TL;DR:
- Zhurong observó en Utopia Planitia una capa de rocas laminadas, rica en minerales hidratados, sobre una superficie de unos 760 millones de años.
- Un estudio en Nature Astronomy interpreta sus formas cristalinas como selenita, una variedad de yeso que habría precipitado directamente de agua salada.
- Los cristales podrían contener microbolsas de salmuera antigua, pero el rover no las detectó directamente ni encontró señales de vida.
El rover chino Zhurong encontró en el sur de Utopia Planitia una capa de cristales que un equipo internacional interpreta como una evaporita primaria, un depósito formado directamente a partir de agua salada. Las estructuras, publicadas el 29 de julio de 2026 en Nature Astronomy, serían cristales de selenita, una variedad de yeso. La superficie que los contiene tiene una edad estimada de 757 ± 66 millones de años, bastante más reciente que los antiguos ríos y lagos marcianos de hace miles de millones de años. Los autores calculan que el depósito necesitó el equivalente acumulado de una columna de agua de entre 6.25 y 25 metros, aunque la capa líquida presente en cada episodio probablemente midió cerca de un metro o menos. Su mayor promesa sigue sin comprobarse: los cristales podrían guardar diminutas inclusiones de la salmuera original.
Una capa de 5 a 10 centímetros cambia la cronología
Zhurong captó rocas planas ricas en minerales hidratados en distintos puntos de su recorrido. Las observaciones indican que alguna vez formaron una capa continua de 5 a 10 centímetros de espesor, ahora parcialmente expuesta por la erosión del viento. Dentro de esas rocas aparecen cristales tabulares de unos dos milímetros de grosor y hasta diez centímetros de extensión.
Los 757 ± 66 millones de años no proceden de una datación directa de los cristales. Corresponden a la edad de renovación de la superficie estimada para esa región mediante el conteo de cráteres. La cifra sitúa al depósito en el periodo Amazónico, pero no establece con la misma precisión cuándo creció cada cristal.
La geometría llamó la atención del equipo. Algunos cristales crecen en abanico; otros presentan patrones parecidos a espinas de pez o pequeños árboles de Navidad. Los investigadores combinaron esas formas con la información mineralógica y espectral de Zhurong y concluyeron que son compatibles con selenita euédrica, es decir, cristales de yeso que conservaron caras bien definidas durante su crecimiento.
El término evaporita primaria marca la diferencia. Describe un mineral que cristalizó directamente cuando una masa de agua salada se concentró por evaporación o congelación. Otros sulfatos hallados en Marte llenan fracturas, cementan sedimentos o registran alteraciones posteriores. En Utopia Planitia, los autores proponen que los cristales crecieron dentro de una masa somera de salmuera.

Los 25 metros no describen la profundidad de un lago
La cifra más llamativa del estudio necesita contexto. Los 6.25 a 25 metros representan la cantidad acumulada de agua necesaria para producir la capa de yeso, expresada como una columna equivalente. No significan que Zhurong haya descubierto la huella de un lago con 25 metros de profundidad.
El modelo planteado por los autores empieza bajo tierra. Una fuente de calor vinculada con actividad magmática habría derretido hielo y empujado agua salada hacia la superficie, de forma continua o durante varios episodios. Allí se habría formado un cuerpo de agua muy poco profundo, cubierto en gran parte por hielo.
Mientras la capa superior se congelaba y luego se perdía por sublimación en la atmósfera marciana, las sales se concentraban en el líquido restante. Ese proceso habría permitido que el yeso precipitara cerca del fondo. El equipo estima que la capa de agua líquida habría tenido alrededor de un metro o menos en un momento dado.
Ese escenario encaja con un Marte frío durante el periodo Amazónico, pero sigue siendo una reconstrucción. Zhurong observó el depósito y sus propiedades; no presenció el flujo de agua ni midió el proceso que lo formó hace cientos de millones de años.
Las microbolsas de salmuera todavía son una hipótesis
Los grandes cristales de selenita pueden atrapar pequeñas cantidades del líquido del que crecieron. En la Tierra, esas inclusiones fluidas funcionan como cápsulas químicas: conservan sales, gases y otros componentes de una solución antigua.
El artículo sostiene que los cristales marcianos probablemente contienen numerosas inclusiones microscópicas. Si existen y permanecen selladas, podrían revelar la composición de la salmuera y las condiciones del subsuelo de Marte durante el periodo Amazónico. Esa información ayudaría a evaluar si el ambiente reunía condiciones compatibles con la habitabilidad.
Zhurong no podía comprobarlo con los instrumentos que llevaba. El rover no abrió los cristales, no analizó líquido atrapado y no detectó microorganismos ni biofirmas. Confirmar esas inclusiones exigiría examinarlas de cerca con instrumentos capaces de estudiar su interior o recuperar una muestra. La posibilidad biológica nace del valor del archivo mineral, no de una señal de vida encontrada en Utopia Planitia.
Spirit y Zhurong responden preguntas distintas
El resultado completa, pero no sustituye, otras líneas de evidencia sobre el agua marciana. El reanálisis de Spirit y los mapas probabilísticos de hielo ya separaban tres niveles de certeza: minerales alterados por agua en el pasado, hielo que podría estar enterrado hoy y modelos de humedad microscópica que aún deben comprobarse.
Spirit identificó hematita cristalina y magnetita alterada al combinar mediciones de 32 sitios del cráter Gusev. Ese trabajo indica que el agua participó en la transformación química del suelo, pero no reconstruye por sí solo una masa de agua concreta. Zhurong aporta otra clase de pista: un depósito que, según la interpretación del nuevo estudio, cristalizó directamente de una salmuera sobre una superficie mucho más joven.
Los mapas SWIM miran al presente y a las futuras misiones humanas. Usan datos orbitales para calcular la probabilidad de encontrar hielo bajo la superficie, no para localizar lagos actuales. Juntas, las tres aproximaciones describen etapas y estados distintos del agua de Marte; mezclarlas produciría una certeza que ninguna ofrece por separado.
La novedad de Utopia Planitia está en acercar la actividad acuosa superficial a una etapa relativamente reciente de la historia marciana y en señalar un posible archivo químico que todavía podría conservarse. Hasta que una misión examine el interior de esos cristales, el hallazgo seguirá siendo evidencia de un antiguo sistema de salmuera, no una muestra de agua marciana ni una prueba de vida.