El Objeto de Sakurai, una estrella parecida al Sol que agotó su combustible y empezaba a apagarse como enano blanco, volvió a encenderse en 1996 y desde entonces se calienta a un ritmo casi sin precedentes: en tres décadas se volvió unas seis veces más caliente, uno de los cambios más rápidos jamás observados en una estrella. Un equipo internacional lo confirmó con el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral, en Chile, y publicó los resultados el 16 de septiembre en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. Sus mediciones muestran que el astro ya desarrolló el viento potente característico de las estrellas de tipo Wolf-Rayet, una transformación que normalmente tomaría miles de años. Por eso importa: brinda una oportunidad rarísima de ver la evolución estelar ocurrir en tiempo real, dentro de una vida humana.
Cómo una estrella "muerta" volvió a la vida
El astrónomo aficionado japonés Yukio Sakurai detectó el estallido en 1996, y desde entonces el objeto que lleva su nombre, en la constelación de Sagitario, ha sido vigilado de cerca. Antes de eso fue una estrella parecida al Sol: al final de su vida se hinchó como gigante roja y luego se contrajo hasta quedar como enano blanco, el núcleo denso y caliente que suele marcar el desenlace de estos astros. Ahí debía enfriarse poco a poco.
En cambio, una capa de helio en su interior se reencendió de golpe, en un fenómeno llamado pulso térmico muy tardío. La reignición hizo que la estrella se expandiera, se enfriara y expulsara grandes cantidades de material al espacio, como si retrocediera a una etapa mucho más joven. De ahí el apodo de estrella "renacida". Es un episodio rarísimo: solo se han observado dos casos de forma directa, el propio Objeto de Sakurai y V605 Aquilae, que atravesó algo parecido hace unos 80 años.

De la temperatura del Sol a decenas de miles de grados
Hace 30 años, la superficie del Objeto de Sakurai tenía una temperatura cercana a la del Sol. Hoy ronda entre 27.000 y 36.000 kelvin, según el nuevo análisis, alrededor de seis veces más que entonces. Ese calentamiento acelerado es lo que convierte al objeto en un caso de estudio excepcional.
Para medirlo, el equipo analizó la luz captada por el Very Large Telescope, con el instrumento FORS2, y la comparó con modelos de las atmósferas y los vientos de las estrellas Wolf-Rayet. En los datos aparecieron firmas claras de carbono y helio, que permitieron estimar la temperatura, la composición química y las características del viento estelar. El radiotelescopio ALMA, por su parte, captó la envoltura de material expulsado tras la reactivación, que hoy se extiende a lo largo de un tamaño comparable al de todo el Sistema Solar.
Con esas señales, los investigadores clasificaron al astro como una estrella de tipo Wolf-Rayet, pero con un matiz que los especialistas marcan con una notación propia: no se trata de una Wolf-Rayet verdadera y masiva, capaz de estallar como supernova, sino de una estrella central de baja masa, de apenas unas 0,6 masas solares, con el mismo tipo de espectro y de viento intenso, rica en carbono. El estudio se publicó en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y fue liderado por investigadores del Real Observatorio de Bélgica, con la participación de la Universidad de Manchester, el Observatorio do Valongo de Río de Janeiro y otras instituciones.
Una prueba en vivo para las teorías de la muerte estelar
Un resultado llamó la atención de los autores: la estrella se está recalentando de forma más gradual que lo anticipado por algunos modelos recientes. Esa diferencia es justo lo valioso, porque permite poner a prueba qué teorías describen mejor lo que ocurre cuando una estrella agonizante vuelve a activarse por un tiempo.
El Objeto de Sakurai ofrece algo mucho más raro. Es una de las poquísimas estrellas que se sabe han cambiado de forma drástica en apenas unas décadas, lo que nos da la oportunidad de ver desplegarse la evolución estelar en tiempo real.
Así lo resumió Albert Zijlstra, del Centro de Astrofísica Jodrell Bank de la Universidad de Manchester. El Objeto de Sakurai también aparece en una etapa más temprana que V605 Aquilae, de modo que los astrónomos disponen de dos "fotografías" del mismo proceso separadas por medio siglo. Comparar ambos objetos reemplaza, en cierta medida, la necesidad de observaciones continuas que de otro modo abarcarían varias generaciones.
El seguimiento continuará en los próximos años. La estrella debería seguir contrayéndose y calentándose hasta estabilizarse otra vez como enano blanco, aunque no se descarta más actividad. Mientras tanto, sigue siendo una de las poquísimas ventanas para observar, casi en directo, una fase que en el universo suele tardar milenios.