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Un fósil argentino adelanta 90 millones de años el parto, pero su propia marca ósea no lo prueba

Un cinodonte de 236 millones de años de Argentina conserva una marca ósea de nacimiento: pesó 1.68 kg al nacer, un 14% de su masa adulta. El estudio adelanta la viviparidad hasta 95 millones de años, pero esa marca no distingue parto de eclosión y tres especialistas ajenos piden más evidencia.

por Alejandro Castillo Leone
A scientist in a lab coat using a microscope for research in a laboratory setting.
Foto de Artem Podrez en Pexels

TL;DR:

  • Un fósil de Chiniquodon theotonicus de 236 millones de años, hallado en el noroeste de Argentina, conserva en el fémur y la ulna una marca de crecimiento asociada al nacimiento.
  • El animal habría pesado 1.68 kilogramos al nacer y 11.99 al morir, un 14.04% de su masa máxima, proporción que lo agrupa con los mamíferos placentarios frente a 1,869 mamíferos, 2,619 reptiles y 782 aves actuales.
  • El propio estudio admite que esa marca no permite distinguir por histología un nacimiento de una eclosión, y tres de los cuatro especialistas ajenos consultados por la prensa científica piden más evidencia.

Un fósil de 236 millones de años recuperado en la Formación Chañares, en la provincia argentina de La Rioja, conserva en el fémur y en la ulna una marca microscópica que se forma en el momento de nacer. A partir de ella, un equipo del CONICET calculó que el cinodonte Chiniquodon theotonicus pesaba 1.68 kilogramos al nacer y 11.99 al morir: un 14.04% de su masa máxima, una proporción propia de los mamíferos placentarios y muy lejana de la que muestran reptiles, aves, marsupiales y monotremas. El trabajo, publicado el 13 de agosto de 2026 en Frontiers in Mammal Science, adelanta entre 90 y 95 millones de años el registro de la viviparidad en el linaje que conduce a los mamíferos. El mismo estudio aclara que esa marca no permite distinguir por histología un parto de una eclosión.

La marca del hueso no distingue nacer de salir de un huevo

Se llama línea neonatal y no es un anillo de crecimiento anual. Marca un cambio brusco en la velocidad a la que se deposita el hueso, porque el crecimiento se acelera de golpe apenas termina la vida intrauterina o dentro del huevo. Leandro Gaetano, primer autor del trabajo, lo explicó a Live Science con una imagen simple: dentro del huevo o del vientre hay poco espacio y el crecimiento es lento; al nacer o al eclosionar aparece espacio y el organismo crece muy rápido.

Ese es exactamente el problema. La línea se forma igual en los dos casos. El artículo lo dice sin rodeos: si la estructura es una línea neonatal o una línea de eclosión no puede distinguirse por histología. Todo el peso de la conclusión recae entonces sobre otra cosa, la comparación de masas corporales.

Lo que sí es excepcional es que la marca haya sobrevivido. La cavidad medular suele expandirse poco después del nacimiento y reabsorbe el tejido embrionario, así que rara vez se conserva en un adulto. En este ejemplar, catalogado como CRILAR-PV109, las cavidades medulares quedaron de un diámetro muy pequeño y hubo poca remodelación secundaria. Entre los sinápsidos no mamíferos solo se había reportado tejido embrionario en Ophiacodon retroversus, y en las 25 especies de cinodontes no mamíferos estudiadas antes por histología no había aparecido ninguno.

Detailed microscopic view of plant cell structure showing vibrant colors and patterns.
Imagen ilustrativa de una lámina delgada de hueso vista al microscopio, la técnica con la que se identificó la marca en el fósil argentino · Foto de Fayette Reynolds M.S. en Pexels

El argumento de peso está en 17.3 milímetros de fémur

La línea neonatal conserva la circunferencia que tenía el hueso al nacer. En el fémur de CRILAR-PV109 mide 17.3 milímetros, contra 35.81 en la superficie externa. El equipo convirtió esas dos cifras en dos pesos con tres ecuaciones que Anyonge publicó en 1993, construidas a partir de carnívoros actuales: una general, una para félidos y una para cánidos. La de cánidos devolvió un valor casi del doble para la cría, y los autores advierten que probablemente no sirve para individuos muy pequeños.

Los propios investigadores enumeran los límites del método. Los carnívoros modernos pueden no ser buenos análogos por diferencias de proporciones corporales, y no existen ecuaciones que relacionen circunferencia femoral y masa teniendo en cuenta el crecimiento, porque las disponibles se construyeron con adultos. Su defensa es que cualquier sesgo afectaría por igual al peso al nacer y al peso al morir, de modo que la proporción entre ambos se sostiene aunque los valores absolutos se muevan.

Con esa proporción hicieron la comparación decisiva. La contrastaron con 1,869 mamíferos, 2,619 reptiles no avianos y 782 aves vivas, y aplicaron un análisis discriminante y una prueba de vecinos más cercanos. En todos los casos el fósil quedó agrupado con los placentarios. La tabla siguiente resume por qué, tomando, cuando el dato existe, animales de peso adulto comparable al del cinodonte:

Grupo Peso adulto comparado Cría al nacer o eclosionar
Chiniquodon theotonicus (estimado) 11.99 kg 14.04% de la masa adulta
Mamíferos placentarios 8 a 15 kg algunas crías, cerca del 20%
Aves como grullas y buitres 8 a 21.5 kg 1.3% a 4.5%
Reptiles no avianos 8 a 14.5 kg 0.1% a 0.6%
Marsupiales y monotremas sin acotar por peso la mayoría, menos del 0.15%

El equipo cruzó el resultado con una segunda vía: calculó el cráneo que habría tenido la cría, entre 40 y 50 milímetros, y encontró que coincide con los dos cráneos más pequeños conocidos de la especie, los ejemplares MCZ 4296 y PVL 4675. Ahora los propone como perinatos, es decir, ejemplares de muy pocos días.

Estimar el cuerpo entero de un animal extinto a partir de un solo hueso es un ejercicio que ya trajo problemas recientes en otra rama del árbol.

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Los especialistas que no firmaron el estudio piden más evidencia

Cuatro paleontólogos ajenos a la investigación fueron consultados por Science News y Live Science. Ninguno declaró resuelto el asunto.

La más dura fue Eva Hoffman, del Museo Americano de Historia Natural, que estudia la evolución de los cinodontes:

Haría falta evidencia sólida para demostrar la viviparidad.

Hoffman agregó que no la ha visto en ningún cinodonte no terio. Su objeción tiene un peso particular: es la autora del estudio publicado en Nature en 2018 que describió un adulto de Kayentatherium wellesi junto a 38 crías, el hallazgo que hasta ahora anclaba la discusión sobre cómo se reproducían estos animales.

Emily Rayfield, paleobióloga de la Universidad de Bristol, fue más receptiva pero igual de cauta: dijo que el hallazgo «no es la prueba definitiva», aunque apunta a que daban a luz crías vivas, y añadió que su lectura es que el parto apareció antes de lo que se creía y que todavía hace falta mucha más evidencia para asegurarlo. Randall Irmis, de la Universidad de Utah, señaló que harán falta más fósiles para poner a prueba las dos hipótesis que abre el trabajo. Anne Weil, de la Universidad Estatal de Oklahoma, fue la única que no pidió pruebas adicionales: dijo que no le sorprendió, dada la variedad de estrategias reproductivas que conviven hoy entre los vertebrados, y apuntó una ventaja evolutiva concreta, que un huevo no puede huir de un depredador y una cría sí.

El propio Gaetano coincide en el diagnóstico. Ante ambos medios repitió que esto podría ser evidencia de un cambio general del huevo al parto temprano en el linaje de los mamíferos, pero que hace falta más evidencia para sostenerlo.

Dos escenarios evolutivos que la parsimonia no separa

Si Chiniquodon theotonicus fue vivíparo, el árbol admite dos lecturas que cuestan exactamente lo mismo. En la primera, la tradicional, poner huevos es la condición ancestral de los mamíferos y la viviparidad apareció por separado dos veces: en este cinodonte y, mucho más tarde, en los terios. En la segunda, apareció una sola vez, temprano, entre los probainognatios del Triásico, y los monotremas actuales, como el ornitorrinco y los equidnas, representan una vuelta atrás a la puesta de huevos. El artículo no puede elegir entre las dos.

El resto del registro tampoco dibuja una línea limpia. En 2026 se describió en PLOS ONE el primer embrión de un sinápsido no mamífero, un Lystrosaurus conservado dentro del huevo hace unos 250 millones de años, evidencia directa de oviparidad. Y las 38 crías de Kayentatherium wellesi, de hace unos 196 millones de años, dan una proporción de 0.01% respecto al adulto: la prueba de vecinos más cercanos las clasificó siempre como reptil no aviano. Tres ramas del mismo linaje, tres respuestas distintas.

Lo que falta para cerrar la discusión es material: más huesos de cinodontes con tejido embrionario preservado, algo que no apareció en 25 especies revisadas. Mientras tanto, el resultado firme del trabajo no es la fecha del primer parto, sino que dos cráneos diminutos guardados en Harvard y en el Instituto Miguel Lillo quedaron propuestos como recién nacidos.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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