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Noruega saca la IA generativa de la primaria: veto casi total para niños, uso vigilado para adolescentes

Noruega veta casi por completo la IA generativa en primaria y la limita en secundaria para proteger el aprendizaje.

por Ricardo Perez
Noruega saca la IA generativa de la primaria: veto casi total para niños, uso vigilado para adolescentes
Photo by Joel Heard / Unsplash

TL;DR:

  • El gobierno noruego ordena mantener la IA generativa fuera de los grados 1 a 7 y restringirla para los alumnos mayores a partir del ciclo escolar que arranca a finales de agosto.
  • La IA ya se usa en casi tres de cada cuatro escuelas del país, mientras uno de cada cuatro alumnos noruegos lee por debajo del mínimo que marca la OCDE.
  • La medida se suma a una ofensiva más amplia —veto a los celulares en 2024, prohibición de redes sociales para menores de 16 y regreso a los libros de papel— en sintonía con una tendencia global.

Noruega frena la inteligencia artificial en las aulas. El gobierno encabezado por el primer ministro Jonas Gahr Støre anunció este viernes 19 de junio de 2026 una serie de recomendaciones nacionales que, en la práctica, sacan la IA generativa de la escuela primaria y la restringen con fuerza en el resto del sistema escolar. ¿El motivo? El temor a que su uso sin criterio dañe el aprendizaje de los más pequeños, justo cuando los resultados educativos del país vienen a la baja. Las nuevas reglas entran en vigor con el ciclo escolar que comienza a finales de agosto y trazan tres niveles según la edad del estudiante.

El esquema reparte el acceso a la tecnología según la madurez del alumno:

  • Primero a séptimo grado (de 6 a 13 años): como regla general, los alumnos no deben usar IA. Es el veto más estricto y cae sobre la etapa en que se aprende a leer, escribir y hacer cuentas.
  • Octavo a décimo grado (de 14 a 16 años): la herramienta puede entrar de forma gradual y con cautela, pero solo después de que los docentes adquieran la competencia necesaria para guiar su uso.
  • Bachillerato (de 17 a 19 años): aquí el objetivo se invierte. Los estudiantes deben aprender a usar la IA de forma adecuada para llegar preparados a la universidad y al trabajo.

Støre no se anduvo con rodeos. El gobierno, dijo, mantiene ambiciones altas con la IA, pero la investigación apunta en otra dirección cuando se trata de niños: el uso acrítico de la IA generativa eleva el riesgo de saltarse pasos clave del aprendizaje, y eso ocurre mientras las habilidades básicas de los alumnos noruegos retroceden.

"Lo más importante en la escuela es que nuestros niños aprendan a leer, escribir y hacer matemáticas", afirmó Jonas Gahr Støre.

La caída en lectura y matemáticas es el verdadero motor

Detrás de la decisión hay un dato que incomoda. El gobierno se apoya en pruebas internacionales como PISA y PIRLS, donde las competencias fundamentales de los estudiantes noruegos llevan tiempo cuesta abajo. Uno de cada cuatro alumnos del país lee por debajo del umbral mínimo que la OCDE fija para seguir estudiando o incorporarse al mundo laboral. No es un detalle menor: es la base sobre la que se levanta todo lo demás.

Oslo ya venía moviendo fichas. En 2024 prohibió los teléfonos inteligentes en las escuelas y devolvió a los maestros más poder para imponer disciplina en clase. Lo de la IA es el siguiente capítulo de esa misma estrategia.

La IA ya estaba dentro de casi todas las aulas

El veto no aterriza en terreno virgen. Más bien lo contrario. Una encuesta oficial del Ministerio de Educación, Spørsmål til skole-Norge 2025, encontró que los alumnos ya usan IA en casi tres de cada cuatro escuelas de educación básica y en más del 90% de los centros de bachillerato. Entre los directivos, el 65% en primaria y el 89% en secundaria inferior reconocieron que sus estudiantes recurren a estas herramientas, sobre todo de quinto grado en adelante y en materias como noruego, inglés y ciencias sociales. Dicho de otro modo: Noruega no está previniendo la llegada de la IA, está intentando dar marcha atrás después de que ya se instaló.

grayscale photography of teacher standing near chalkboard and children sitting on chairs
Photo by Austrian National Library / Unsplash

Del iPad de vuelta al libro de papel

Hay un giro casi simbólico en todo esto. Noruega adoptó computadoras en las aulas desde los años noventa y tabletas tras la llegada del iPad a partir de 2010, reduciendo la dependencia de los libros y la escritura a mano. Ahora el gobierno rema en sentido contrario: anunció que propondrá legislación para financiar el uso de más libros físicos en los salones, revirtiendo la tendencia hacia las tabletas. Y no se queda ahí. En abril, el mismo gobierno presentó planes para prohibir que los menores usen redes sociales hasta los 16 años, siguiendo la senda que abrió Australia.

Noruega no está sola, y la discusión también llega en español

El movimiento noruego encaja en una corriente más amplia. En 2026, Emiratos Árabes Unidos prohibió las herramientas de IA generativa para menores de 13 años en sus escuelas, con límites parecidos a los que ahora fija Oslo. Australia, por su parte, abrió la puerta con su veto a las redes sociales para menores de 16.

Para los lectores de México, España y América Latina, el caso noruego funciona como espejo. La pregunta de fondo —cuánta pantalla y cuánta IA conviene meter en la infancia, y a qué edad— está sobre la mesa en buena parte del mundo hispanohablante, donde gobiernos y escuelas ya discuten cómo manejar los teléfonos y el copiar y pegar de los chatbots. Noruega, uno de los países más digitalizados del planeta, acaba de responder a su manera: IA para la economía, sí; para los niños que aún no leen bien, todavía no.

El gobierno aclara que no se trata de un apagón absoluto. Los alumnos que por distintas razones necesiten herramientas basadas en IA —por ejemplo, para apoyo lingüístico o enseñanza individualizada— seguirán teniéndolas, subrayó la ministra de Educación, Kari Nessa Nordtun. Su argumento sobre los más pequeños es directo: no tienen aún el conocimiento, la reflexión crítica ni la autorregulación para usar bien una IA. Deben aprender sobre ella, sostiene, pero no necesitan usarla hasta dominar lo esencial.

"No debemos cometer el mismo error que cuando los dispositivos digitales se introdujeron sin criterio entre los alumnos más pequeños", advirtió Kari Nessa Nordtun.

La apuesta noruega es, en el fondo, una corrección de rumbo a escala nacional. Un país que durante tres décadas llenó sus aulas de pantallas admite ahora, con datos en mano, que la prioridad de los primeros años sigue siendo la de siempre. Lo que decida Oslo a partir de agosto se mirará de cerca en cualquier sistema educativo que se pregunte hasta dónde dejar entrar la IA en la infancia.

Fuentes: 1, 2, 3

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