El Nikkei rompe los 70.000 y la bolsa asiática marca récords mientras la Fed de Warsh apunta a una subida
Tokio y Seúl tocaron récords esta semana; la Fed de Warsh dejó las tasas sin cambio pero abrió la puerta a un alza.
TL;DR:
- El Nikkei 225 superó por primera vez los 70.000 puntos el martes, después de que el Banco de Japón subiera su tasa al 1%; cerró en récord el miércoles.
- La Fed mantuvo las tasas en 3,5%-3,75% en el estreno de Kevin Warsh, pero sus proyecciones apuntan a una posible alza en 2026 y eliminó la guía futura.
- Wall Street cayó —S&P 500 -1,2%, Nasdaq -1,3%, Dow unos -506 puntos— y los operadores descontaron más de 90% de probabilidad de un alza hacia octubre.
La bolsa asiática vivió una semana de récords justo cuando la Reserva Federal cambió el tono. El Nikkei 225 japonés superó por primera vez los 70.000 puntos el martes 16 de junio y cerró en un nuevo máximo el miércoles, mientras el Kospi surcoreano encadenaba marcas históricas al calor del auge de los chips para inteligencia artificial. Horas más tarde, en Washington, el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, dejó las tasas sin cambio en su primera reunión, pero abrió la puerta a subirlas este año. Wall Street lo leyó como un viraje restrictivo y cerró en rojo. El resultado: las plazas exportadoras de Asia —y un yen que vuelve a acercarse a la zona de intervención— quedan frente a un costo del dinero global que ya no apunta a la baja.
Tokio y Seúl rompen techos que parecían inalcanzables
El salto japonés fue vertical. El Nikkei 225 marcó un máximo intradía de 70.020,68 puntos el martes, antes de moderar el avance y cerrar cerca de 69.405. El miércoles remató con un cierre récord en torno a 69.900, empujado por los datos de comercio exterior: las exportaciones niponas crecieron 17% interanual en mayo, su mejor ritmo desde noviembre de 2022, con los autos y los semiconductores al frente. La marca de los 70.000 llegó rápido. El índice tardó menos de dos meses en escalar desde los 60.000, nivel que tocó por primera vez el 23 de abril.
Detrás del envión hay dos motores. Uno es la fiebre por la inteligencia artificial, que ha disparado a fabricantes de chips y de equipos en todo el mundo y arrastra a los pesos pesados tecnológicos de Tokio. El otro es la distensión en Oriente Medio: el acuerdo provisional entre Estados Unidos e Irán para reabrir el estrecho de Ormuz hundió el precio del crudo y aflojó la presión inflacionaria sobre un país que importa casi toda su energía. La firma del pacto está prevista para este viernes en Suiza, así que parte de ese alivio todavía depende de que el papel se concrete.
El movimiento tuvo un contrapunto que conviene no perder de vista. Mientras el Nikkei rozaba los 70.000, el Banco de Japón subió su tasa de referencia un cuarto de punto, hasta 1% desde 0,75%, su nivel más alto en cerca de tres décadas. La decisión no fue unánime: el miembro Toichiro Asada votó en contra, al considerar que los riesgos para el crecimiento y el empleo pesan más que los de inflación. Que la bolsa siga subiendo justo cuando encarece el crédito dice mucho del apetito por el riesgo que domina al mercado. El rally tampoco fue parejo en toda la región —Taiwán acompañó de la mano de sus fabricantes de chips, mientras Hong Kong se quedó rezagado.
En Seúl, el Kospi prolongó su propia racha de récords —el martes avanzó 2,1% hasta 8.726,60— de la mano de los semiconductores. El nombre que concentra las miradas es SK Hynix, segundo mayor fabricante de memorias del mundo y principal proveedor de los chips de alto ancho de banda que alimentan los centros de datos de IA. La compañía prepara una cotización en Estados Unidos vía Recibos de Depósito Americanos (ADR) tan pronto como agosto. Según Reuters, la operación podría recaudar hasta 14.000 millones de dólares, aunque la firma aclara que ni el tamaño ni la fecha están cerrados. La aprobación de la SEC se espera la semana del 22 de junio.
El estreno de Warsh trae un giro restrictivo
El miércoles, la Reserva Federal mantuvo su tasa de referencia en el rango de 3,5% a 3,75% por cuarta reunión seguida, en la primera cita presidida por Kevin Warsh, confirmado por el Senado el 13 de mayo en reemplazo de Jerome Powell. El dato no estuvo en la tasa, sino en las proyecciones: nueve de los 18 funcionarios que entregaron pronósticos ven el costo del dinero por encima del rango actual al cierre de 2026, y solo uno anticipa un recorte. Hace apenas tres meses, la mediana del comité apuntaba a una baja. El propio Warsh, crítico de larga data de estas proyecciones, no presentó la suya.
Warsh acompañó el giro con un cambio de estilo: un comunicado más corto, sin la "guía futura" que la Fed solía dar al mercado, y el anuncio de cinco grupos de trabajo para revisar desde la comunicación hasta el marco de inflación del banco. El telón de fondo es incómodo. El índice de precios al consumidor subió 4,2% interanual en mayo, su nivel más alto desde abril de 2023, con la energía encarecida por el conflicto en Irán. En su primera conferencia, Warsh insistió en el objetivo de 2%:
"El compromiso de cumplir es firme, unánime e inequívoco, y creo que ese es un mensaje importante que extrañamos durante cinco años. Lo vamos a arreglar." — Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal
Wall Street castiga el mensaje
La reacción fue inmediata. Tras la conferencia, los índices borraron las ganancias y cerraron a la baja: el S&P 500 perdió 1,2%, el Nasdaq Composite cedió 1,3% y el Dow Jones retrocedió unos 506 puntos. El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años, referencia para el crédito al consumo, trepó cerca de 4,5%. En el mercado de futuros, los operadores pasaron a descontar más de 90% de probabilidad de una subida antes de octubre, según la lectura posterior a la reunión; la herramienta FedWatch de CME reflejó ese salto durante la jornada.
Desde París, Donald Trump —que nominó a Warsh con la esperanza de tasas más bajas— le restó dramatismo. Calificó la decisión de "todo bien, da igual" y dijo que una subida le parece "difícil de creer". El contraste resume la posición incómoda del nuevo presidente: casi todo su comité mira hacia un alza que el mandatario que lo eligió no quiere ver.
El yen se acerca otra vez a la zona de intervención
La otra cara del giro de la Fed es la moneda. El yen cotizaba en torno a 160,4-160,8 por dólar el miércoles, presionado pese a la subida del Banco de Japón y a los buenos datos de exportación. La causa es vieja conocida: el carry trade —endeudarse en yenes baratos para invertir en activos de mayor rendimiento— sigue siendo atractivo mientras la brecha de tasas entre Japón y Estados Unidos sea ancha, y un mensaje más restrictivo desde Washington solo la ensancha.
El nivel importa porque está cerca del que obligó a Tokio a actuar. A finales de abril, cuando el dólar superó la sensible barrera de los 160 yenes, el Ministerio de Finanzas intervino por primera vez desde julio de 2024. El mercado calculó un gasto de unos 35.000 millones de dólares en una sola jornada, y la propia cartera reconoció después haber destinado 11,73 billones de yenes —unos 73.000 millones de dólares— entre el 28 de abril y el 27 de mayo para sostener la divisa. Si el dólar vuelve a tensar ese techo, la pregunta es hasta dónde está dispuesto a llegar el nuevo equipo económico japonés.
El choque de esta semana deja una foto nítida. Asia llegó a su momento más alto justo cuando el banco central más influyente del mundo empezó a mirar hacia arriba en lugar de hacia abajo. Para el inversor de habla hispana, con carteras cada vez más expuestas a la cadena de la IA y a un dólar que se fortalece, la duda de fondo no es si Tokio o Seúl pueden tocar otro récord, sino cuánto aguanta un rally de chips si el dinero global se encarece y el petróleo —pendiente de la firma del viernes— vuelve a moverse. El próximo capítulo lo escribe la sesión que sigue, no la que acaba de cerrar.