Tres investigadores de seguridad de la firma Hacktron AI usaron los modelos Claude de Anthropic para entrar a los sistemas internos de su rival OpenAI en menos de 72 horas, según revelaron esta semana. Encadenaron dos vulnerabilidades hasta tomar el control de cuentas de empleados y llegar al repositorio de código privado de la compañía, donde abrieron una "pull request" inofensiva como prueba. No fue un ataque malicioso ni una IA actuando por su cuenta: el equipo trabajaba dentro del programa de recompensas por fallos (bug bounty) de OpenAI, reportó lo que encontró y recibió un pago de 6,500 dólares. El Wall Street Journal dio a conocer el caso primero. El episodio reaviva la preocupación por cómo la IA acelera los ciberataques y comprime en días un trabajo que antes tomaba meses.
Qué hicieron y qué no hicieron
El trabajo lo firmaron Harsh Jaiswal, Mohan Pedhapati y Rahul Maini, del equipo de Hacktron AI. El punto de entrada fue el foro público de la comunidad de OpenAI, que funciona sobre Discourse, un software de terceros. A alto nivel, los investigadores encadenaron una falla en el procesamiento de imágenes de ese foro con una mala configuración del inicio de sesión único (SSO), lo que les permitió apoderarse de credenciales de empleados que también servían en ChatGPT, en la herramienta Codex y en el repositorio de código de OpenAI en GitHub. Ahí abrieron una solicitud de cambios de prueba, sin descargar ni estudiar el código fuente, y detuvieron el ejercicio. Según su relato, avisaron de inmediato a OpenAI y a Discourse; ambas repararon su parte. Un vocero de OpenAI, Drew Pusateri, agradeció a los investigadores "por contactarnos y compartir sus hallazgos" y señaló a Forbes que la vulnerabilidad ya fue resuelta. OpenAI también aclaró que las pruebas contra el foro alojado en Discourse quedaban fuera del alcance de su programa y que la recompensa reconoce el hallazgo del lado de OpenAI.
El detalle que preocupa: la IA hizo el trabajo pesado
Lo llamativo no es solo el resultado, sino el papel del modelo. Hacktron usó una versión de Claude configurada para ciberseguridad, disponible para investigadores autorizados. En su reporte, el equipo cuenta que primero lo intentó con Claude Opus 4.8, que "batalló durante varias sesiones para producir un exploit funcional"; cuando Anthropic lanzó Opus 5, volvieron a intentarlo y lo lograron, y anotaron que "cada nuevo modelo es cada vez más capaz". El caso de OpenAI, dicen, tomó unos pocos días de trabajo del agente y apenas unas horas de tiempo humano. Fue parte de un proyecto más amplio llamado "HEIF Heist", que examinó cómo distintos programas procesan ciertos archivos de imagen y encontró fallas en servicios como Slack, Zoom y Meta; en total, según los investigadores, ese proyecto costó "menos de 3,000 dólares en tokens", con dos meses de trabajo y tres personas.
Por qué importa más allá de OpenAI
La lectura que dejan los propios investigadores va más allá del incidente puntual. En su conclusión advierten que buena parte de la seguridad del software descansaba en su complejidad, y que la IA está retirando esa protección al convertir en cómputo una experiencia técnica antes escasa: un trabajo que exigía un equipo con recursos y meses de esfuerzo ahora puede comprimirse en días. Su frase resume la apuesta del caso: "las suposiciones de seguridad deben ponerse al día con las capacidades de los atacantes". Para OpenAI, el saldo inmediato es acotado (accedieron a su repositorio interno y cobraron 6,500 dólares); para el resto de la industria, el aviso es que las mismas capacidades que ayudan a un investigador autorizado están al alcance de quien no tenga sus escrúpulos.