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Al menos 50 policías fueron acusados por uso indebido de lectores de placas como Flock

El Washington Post documenta al menos 50 agentes acusados de usar lectores de placas para vigilancia personal.

por Patricia Rodriguez
Solar-powered surveillance camera with a clear blue sky backdrop, highlighting modern technology.
Foto de Will Freeman en Pexels

TL;DR:

  • The Washington Post identificó al menos 50 agentes acusados o con cargos por usar lectores automáticos de placas con fines no autorizados.
  • Flock apareció en 46 casos y en 26 de ellos las autoridades dijeron que los agentes vigilaron a parejas, exparejas u otras mujeres.
  • La empresa ofrece auditorías y filtros, pero varias protecciones dependen de que cada departamento decida activarlas.

Una investigación de The Washington Post identificó al menos 50 agentes de la ley en Estados Unidos que fueron acusados o enfrentaron cargos por usar lectores automáticos de placas con fines no autorizados. En 46 de los casos revisados apareció Flock, cuya red supera las 120,000 cámaras en más de 6,000 comunidades, según cifras entregadas por la compañía. El hallazgo documenta cómo una herramienta diseñada para investigar delitos terminó permitiendo que policías siguieran a parejas, exparejas y otras personas fuera de una pesquisa legítima.

El análisis revisó miles de páginas de documentos judiciales y reportes internos, además de entrevistas con siete víctimas. La cifra no representa únicamente casos de acoso romántico: incluye cualquier uso indebido de lectores automáticos de placas, tanto de Flock como de empresas rivales. Aun así, el patrón más repetido fue íntimo y difícil de denunciar, porque los agentes tenían una placa, un arma y acceso a información sobre los desplazamientos de otras personas.

Una red de vigilancia que creció más rápido que sus reglas

Los lectores automáticos de placas (ALPR) registran la matrícula de un vehículo y la relacionan con la imagen, la hora y el punto donde fue detectado. Flock convierte esas capturas en una base de datos consultable y permite reconstruir los recorridos de un auto cuando existen suficientes registros.

La plataforma también amplió las búsquedas. Sus funciones incluyen listas de vigilancia que avisan cuando aparece un vehículo y una herramienta de identificación por características, capaz de buscar un auto por su apariencia aunque el agente no conozca la matrícula. Documentos revisados por The Washington Post muestran que cada departamento decide quién obtiene credenciales y qué reglas internas aplica. Para una búsqueda ordinaria, el sistema no exige una orden judicial.

Flock dijo al diario que sus cámaras ya realizan 20,000 millones de lecturas de placas al mes. La compañía comenzó con pequeños contratos para instalar unidades en calles y estacionamientos, pero terminó conectando a departamentos de policía, asociaciones vecinales, comercios y otras organizaciones a una red que puede cruzar datos entre ciudades y estados.

El alcance de esa red y las dudas que genera su expansión ya habían sido revisados por FomoEra. Este nuevo reporte cambia el centro de gravedad: documenta qué ocurre cuando el acceso legítimo termina en manos de un agente que usa la base de datos para vigilar a una persona concreta.

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Las 100,000 cámaras de IA de Flock Safety rastrean autos, personas y sonidos en EE. UU. con leyes que nadie para.

De seguir a una expareja a revisar una clínica

De los casos analizados por The Washington Post, 46 involucraron el sistema de Flock y el resto correspondió a lectores de otros proveedores. En 26 casos, investigadores o fiscales señalaron que los agentes buscaron información sobre sus esposas, novias, exparejas, nuevas parejas de sus exparejas o mujeres a las que querían acercarse.

El informe documentó, entre otros, estos ejemplos:

  • En Jefferson, Georgia, el exjefe de policía Michael Steffman consultó las placas de Marci Bakely y de su hija adolescente unas 600 veces durante aproximadamente 13 meses. La Oficina de Investigación de Georgia lo arrestó en noviembre de 2025 por acecho, comunicaciones acosadoras, violación del juramento como funcionario público y múltiples cargos por uso indebido de sistemas ALPR. Murió en abril antes de que comenzara el juicio; las autoridades dijeron que se trató de un suicidio.
  • En Wisconsin, una declaración jurada policial alegó que un agente usó Flock para comprobar si su entonces pareja había acudido a una clínica para interrumpir un embarazo. Después, el agente le escribió que había verificado que no había ido, según el documento revisado por el diario.
  • En Florida, un agente añadió a una joven actriz a una lista de vigilancia de otro sistema de lectores de placas y aceleró para detenerla. El intento casi provocó una colisión frontal, de acuerdo con un reporte policial y el video de la cámara de su vehículo.

La tecnología también apareció como parte de campañas de control más amplias. En Kansas, los investigadores acusaron a un exagente de usar datos de un lector de placas para seguir a su esposa separada y a dos hombres que creía que estaban saliendo con ella. En el mismo caso, las autoridades alegaron que encontraron software de monitoreo instalado en la computadora de la mujer y una cámara oculta en el interruptor de luz de su dormitorio.

Las auditorías existen, pero muchas dependen de una casilla opcional

Flock respondió que los abusos representan una fracción pequeña de sus usuarios y que sus contratos limitan el sistema a investigaciones legítimas. La empresa también sostiene que los registros de auditoría ayudan a detectar a los responsables después de una búsqueda indebida.

En abril lanzó una función voluntaria de asistencia para auditorías. El sistema busca patrones como consultas repetidas sobre el mismo vehículo o búsquedas hechas fuera del horario laboral y envía avisos a supervisores. Un portavoz dijo al Post que solo aproximadamente una de cada cuatro agencias había activado esa herramienta.

La compañía también permite que cada departamento exija un número de caso penal antes de autorizar una consulta. Esa barrera tampoco es obligatoria. En los registros revisados por el diario, muchas búsquedas se justificaron con palabras sueltas como investigación, una explicación demasiado vaga para que un equipo de asuntos internos determine si existía una razón válida.

Flock presentó el caso de Albany, Georgia, como una muestra de que sus controles pueden funcionar. En un comunicado de julio, la empresa dijo que una auditoría de la policía local ayudó a identificar a cinco agentes que fueron despedidos y posteriormente arrestados por usar datos de lectores de placas con fines ajenos a investigaciones legítimas.

El problema aparece cuando los departamentos son quienes deciden si revisan los registros y qué nivel de detalle exigen. En Joplin, Missouri, el grupo local DeFlock Joplin reportó que 85 por ciento de las búsquedas tenía una justificación de una sola palabra y que menos de 3 por ciento estaba vinculado a un caso penal. Esos datos no describen a todos los departamentos del país, pero muestran el límite de una auditoría que existe en el sistema y no necesariamente se revisa.

El castigo cambia según el estado

La investigación encontró un mosaico de reglas. Trece estados tienen leyes que obligan a las policías a auditar el uso de lectores de placas y al menos ocho han convertido su uso indebido en un delito. La ausencia de una norma federal deja que la respuesta dependa de la agencia, del fiscal y de la ley estatal aplicable.

En Idaho, un exsheriff que había buscado varias veces al día la placa de su esposa después de que un fiscal presentara una denuncia en su contra no enfrentó cargos. El fiscal general del estado explicó que el uso indebido de lectores de placas no era un delito independiente y que no podía demostrar otro delito más allá de una duda razonable. El exsheriff renunció, pero el caso no produjo una condena.

Georgia sí contempla sanciones específicas para quien solicite o use datos de placas con falsas pretensiones o para un fin distinto de la investigación policial. Allí fue arrestado Steffman, aunque su muerte impidió que un tribunal determinara su responsabilidad penal.

El riesgo no termina en el poste que toma la fotografía. Flock convierte cada avistamiento en un historial consultable, y la protección de la intimidad depende de reglas locales, supervisores que revisen los registros y leyes que castiguen el abuso. En ese hueco, una herramienta vendida para investigar delitos puede terminar controlando a alguien que ni siquiera sabe que está siendo observado.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Solo puedo decir que soy una apasionada con todo lo que tiene que ver con el mundo Digital me encanta todo lo que es escritura, IA, Ediciones de Video Reels y más. Me considero una persona "DIVERGENTE"

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