TL;DR:
- El ADN de 521 mamuts lanudos muestra que en los yacimientos ligados a actividad humana el 70% de los animales eran hembras.
- En los restos dispersos por causas naturales la proporción se invierte: 66% machos y 34% hembras.
- Ninguno de los 11 yacimientos de acumulación analizados está en América, donde México conserva el megasitio de Tultepec.
Un equipo internacional analizó el ADN de 521 mamuts lanudos y encontró el patrón que llevaba discutiéndose desde el siglo XIX: en los yacimientos donde los huesos se amontonan junto a rastros de actividad humana, el 70% de los animales eran hembras. Donde los restos aparecen dispersos, sin humanos alrededor, la proporción se da vuelta y el 66% son machos. El trabajo, publicado el 30 de julio de 2026 en Current Biology y encabezado desde el Centro de Paleogenética de la Universidad de Estocolmo, es el respaldo genético más amplio hasta ahora de que esos montones de huesos no se formaron solos. Y deja una lectura incómoda: en la Edad de Hielo, quien cazaba se llevaba sobre todo a las reproductoras.
Durante décadas la discusión giró en redondo. En Europa central y del este aparecen desde hace casi dos siglos concentraciones enormes de huesos de mamut, y nadie conseguía demostrar si las habían formado los cazadores o si eran cementerios naturales. La respuesta llegó por una vía lateral: preguntarle al ADN de qué sexo era cada animal.
El equipo, con la investigadora Hannah Moots como autora principal, secuenció por primera vez a 448 de esos 521 individuos. Del total, 421 restos proceden de entornos naturales dispersos de Eurasia y Norteamérica, y 100 salieron de 11 yacimientos de acumulación vinculados a actividad humana, con una antigüedad de entre 30,000 y 20,000 años.

El contraste que zanja un debate abierto desde el siglo XIX
Los números salieron limpios y apuntando en direcciones opuestas:
- En los restos dispersos por causas naturales: 66% machos y 34% hembras.
- En los yacimientos con huella humana: 70% hembras y 30% machos.
- En Kraków Spadzista (Polonia) y Mus-Khaya (Siberia) aparecieron además puntas de proyectil incrustadas en los huesos y marcas de corte, según detalló a EFE el coautor sénior del trabajo.
La primera cifra ya tenía explicación conocida: los machos adultos vivían solos, se metían con más frecuencia en sumideros y deslizamientos, y ahí el hueso se conserva mejor durante milenios. La segunda no tenía ninguna. Reuters describió Kraków Spadzista, en el sur de Polonia, como el mayor sitio de caza del estudio, con restos de más de cien mamuts, herramientas de piedra y evidencia de destazamiento.
Por qué hembras: dos explicaciones que no se excluyen
Antes de responder por qué, conviene medir el problema. David Díez del Molino, investigador del Centro de Paleogenética nacido en Valladolid y coautor sénior del estudio, recuerda que hablamos de animales de hasta 3.7 metros de alzada y más de 8 toneladas. Cómo los derribaban sigue siendo la pregunta abierta.
La hipótesis fácil es que las hembras eran algo más pequeñas. La que el equipo considera más lógica es otra: la estructura social. Si los mamuts vivían como los elefantes actuales, en manadas lideradas por hembras de las que los machos salían expulsados al llegar a adultos, entonces las manadas se movían por el paisaje de forma más previsible que un macho solitario.
"Quizá las manadas eran más fáciles de localizar o perseguir en el terreno"
Esa es la formulación de Díez del Molino ante EFE. Moots lo dijo con otras palabras a IFLScience: los machos adultos vagaban más, mientras que las manadas encabezadas por hembras seguían patrones de movimiento más regulares, y eso las volvía más sencillas de encontrar.
Un mamut de la isla de Wrangel que no era ni XX ni XY
El mismo barrido genético dejó un hallazgo que nadie buscaba. Una de las muestras, catalogada como MD067 y procedente de la isla de Wrangel, no encaja en el binario XX o XY: presenta mosaicismo X0/XX, es decir, una sola copia del cromosoma X en unas células y dos en otras. En humanos eso se conoce como síndrome de Turner, y es la primera vez que se documenta en una especie extinta.
"Desde luego no esperábamos encontrar esto, pero fue muy emocionante"
Moots lo describió así ante IFLScience. El entusiasmo tiene freno: el cariotipo X0 suele traer consecuencias en el tamaño corporal, en los órganos reproductivos y en la fertilidad, pero Díez del Molino advirtió a EFE que MD067 es apenas un fragmento pequeño de hueso, así que no hay manera de saber si ese individuo las tuvo. La anatomista Julia Gresky, del Instituto Arqueológico Alemán y ajena al trabajo, resumió su reacción ante New Scientist con una obviedad que casi nadie plantea: todos somos mamíferos, y las mutaciones genéticas no distinguen especies.
El detalle tiene una capa extra. Wrangel es el último refugio conocido de la especie, donde un grupo aislado sobrevivió hasta hace unos 4,000 años, mucho después de que los mamuts desaparecieran del continente.

La lectura incómoda: la caza se llevaba a las reproductoras
Hay una consecuencia demográfica que el dato arrastra. Un megaherbívoro de gestación larguísima no repone hembras adultas con facilidad, y una presión sostenida sobre ellas golpea a la población entera, no solo a los individuos cazados.
La paleoecóloga Audrey Rowe, de la Universidad de Alaska Fairbanks y ajena al estudio, lo planteó ante New Scientist en declaraciones que recogió Smithsonian Magazine: esto añade una línea de evidencia de que los humanos contribuyeron a la extinción de los mamuts.
"Probablemente no se dieron cuenta de que estaban reduciendo su propio recurso"
México tiene el megasitio de mamuts y todavía no la prueba de ADN
Aquí aparece el hueco que la cobertura internacional pasó por alto. Los 11 yacimientos de acumulación del estudio están en Europa central, Europa del Este y uno en el noroeste de Siberia. Reuters los ubica en Polonia, Austria, República Checa, Alemania y Rusia. Ninguno en América, aunque los 421 restos naturales sí abarquen Norteamérica.
Y del otro lado del Atlántico hay material de sobra. En 2019 el INAH presentó Tultepec II, en San Antonio Xahuento, Estado de México: dos fosas de paredes casi verticales, 1.70 metros de profundidad y 25 de diámetro, excavadas hace unos 15,000 años en la arcilla del antiguo lago de Xaltocan y usadas como trampas. De ahí salieron 824 huesos de al menos 14 mamuts. El arqueólogo Luis Córdoba Barradas reconstruyó incluso la maniobra: cuadrillas de veinte a treinta cazadores azuzaban a la manada con antorchas y ramas hasta separar a un ejemplar y dirigirlo a la fosa.
El propio boletín del INAH describe el conjunto como de machos y hembras de tallas y edades distintas, y compara Tultepec con los sitios del norte y el este de Europa donde se han hallado restos de cien o de 166 mamuts, el mismo rango de Kraków Spadzista. Lo que ese boletín no publica es una proporción por sexo ni resultados genéticos. La prueba que acaba de ordenar la discusión europea todavía no tiene equivalente publicado en la Cuenca de México, que es justo donde los mexicanos tienen sus mamuts.
Preguntas rápidas sobre el estudio de los mamuts
¿Por qué los humanos de la Edad de Hielo cazaban mamuts hembra?
No hay una respuesta cerrada. El equipo del Centro de Paleogenética maneja dos vías: las hembras eran algo más pequeñas que los machos adultos, y las manadas lideradas por hembras se movían de forma más previsible que los machos solitarios, lo que las hacía más fáciles de localizar. Díez del Molino advierte que también podían defenderse mejor en grupo.
¿Se aplicó este estudio a los mamuts de México?
No. Los 11 yacimientos de acumulación analizados están en Europa central, Europa del Este y uno en el noroeste de Siberia. México conserva un megasitio propio, Tultepec II, con 824 huesos de al menos 14 mamuts y dos trampas de hace unos 15,000 años, pero el boletín del INAH no publicó una proporción por sexo ni pruebas genéticas.
¿Qué es el mosaicismo X0/XX que hallaron en un mamut?
Es una combinación de cromosomas sexuales en la que unas células llevan una sola copia del cromosoma X y otras llevan dos. En humanos se conoce como síndrome de Turner. Los investigadores lo detectaron en la muestra MD067, procedente de la isla de Wrangel, y es la primera vez que se documenta en una especie extinta.
Díez del Molino lleva más de una década metido en genomas de mamut y ya anticipó que el proyecto MAMBA, en el que trabaja ahora, suma datos isotópicos y arqueológicos a las secuencias para reconstruir movimientos y dieta. En Tultepec, mientras tanto, los 824 huesos llevan años recuperados y catalogados, con la misma pregunta que Europa acaba de responder esperando turno.