TL;DR:
- Un equipo del Woods Hole Oceanographic Institution reconstruyó la temperatura del mar entre 1631 y 1990 con 35 registros de coral, tres de anillos de árbol y una estalagmita de Omán.
- La correlación entre la circulación de Walker del Pacífico y el modo de cuenca del Índico se invirtió de signo: 0.37 en el periodo 1945-2025, fuera del intervalo de confianza del 95% de mil años de simulaciones y reconstrucciones.
- Entre 1810 y 1850 las erupciones tropicales lograron algo parecido, pero pasajero. Solo uno de los dos modos del Índico se ha soltado esta vez.
El océano Índico dejó de responder al Pacífico tropical como lo hizo durante siglos, y el estudio que lo documenta apunta al calentamiento global. Lo firman tres investigadores del Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) y se publicó el 26 de agosto de 2026 en Nature Communications, en acceso abierto. Para medirlo reconstruyeron la temperatura de la superficie del mar entre 1631 y 1990 con 35 registros de coral, tres de anillos de árbol y una estalagmita del sur de Omán. El trabajo encontró un antecedente histórico: entre 1810 y 1850, una tanda de erupciones tropicales encabezada por el Tambora ya había desacoplado ambas cuencas. La diferencia es de grado. La ruptura actual queda fuera del rango de los últimos mil años, incluidos los episodios volcánicos más violentos, y toca directamente la capacidad de anticipar lluvias en África, Asia y Australia.
Cómo se enteran de lo que hacía el mar antes de que alguien lo midiera
Los termómetros oceánicos confiables apenas cubren un siglo, un plazo demasiado corto para saber si algo es raro o solo infrecuente. De ahí el rodeo por los archivos naturales. El esqueleto de un coral incorpora la química del agua en la que creció, así que sus capas anuales guardan un registro de temperatura; los anillos de los árboles y las estalagmitas hacen algo equivalente en tierra. El 90% de los registros que usó el equipo son marinos y están cerca de las zonas cuya temperatura querían reconstruir, una diferencia respecto a trabajos previos que dependían sobre todo de indicadores terrestres.

Con eso armaron tres índices: la circulación de Walker del Pacífico, la del Índico y el modo de cuenca del Índico, que es el calentamiento o enfriamiento del océano entero. El mecanismo normal es conocido. Cuando la circulación del Pacífico se debilita, como en un año de El Niño, el Índico se calienta unos meses después. Una sube, la otra baja: correlación negativa.
Los volcanes de 1810 ya habían roto el patrón
En el intervalo 1810-1850 las reconstrucciones muestran otra cosa. La circulación del Pacífico estaba anómalamente débil y el Índico, en lugar de calentarse, se enfrió. El periodo coincide con al menos cuatro erupciones tropicales cuya inyección de azufre a la estratósfera superó a la del Pinatubo de 1991, entre ellas la del Tambora en 1815, la más explosiva de los últimos 500 años.
La explicación que ofrece el estudio, respaldada con un conjunto de simulaciones del último milenio, es que los aerosoles volcánicos bloquean radiación solar y enfrían, pero no de forma pareja: el oeste de ambas cuencas se enfría más que el este, y eso genera vientos del oeste que debilitan la circulación del Pacífico y refuerzan la del Índico. El resultado va en contra de la teleconexión habitual. Los autores repitieron el análisis con simulaciones forzadas únicamente por volcanismo para confirmar que la señal venía de ahí.
De once erupciones tropicales grandes desde el año 850, solo dos periodos dejaron una huella lo bastante fuerte para detectarse en los registros: el de finales del siglo XIII y el del XIX. Las demás quedaron sepultadas bajo la variabilidad interna del sistema.
Lo que se rompió ahora, y lo que no
Desde los años cincuenta el Índico tropical se ha calentado alrededor de 0.1 °C por década, empujado por los flujos de calor asociados a los gases de efecto invernadero. La circulación del Pacífico, en paralelo, se ha fortalecido desde los ochenta. Las dos suben a la vez, así que la relación cambió de signo: la correlación en 1945-2025 es de 0.37, cuando el promedio del conjunto de simulaciones ronda -0.5 durante casi todo el milenio. Ese valor cae fuera del intervalo de confianza del 95% tanto de los modelos como de las reconstrucciones.
El dato que ordena la cronología es otro: la correlación observada entre 1880 y 1960 todavía encajaba dentro de lo normal. El desacople no acompaña a la era industrial completa, aparece después.
El hallazgo central es que el calentamiento global y las emisiones humanas están imponiéndose sobre la influencia natural del Pacífico en el océano Índico
Es la lectura de Caroline Ummenhofer, científica senior de WHOI y coautora del trabajo. El autor principal, Shawn Wang, exestudiante e investigador posdoctoral de la institución y hoy posdoc en la Universidad de Colorado Boulder, lo sitúa contra el registro largo: ninguna erupción del último milenio alteró la conexión entre las dos cuencas tanto como el calentamiento actual.
Conviene precisar qué se rompió. El Índico tiene dos modos y solo uno se soltó. El modo de cuenca, el calentamiento global del océano, es el que perdió su vínculo con el Pacífico. La circulación de Walker del Índico no muestra un cambio significativo en las últimas décadas, algo que el propio estudio atribuye a su mayor variabilidad propia. Delia Oppo, investigadora emérita de WHOI y también coautora, resume ese comportamiento: el Índico es un enorme depósito de calor capaz de desacoplarse de lo que haga el Pacífico.
Quedan huecos. Las simulaciones reproducen la interrupción del siglo XIX más corta de lo que marcan los corales, y los autores lo achacan a que los modelos actuales todavía representan mal las erupciones y la respuesta del océano al enfriamiento. Hacia adelante, la evolución de la circulación del Pacífico sigue siendo incierta, así que la relación de largo plazo entre ambas cuencas está sin resolver.
La utilidad práctica de que dos océanos se muevan juntos es que uno permite pronosticar al otro con meses o años de anticipación, y de esos pronósticos dependen decisiones de agua y agricultura en tres continentes densamente poblados. El estudio no dice que esa herramienta haya desaparecido; dice que una de sus piezas dejó de comportarse como en los cuatro siglos anteriores, y que quien haga previsiones climáticas tendrá que contar con que el forzamiento externo puede desarmar esas conexiones.