Ola de calor de julio mantiene bajo presión los precios de la energía en Europa tras rozar picos de la crisis de 2022
El calor récord en Europa dispara el costo de la electricidad y pone en jaque las reservas de gas para el invierno.
TL;DR:
- El temor a nuevas olas de calor en julio mantiene bajo fuerte presión el costo de la electricidad en Europa, elevando las cotizaciones del gas natural.
- El gas natural de referencia (TTF) supera los 43 euros por megavatio hora debido a la baja reserva de los almacenes de la Unión Europea y las trabas en la importación de gas licuado.
- Un análisis de 350.org estima que solo en una semana de calor extremo, Alemania y Francia pagaron un sobrecosto eléctrico conjunto de 731 millones de euros.
El regreso de las altas temperaturas a Europa mantiene bajo una presión asfixiante a los mercados energéticos de la región. El inicio de julio llega con los precios de la electricidad disparados y los contratos de gas natural al alza, prolongando una racha de semanas de calor sin precedentes que ha revivido tensiones financieras no vistas desde la crisis energética de 2022. La combinación de una demanda desbocada de aire acondicionado, la debilidad en la generación hidroeléctrica y nuclear, y unos inventarios de gas significativamente inferiores a los del año pasado han configurado una tormenta perfecta para los costos de la energía en el bloque comunitario.


Un sobrecosto multimillonario en plena temporada de refrigeración
El impacto económico del calor extremo se ha dejado sentir de inmediato en los recibos de luz. Durante la última ola de calor de junio, el precio de la electricidad para las horas de la tarde en Francia escaló a su nivel más alto desde la crisis energética de 2022, de acuerdo con datos recopilados por Bloomberg. La tensión en la red eléctrica responde a un incremento drástico en el uso de sistemas de climatización justo cuando la producción de otras fuentes de energía flaquea.
Los números de este pico de consumo son alarmantes. De acuerdo con un análisis de la organización 350.org, los hogares, el sector de servicios y la industria en Alemania y Francia tuvieron que desembolsar la friolera de 731 millones de euros adicionales en electricidad únicamente en el lapso del 21 al 27 de junio. Este incremento drástico evidencia un cambio estructural en los hábitos del continente. Según datos históricos de Eurostat, el consumo doméstico de electricidad destinado exclusivamente a la refrigeración de viviendas prácticamente se ha duplicado en la Unión Europea desde el año 2015. La refrigeración ya no es un lujo ocasional, sino una necesidad que tensiona los presupuestos nacionales. La tensión es real.
Las reservas de gas europeo muestran signos de flaqueza
El encarecimiento eléctrico arrastra consigo al mercado de los combustibles. Los contratos de futuros del gas natural de referencia en Europa, el índice holandés TTF, iniciaron julio cotizando cerca de los 43 euros por megavatio hora (MWh), tras registrar un incremento continuo desde los 40.78 euros de la semana previa. Para compensar la menor generación de energía nuclear e hidroeléctrica, las plantas eléctricas se han visto obligadas a quemar más gas de lo habitual, acelerando el vaciado de los almacenes de la región.
Este repunte de precios ocurre en un momento en que los inventarios europeos están en una situación delicada. La firma de análisis Energy Aspects reportó que el almacenamiento de gas de la Unión Europea se ubicaba en 50,000 millones de metros cúbicos para el 23 de junio. Esta cifra equivale a un 46% de la capacidad total del bloque, lo que representa unos 10,600 millones de metros cúbicos menos que en la misma fecha del año pasado, y se sitúa 15,000 millones de metros cúbicos por debajo del promedio móvil de los últimos cinco años.
La base del problema viene de atrás. Según un informe del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, el continente inició el año 2026 con sus niveles de almacenamiento más bajos desde 2018. Los factores clave de este rezago fueron un invierno especialmente crudo y severas interrupciones en el transporte de gas natural licuado (GNL) a través del Estrecho de Ormuz, las cuales limitaron la llegada de cargamentos clave para la región.
El dilema del suministro ante las metas de invierno
Ante este panorama de escasez latente, la flexibilidad regulatoria ha tenido que entrar en juego. La Asociación de Reguladores de Energía de la Unión Europea (ACER) relajó el objetivo obligatorio de llenado de almacenes para el próximo invierno del 90% al 80%. El margen es mínimo. Incluso esta meta reducida parece difícil de alcanzar. Ya en abril, un reporte de la agencia Reuters advirtió que es muy probable que los países miembros de la Unión Europea incumplan con los requisitos mínimos de llenado antes de que empiece la temporada de frío.
La situación se complica por el factor climático y de salud pública. Desde finales de mayo, sucesivas olas de calor extremo han roto récords de temperatura en más de doce países europeos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que se han registrado más de 1,300 muertes en exceso asociadas a las altas temperaturas en el continente desde el 21 de junio.
Con los termómetros en niveles peligrosos, la demanda de electricidad no dará tregua. Para evitar apagones y mantener los sistemas funcionando, Europa se verá forzada a competir directamente con los compradores asiáticos por cargamentos disponibles de gas natural licuado flexible durante el tercer trimestre de este año, un escenario que mantendrá la cotización del TTF en niveles sumamente elevados.
Sin un alivio inmediato en el pronóstico meteorológico y con un mercado global de gas licuado altamente disputado, la región se encamina a la segunda mitad del año con una fragilidad evidente en su infraestructura. La carrera por asegurar el suministro antes del invierno mantendrá la tensión en los tableros de cotización, dejando a millones de usuarios a expensas de un termómetro que ya no solo mide el clima, sino el costo directo de la vida diaria.