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A la Tierra le quedan 1,000 millones de años: el plan es tapar el Sol y encender otro en Júpiter

El brillo creciente del Sol sacará a la Tierra de la zona habitable dentro de unos 1,000 millones de años. Un trabajo publicado en el Journal of the British Interplanetary Society propone siete obras de megaingeniería para evitarlo: una sombrilla de 350,000 kilómetros de radio, reactores de fusión d

por Patricia Rodriguez
A stunning view of Earth at sunrise from space, highlighting cosmic beauty.
Foto de Zelch Csaba en Pexels

TL;DR:

  • El investigador independiente Gabriel Harry publicó en el Journal of the British Interplanetary Society siete obras de megaingeniería para conservar habitable la Tierra después del fin del Sol.
  • Incluyen una sombrilla de 350,000 kilómetros de radio, reactores de fusión dentro de Júpiter y 8.2 toneladas anuales de antimateria inyectadas hacia el núcleo terrestre.
  • El plazo que importa no es el de la gigante roja: la zona habitable abandona la órbita terrestre dentro de unos 1,000 millones de años.

La Tierra tiene fecha de caducidad y no es la que suele citarse. Dentro de unos 1,000 millones de años el aumento del brillo solar sacará al planeta de la zona habitable, mucho antes de que el Sol se convierta en gigante roja. Con ese plazo como punto de partida, el investigador independiente Gabriel Harry publicó en el número de julio del Journal of the British Interplanetary Society un conjunto de siete obras de megaingeniería para que una civilización futura no tenga que mudarse de sistema solar: una sombrilla que tape al Sol, un sol artificial alimentado por fusión dentro de Júpiter, un haz de oxígeno que empuje la órbita terrestre y antimateria inyectada hacia el núcleo para conservar la tectónica. El resultado que calcula son 9,100 billones de años de habitabilidad. El propio texto aclara que es un ejercicio conceptual y de recursos, no un plan de ingeniería.

El plazo real vence dentro de 1,000 millones de años

La cifra de 5,000 millones de años que circula en casi toda la cobertura corresponde a otra cosa: al momento en que el Sol agote el hidrógeno de su núcleo, termine su secuencia principal y entre en la fase de gigante roja. La habitabilidad se acaba mucho antes. El Sol tiene hoy 4,580 millones de años y viene ganando brillo desde que arrancó, y ese calentamiento gradual empujará la zona habitable fuera de la órbita terrestre alrededor de 1,000 millones de años a partir de ahora. Dicho de otro modo, el planeta ya consumió al menos el 82% de su tiempo habitable natural.

La simulación estelar que corrió Harry con el código MESA da un margen algo mayor, 1,700 millones de años hasta la salida de la zona habitable, pero el orden de magnitud no cambia. Los dos relojes están separados por unos cuatro mil millones de años y la traducción periodística tiende a fundirlos en uno.

Vale la pena precisar también el estado del trabajo, porque varios medios lo describieron como aceptado y pendiente de publicación. Ya salió: aparece en el volumen 79, número 7, de julio de 2026 del Journal of the British Interplanetary Society, páginas 230 a 243, con fecha de recepción del 30 de diciembre de 2025 y aprobación del 6 de enero de 2026. En arXiv, donde está el texto completo bajo licencia abierta, Harry lo clasificó él mismo en la categoría de física divulgativa, y firma sin filiación institucional.

Una sombrilla de 350,000 kilómetros y un sol de repuesto dentro de Júpiter

El paper ordena el problema en siete amenazas de largo plazo y les asigna una obra a cada una:

  • El aumento de la luminosidad solar.
  • La expansión de la gigante roja, que amenaza con tragarse al planeta.
  • El fin de la tectónica de placas, prevista para dentro de unos 1,450 millones de años.
  • La pérdida de agua hacia el espacio, hoy de 0.3 kilos por segundo.
  • Los cambios en la inclinación del eje y la rotación terrestre.
  • Los impactos de objetos, con más de 37,000 cuerpos cercanos catalogados.
  • Las amenazas de fuera del sistema solar, como supernovas y encuentros estelares.

La primera pieza es una pantalla que ocultaría al Sol. Harry retoma una técnica propuesta en 2023 por István Szapudi, que ata la sombrilla a un contrapeso situado justo más allá del punto de Lagrange L1 para esquivar el límite de densidad que haría inviable una estructura convencional. Con ese truco, la pantalla podría colocarse a medio millón de kilómetros de la Tierra, apenas fuera de la órbita lunar, con 350,000 kilómetros de radio y capacidad para tapar 70 grados de cielo. Su grosor sería de 0.1 milímetros, el mismo del parasol que lleva el telescopio James Webb, y el cable de sujeción exigiría 6 × 10¹⁸ kilos de carbino, equivalente al 3% del cinturón de asteroides rico en carbono o al 40% de Ceres.

Manipular la luz solar desde la órbita ya dejó de ser un asunto puramente teórico a escala pequeña, y con ello llegaron las primeras discusiones regulatorias.

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Tapado el Sol hay que reponer su luz. La irradiancia solar que recibe la Tierra equivale hoy a 173,000 teravatios, y la propuesta es generarlos con reactores de fusión flotando a 6,000 kilómetros de profundidad en la atmósfera de Júpiter, donde los 4 gigapascales de presión ambiente ayudan a contener el plasma. Esos reactores respirarían 300 kilos por segundo de una mezcla de helio y hidrógeno y expulsarían una masa parecida de nitrógeno, de modo que Júpiter se iría convirtiendo lentamente en un gigante de nitrógeno. La energía viajaría por microondas hasta un generador en el L1 joviano, ahí se convertiría en luz de espectro solar sin ultravioleta dañino, y un arreglo láser de 15 kilómetros de diámetro la enviaría a la Tierra. Basta ver lo que le cuesta a la red eléctrica europea un eclipse de unas horas para dimensionar lo que significa sustituir esa luz de forma permanente.

High-resolution image of Jupiter showcasing its beautiful bands and clouds.
Imagen ilustrativa. Júpiter concentra el combustible de fusión y el oxígeno que el estudio propone aprovechar · Foto de Zelch Csaba en Pexels

Para alejar al planeta, el trabajo descarta la opción más citada. Korycansky, Laughlin y Adams habían propuesto en 2001 pasar un objeto del cinturón de Kuiper cerca de la Tierra un millón de veces, una vez cada 6,000 años; Harry señala que ese cuerpo ejercería diez veces la fuerza de marea de la Luna, provocaría inundaciones costeras y bastaría un error de trayectoria para destruir la biosfera. Su alternativa es un haz continuo de oxígeno extraído de las capas profundas de Júpiter, 120,000 toneladas por segundo durante 100 millones de años, comparable a la mitad del caudal del Amazonas, hasta llevar la órbita terrestre de 1 a 1.2 unidades astronómicas.

La tectónica se resuelve con antimateria. Los 47 teravatios de calor interno que mueven las placas se repondrían inyectando 8.2 toneladas anuales de antihidrógeno hacia el límite entre núcleo y manto, repartidas en diez instalaciones que producirían 2.2 kilos diarios cada una. Solo fabricarla exigiría capturar el 0.6% de la luz solar que llega a la superficie terrestre, unos 3 millones de kilómetros cuadrados de paneles, la superficie de la India.

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La cifra del trabajo es 9.1 × 10¹⁵ años de habitabilidad. En la escala del español eso son 9,100 billones de años, porque el 'billion' inglés equivale a mil millones y no a un billón. La traducción literal encoge el resultado mil veces.

Quedarse sale más barato que mudarse, y ahí está el argumento del paper

El titular fácil es la cifra de años. El dato que de verdad sostiene la propuesta está en la tabla de energía, y casi ningún medio del clúster lo levantó. Harry estima que trasladar una civilización de 10,000 millones de personas a otra estrella costaría 10³¹ julios, y que ese gasto tendría que descargarse en maniobras de aceleración y frenado tan cortas como 36 días. El conjunto de salvaguardas cuesta bastante más en total, 5.4 × 10³⁴ julios por cada 10,000 millones de años, pero repartidos a lo largo de milenios o de millones de años.

Ahí está la comparación que el autor propone. El sol artificial requeriría del orden de 10²⁴ julios anuales de forma indefinida, exactamente la producción energética que una proyección citada en el paper atribuye a la humanidad para el año 2400. Hoy producimos 10²¹ julios al año, mil veces menos. La sombrilla, en cambio, sale barata: 10¹⁸ julios anuales durante 4,000 millones de años.

Harry también contrasta las salvaguardas con la otra alternativa, vivir en hábitats espaciales. Calcula que un enjambre de cilindros de 461 kilómetros de radio construidos con todo el carbono del cinturón de asteroides ofrecería una tercera parte más de superficie habitable que la Tierra, aunque con techos limitados a 1,600 metros por razones fisiológicas frente a los 5,000 metros a los que la gente vive en el planeta.

Lo que el propio trabajo deja sin resolver

El apartado de limitaciones es explícito. El estudio se concentró en los aspectos conceptuales y de recursos, y dio por supuesto que las soluciones de ingeniería podrían mantenerse durante escalas de tiempo enormes; no modela la operación técnica detallada, ni cómo evitar la degradación de los materiales, ni las implicaciones sociales, y admite que pueden existir amenazas naturales adicionales que exijan más salvaguardas.

Hay un punto que el autor sí cuantifica y conviene subrayar: la sombrilla es el elemento de mayor riesgo de todo el conjunto, porque una falla estructural exterminaría la biosfera en cuestión de horas. Su plan de contingencia es una pantalla temporal de grafeno recubierto de aluminio, un millón de toneladas y 200 millones de kilómetros cuadrados de superficie, guardada plegada en la cara oculta de la Luna y capaz de flotar sobre la Tierra durante un mes mientras se despliega el reemplazo definitivo.

¿Por qué la Tierra dejará de ser habitable mucho antes de que el Sol muera?

Porque son dos relojes distintos. El brillo del Sol aumenta desde que entró en la secuencia principal y, según el trabajo de Harry, dentro de unos 1,000 millones de años la zona habitable habrá dejado atrás la órbita terrestre. La fase de gigante roja llega mucho después, al agotarse el hidrógeno del núcleo, dentro de unos 5,000 millones.

El cierre del paper es más literario que técnico. Harry describe una Tierra que durante 100 billones de años todavía vería estrellas en el cielo nocturno, hasta que se apague la última.

"En la Tierra el Sol seguiría saliendo a la mañana siguiente", escribe Gabriel Harry en las conclusiones de su trabajo (traducción propia).

Nada de esto exige una decisión en este siglo. Lo que el trabajo sí deja sobre la mesa es una corrección de calendario que vale la pena no confundir: la cuenta regresiva de la Tierra habitable arranca unos cuatro mil millones de años antes de que el Sol termine de quemar su combustible.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Solo puedo decir que soy una apasionada con todo lo que tiene que ver con el mundo Digital me encanta todo lo que es escritura, IA, Ediciones de Video Reels y más. Me considero una persona "DIVERGENTE"

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