Saltar al contenido

El G7 cierra en Évian con un nuevo enfoque de ayuda al desarrollo y promesas sobre deuda y ébola

El G7 acordó virar hacia la inversión privada y actuar sobre la deuda global y el brote de ébola en África central.

por Ana Ambriz
El G7 cierra en Évian con un nuevo enfoque de ayuda al desarrollo y promesas sobre deuda y ébola

TL;DR:

  • Los líderes del G7 adoptaron en Évian-les-Bains una declaración para sustituir el modelo de ayuda tradicional por "asociaciones mutuamente beneficiosas" basadas en inversión privada, con el respaldo de Kenia y Corea del Sur.
  • La ayuda oficial al desarrollo se desplomó 23.1% en términos reales en 2025, hasta 174,300 millones de dólares, con una caída de casi 57% en la aportación de Estados Unidos, según la OCDE.
  • Canadá anunció sanciones contra 162 personas, entidades y embarcaciones rusas, mientras un micrófono abierto captaba a Carney explicándole a Trump su tope de 49,000 autos eléctricos chinos.

La cumbre del G7 cerró este miércoles 17 de junio en Évian-les-Bains, Francia, con un paquete de declaraciones conjuntas que apunta a un cambio de rumbo en la cooperación internacional. Los líderes acordaron alejarse del modelo de ayuda de toda la vida para apostar por "asociaciones mutuamente beneficiosas" ancladas en la inversión privada; pidieron una respuesta coordinada al brote de ébola Bundibugyo en África central; y se comprometieron a actuar sobre la deuda de los países en desarrollo. En paralelo, un micrófono abierto captó al primer ministro canadiense, Mark Carney, explicándole al presidente estadounidense, Donald Trump, el acuerdo de Canadá para dejar entrar autos eléctricos chinos, y Ottawa anunció nuevas sanciones contra Rusia. El telón de fondo es claro: el dinero público para el desarrollo se está secando y el reparto del poder comercial y geopolítico se está reacomodando.

El giro hacia la inversión privada llega justo cuando la ayuda se desploma

La declaración —titulada, sin rodeos, "asociaciones internacionales mutuamente beneficiosas"— reconoce que el sistema de desarrollo necesita una actualización. El G7 admite que las políticas tradicionales lograron resultados, pero con un "impacto limitado en la reducción de la dependencia financiera de la asistencia externa". La apuesta ahora va por otro lado: movilizar capital privado, reforzar la apropiación nacional de los proyectos y ayudar a los países a financiarse por sí mismos.

El texto, respaldado por los países invitados Kenia y Corea del Sur, prioriza:

  • el uso estratégico de recursos concesionales solo donde de verdad hacen falta;
  • la movilización de capital privado mediante garantías, financiamiento mixto y reparto de riesgo;
  • la recaudación interna y mejores administraciones tributarias en los países socios;
  • nuevos corredores económicos y de infraestructura a través de la Alianza del G7 para la Infraestructura y la Inversión Globales (PGII).

El momento no es casual. Según la OCDE, la ayuda oficial al desarrollo cayó 23.1% en términos reales en 2025, hasta 174,300 millones de dólares, arrastrada por un recorte de casi 57% en la aportación de Estados Unidos y descensos más modestos de Alemania, Francia, Reino Unido y Japón. Dicho de otro modo: el G7 reescribe el manual de la ayuda en el mismo año en que el grifo del dinero público se cerró de golpe.

a large amount of cargo containers are stacked together
Photo by Yoav Aziz / Unsplash

No todos lo leen igual. Kevin Gallagher, director del Global Development Policy Center de la Universidad de Boston, subrayó que es la primera vez que el G7 reconoce de forma oficial los problemas de deuda de países pobres que quedaron fuera del marco vigente. Pero le ve una grieta: la declaración no atiende las necesidades urgentes que la guerra en Oriente Medio ya está provocando en el mundo en desarrollo.

Una deuda que el G7 quiere reestructurar antes de que estalle

El bloque también puso el foco en la deuda. Los líderes se comprometieron a intensificar los esfuerzos frente a las crecientes vulnerabilidades que, advierten, amenazan la estabilidad económica y reducen el margen fiscal para los servicios públicos esenciales. La pieza nueva: empujar en el G20 hacia un enfoque común para reestructurar la deuda de los países de ingreso medio que no califican para el Marco Común.

El Marco Común del G20 es el mecanismo creado durante la pandemia de COVID-19 para aliviar la deuda de los países más pobres. El problema es que deja afuera a buena parte de las economías de ingreso medio, hoy asfixiadas por el costo de su deuda. Eric LeCompte, director de la red de desarrollo Jubilee USA, lo resumió como una "reestructuración preventiva de la deuda": atender el problema antes de que se convierta en crisis.

El brote de ébola enciende las alarmas a semanas del Mundial

En una declaración aparte, el G7 pidió una respuesta global coordinada ante el rebrote del ébola Bundibugyo en la República Democrática del Congo y Uganda, una cepa poco común para la que las vacunas, pruebas y tratamientos existentes no resultan del todo eficaces. El llamado sumó el respaldo de Egipto, India, Kenia y Corea del Sur.

El brote se concentra en una zona aislada y golpeada por el conflicto en el este del Congo, lo que complica la contención. Sobre la mesa, los compromisos financieros ya anunciados:

  • Estados Unidos desplegó más de 370 millones de dólares en recursos sanitarios y humanitarios, con la promesa de hasta 500 millones adicionales específicos para el ébola y otros 650 millones para la región de los Grandes Lagos;
  • la Unión Europea aporta 493 millones de euros en ayuda de emergencia, vacunas y seguridad sanitaria, incluidos 84 millones de ayuda humanitaria inmediata;
  • el Plan Continental de Preparación y Respuesta moviliza 518 millones de dólares para los países africanos.

El G7 también respaldó el plan de reinicio humanitario de la ONU, que busca llegar a 87 millones de personas con ayuda vital en 2026, y recordó que sus miembros ya pusieron más de dos tercios de lo recaudado este año.

Y aquí entra el ángulo que pega cerca de la región: el comunicado advierte que millones de personas viajarán por negocios, turismo y para disfrutar del Mundial de 2026, organizado por Estados Unidos, Canadá y México. Los líderes se comprometieron a coordinar procedimientos de viaje, cuarentena y aislamiento para quienes hayan estado en las zonas afectadas, sin llegar a cerrar fronteras. Estados Unidos, además, convocará una reunión de cancilleres del G20 para sumar apoyo.

El micrófono abierto que destapó la diplomacia comercial de Carney

El momento más comentado de la cumbre no estaba en el guion. El 16 de junio, antes de un almuerzo de trabajo sobre Oriente Medio, un micrófono captó a Carney inclinándose hacia un Trump sentado para explicarle, con gestos incluidos, el acuerdo de Canadá con China sobre autos eléctricos.

"Menos del tres por ciento de nuestro mercado, 49,000 autos. Es un tope, lo limitamos, una línea dura. Pensé que de hecho te gustaría", se le escuchó decir a Carney. Trump respondió: "Eso es bueno. Me gusta".

El trasfondo: desde el 1 de marzo de 2026, Canadá dejó entrar hasta 49,000 autos eléctricos chinos al año con un arancel de 6.1%, en lugar del 100% que aplicaba desde octubre de 2024. Es cerca del 3% de su mercado. A cambio, Pekín redujo aranceles a productos agrícolas canadienses, sobre todo la canola. El detalle no es menor para Washington, que mantiene un arancel de 100% sobre los autos chinos y que, por boca del propio Trump, había criticado el pacto y amenazado con nuevos gravámenes para que Canadá no se convierta en "puerto de entrada" de vehículos chinos hacia Estados Unidos.

Para los lectores de la región hay una conexión directa: la conversación llega a las puertas del 1 de julio, cuando se abre la ventana de revisión del T-MEC (CUSMA), el tratado que une a México, Estados Unidos y Canadá. Los autos eléctricos chinos ya asoman como un nuevo punto de fricción en esa renegociación.

Canadá suma sanciones contra Rusia mientras el G7 cierra filas con Ucrania

En una reunión bilateral con el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, Carney anunció un nuevo paquete de sanciones contra 162 personas, entidades y embarcaciones vinculadas a la "flota fantasma" rusa, sus ingresos energéticos y sus sectores de defensa y desinformación. Con esto, Canadá acumula sanciones sobre más de 3,400 personas y entidades, y unas 600 embarcaciones, desde la invasión a gran escala, además de 2,800 millones de dólares en asistencia militar a Ucrania en 2026 y otros 270 millones anunciados el mes pasado.

Carney condenó el reciente ataque ruso contra Kiev, que alcanzó el histórico monasterio Kyiv Pechersk Lavra y que, según reportes, dejó al menos 11 muertos. Zelensky agradeció el apoyo y fue directo: "Rusia no está ganando, y tenemos que presionar a Putin para que termine esta guerra". Volvió a pedir más misiles Patriot y defensa aérea.

El gesto canadiense se enmarca en una postura común. Según fuentes diplomáticas francesas, los líderes del G7 —Trump incluido— reafirmaron su respaldo a Ucrania y coincidieron en endurecer la presión sobre Moscú, en especial sobre el petróleo ruso, una vez que se desbloquee el estrecho de Ormuz. El propio Trump dijo que "Rusia debería alcanzar un acuerdo" y deslizó que podría restablecer "pronto" las sanciones petroleras que Washington había aliviado tras el inicio de su ofensiva contra Irán.

El hilo que cose toda la cumbre es uno solo: con el dinero público estadounidense en retirada, el G7 apuesta por el capital privado y el control de daños —en deuda, en salud, en comercio— mientras la guerra en Ucrania y las tensiones arancelarias siguen poniendo a prueba su unidad. Para el público hispanohablante, dos frentes pegan especialmente cerca: la coordinación sanitaria de cara a un Mundial repartido entre México, Estados Unidos y Canadá, y una revisión del T-MEC que arranca el 1 de julio con los autos chinos ya sobre la mesa.

Fuentes: 1, 2, 3

Ana Ambriz imagen de perfil
por Ana Ambriz

Leer más de Política