores aceptan que la IA recomiende acciones, pero menos compañías están dispuestas a dejarla mover capacidad o modificar una red sin aprobación humana. La adopción, por tanto, apunta a una autonomía escalonada.

La promesa global depende de quién controle la infraestructura

Liu Yaoqi, presidente de la empresa china Comospace, sostuvo ante Global Times que la computación orbital podría ampliar el acceso a recursos de IA en regiones alejadas de centros de datos y redes terrestres. Esa posibilidad todavía depende de terminales en tierra, espectro disponible, permisos, estándares compatibles y condiciones comerciales que permitan utilizar el servicio.

Para México y América Latina, el beneficio más cercano estaría en recibir con mayor rapidez alertas de incendios, datos agrícolas, mediciones de contaminación e información sobre emergencias. Si el satélite procesa primero la observación, puede transmitir una alerta compacta en lugar de esperar a descargar grandes archivos para analizarlos.

La misma velocidad tiene implicaciones estratégicas. Mathieu Luinaud argumentó en Via Satellite que las constelaciones distribuidas ofrecen observaciones más frecuentes, reducen los puntos únicos de falla y pueden convertir imágenes en información utilizable aun cuando el enlace terrestre esté congestionado o bajo ataque. Esa capacidad sirve para atender desastres, pero también puede acortar los tiempos de inteligencia y decisión militar.

El beneficio inmediato de la IA espacial ya puede medirse: menos datos inútiles enviados a tierra y respuestas más rápidas ante observaciones concretas. El control autónomo de miles de satélites requerirá otra escala de validación. Los 12 aparatos desplegados prueban que el procesamiento orbital funciona; las megaconstelaciones continúan sobre el papel.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Solo puedo decir que soy una apasionada con todo lo que tiene que ver con el mundo Digital me encanta todo lo que es escritura, IA, Ediciones de Video Reels y más. Me considero una persona "DIVERGENTE"

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