TL;DR:
- Un estudio publicado el 3 de agosto de 2026 en Nature Geoscience concluye que la fuga de Agulhas, el paso de agua salada del Índico al Atlántico por el sur de África, se desconectó de la AMOC durante el Plioceno tardío.
- Entre hace 3.6 y 3.3 millones de años esa fuga se redujo casi hasta apagarse y la circulación atlántica, en lugar de debilitarse como predice el manual, se intensificó.
- En la simulación que acompaña a los datos, esa intensificación equivale a pasar de 10.94 a 11.78 Sv, una diferencia de 0.84 Sv.
Un estudio publicado el 3 de agosto de 2026 en Nature Geoscience desmonta uno de los mecanismos más citados de la circulación de vuelco del Atlántico. Durante décadas se enseñó que la fuga de Agulhas, el agua cálida y salada del océano Índico que entra al Atlántico rodeando Sudáfrica, aporta la sal que necesita el Atlántico Norte para hundir agua y mantener la corriente en marcha. El equipo que dirige Suning Hou, de la Universidad de Utrecht, reconstruyó el Plioceno tardío con microfósiles y biomarcadores de dos perforaciones oceánicas y encontró lo contrario. Entre hace 3.6 y 3.3 millones de años la fuga se redujo hasta acercarse a un apagón, según los investigadores, y la AMOC se fortaleció en ese mismo tramo. El artículo es de acceso abierto.
Un índice de microfósiles ubica el frente que abre y cierra el paso
La cantidad de agua del Índico que consigue colarse al Atlántico depende de dónde esté el frente subtropical del océano Austral. Si el frente se corre hacia el sur, el pasillo se ensancha; si sube hacia el norte, se estrecha. El equipo no midió corrientes que desaparecieron hace millones de años, sino su rastro.
Ese rastro son los quistes de dinoflagelados, microfósiles de plancton cuyas especies cambian según la masa de agua. En el sitio U1475 del programa internacional de perforación oceánica, sobre la meseta de Agulhas, a 2,669 metros de profundidad, analizaron 112 muestras de palinología y construyeron un índice de posición del frente con la proporción entre especies del norte y del sur. Un segundo juego de muestras aportó la temperatura del mar mediante biomarcadores orgánicos, y un tercero repitió el ejercicio en el sitio 625, en el norte del golfo de México, donde nace la corriente que alimenta el Atlántico Norte.
El cuadro que sale de ahí tiene fecha. A partir de hace unos 3.4 millones de años el frente migró al norte, la región de Agulhas se enfrió unos 3 °C y el sitio U1475 quedó bajo condiciones subpolares, con especies que hoy solo aparecen alrededor de la península antártica. Ese es el momento de mínima fuga.

La intensificación que sostiene el titular vale 0.84 Sv
El artículo apoya su interpretación en simulaciones previas con el modelo IPSL-CM5A, que compara dos momentos del Plioceno tardío. Estas son las dos escenas y la fuerza de la corriente en cada una.
| Escenario simulado | CO2 de la simulación | Frente subtropical | AMOC simulada |
|---|---|---|---|
| mPWP, hace unos 3.2 millones de años | 400 ppm | más al sur, fuga máxima | 10.94 Sv |
| MIS M2, hace unos 3.3 millones de años | 220 ppm | más al norte, fuga mínima | 11.78 Sv |
La AMOC del escenario frío supera a la del cálido por 0.84 Sv, alrededor de un ocho por ciento. Es la dirección lo que contradice al manual, porque con menos sal entrando por el sur la corriente debería haber perdido fuerza y ganó. La magnitud, en cambio, conviene tenerla a la vista: sale de una sola familia de simulaciones y el propio texto advierte que las comparaciones entre modelo y datos del pasado piden cautela cuando la diferencia es pequeña.
Los sedimentos aportan una segunda señal que sí es transversal. En los tres sitios del Atlántico, la separación entre dos termómetros químicos distintos se abre alrededor de hace 3.4 millones de años, y esa separación indica que la termoclina, la frontera entre el agua templada de arriba y la fría de abajo, se elevó en toda la cuenca a la vez. Es lo que se espera cuando la formación de agua profunda se intensifica y se desplaza hacia latitudes más bajas.
El propio artículo deja abierta una segunda explicación
El resumen del hallazgo se lee como un desmentido limpio del papel de Agulhas. El texto original es más cauto. Los autores enumeran dos lecturas posibles de su propio resultado: que el movimiento del frente no produjera cambio alguno en la fuga, o que la variabilidad de la fuga no quedara registrada en el sitio del que se esperaba que la registrara, en la zona de afloramiento de Benguela. No resuelven cuál de las dos es.
Hay más letra chica en la parte instrumental. Uno de los dos termómetros químicos, el TEX86, no entrega una señal fiable en ninguno de los dos sitios, así que la reconstrucción de temperatura se apoya solo en el otro. Y los datos salieron de tres laboratorios distintos, con desfases que el equipo tuvo que corregir restando 0.024 unidades a un conjunto y 0.05 al otro para poder juntarlos en un registro único.
Hou lo resume en una frase: «La AMOC puede seguir fuerte aunque la fuga de Agulhas se debilite». Describe un mundo que no es el nuestro. En el Plioceno tardío el casquete de Groenlandia era más pequeño que hoy, el nivel del mar más alto y no existía el aporte de agua dulce del Ártico que preocupa a los modelos actuales.
Lo que queda en pie tiene consecuencias prácticas. Si la sal que llega desde el sur no es la palanca que se creía, las evaluaciones de riesgo de la AMOC tienen que apoyarse más en lo que pasa dentro del Atlántico Norte, que es justo donde se concentran las mediciones que llevan dos décadas registrando su debilitamiento.