Etched, rival de Nvidia, capta 800 millones para su chip de IA y dice tener 1,000 millones en contratos
Etched, valuada en 5,000 millones, debuta con respaldo de Jane Street y un fondo ligado a TSMC.
TL;DR:
- Etched levantó 800 millones de dólares en total y alcanzó una valuación de 5,000 millones tras una ronda cerrada en diciembre.
- La empresa asegura tener 1,000 millones de dólares en contratos firmados por su chip de inferencia Sohu y sus racks completos, aún en pruebas con clientes.
- Entre los inversionistas están Jane Street, un fondo ligado a TSMC, Hudson River Trading, Two Sigma y figuras de la IA como Geoffrey Hinton y Fei-Fei Li.
Etched salió este 30 de junio de 2026 de su etapa más reservada con una carta de presentación difícil de ignorar: 800 millones de dólares levantados, una valuación de 5,000 millones de dólares y, según la propia empresa, 1,000 millones de dólares en contratos de venta ya firmados. La startup, con sede en San José, California, diseña chips pensados exclusivamente para ejecutar modelos de inteligencia artificial —no para entrenarlos— y aspira a competir de frente con Nvidia en el negocio de la inferencia. Entre sus respaldos aparecen la firma de trading Jane Street y VentureTech Alliance, un fondo de capital de riesgo ligado a TSMC, el mayor fabricante de chips del mundo. Etched promete enviar sus primeros equipos a clientes este verano. La pregunta de fondo no es el dinero, sino si el hardware cumplirá lo prometido.
We're coming out of stealth.
— Etched (@Etched) June 30, 2026
We've built our first racks after a successful A0 tapeout, $1B+ in customer contracts, and $800m raised.
Early customer tests show us achieving SOTA throughput, latency, and power efficiency on inference workloads.
Our first racks ship this summer. pic.twitter.com/FLccrkLTza
Sohu, el chip que apuesta todo a la inferencia
El producto central de Etched es Sohu, un chip diseñado para ejecutar modelos transformer grabando esa arquitectura directamente en el silicio, en lugar de apoyarse en las GPU de propósito general que hoy dominan el mercado. La diferencia con Nvidia es de filosofía: su GPU estrella, Rubin, sirve tanto para entrenar como para inferir, mientras que Etched renunció al entrenamiento para dedicar cada milímetro del chip a la inferencia. Menos circuitos de entrenamiento significan menos consumo, o más espacio para acelerar las respuestas.
¿Por qué importa tanto esta fase? La inferencia es el momento en que un modelo ya entrenado responde a las peticiones de los usuarios, y hoy es el mayor cuello de botella y el principal centro de costos para quien opera IA a gran escala. El dinero persigue a quien prometa abaratarla.
Etched fabrica el Sohu con el proceso N4P de TSMC, una versión mejorada de su nodo de cinco nanómetros que, según el fabricante, rinde 11% más que el original. La compañía afirma que sus primeros prototipos salieron de esa línea de producción a inicios de año.
Para exprimir el rendimiento sin que el chip se sobrecaliente, Etched desarrolló junto con TSMC una técnica que llama inferencia de bajo voltaje (LVI). La promesa, en sus palabras, es correr un modelo de un billón de parámetros a "más del 80% de su rendimiento máximo" en FLOPs sin bajar la frecuencia de reloj, ese freno por calor que normalmente ralentiza a los chips. La empresa sostiene además que la densidad de cómputo de su silicio es varias veces mayor que la de los procesadores de IA que ya están en el mercado. Son cifras de la propia Etched, todavía sin verificación independiente.
El chip, eso sí, es apenas una pieza. Etched diseñó el rack completo: las placas, las placas frías para enfriamiento líquido, la interconexión entre chips y una mezcla de memoria SRAM y HBM. Vende esos equipos como sistemas que llama "frontier inference clusters", paquetes de chip, hardware y software pensados para que los modelos de frontera corran más rápido y más barato. Robert Wachen, presidente de la empresa, presumió ante Bloomberg que ningún otro startup de chips había integrado también el rack entero.
Jane Street, un fondo de TSMC y un "quién es quién" de la IA
El dinero llegó por partes. La mayor fue una ronda de 500 millones de dólares cerrada en diciembre que valuó a Etched en 5,000 millones post-money; The Next Web, citando a Bloomberg, señala que la lideró la firma Stripes. Jane Street encabezó por separado una ronda previa no anunciada y, de acuerdo con Bloomberg, ha puesto más de 100 millones de dólares en total. Sumadas todas, la compañía dice haber levantado 800 millones desde su fundación.
La lista de inversionistas explica buena parte del ruido. Ahí está VentureTech Alliance, el fondo ligado a TSMC; las firmas de trading cuantitativo Jane Street, Hudson River Trading y Two Sigma; y fondos como Ribbit Capital y Positive Sum. En la mesa de capital también figuran los multimillonarios Peter Thiel y Stanley Druckenmiller. Y como ángeles, varios de los nombres más citados de la inteligencia artificial: Geoffrey Hinton, premio Nobel por su trabajo fundacional en IA moderna; Fei-Fei Li, pionera de la visión por computadora; y Andrej Karpathy, entre otros.
De operar mes a mes a una valuación de 5,000 millones
Detrás de las cifras hay una historia menos lustrosa. Etched nació en 2022 de la mano de Gavin Uberti y Robert Wachen, dos jóvenes que dejaron Harvard y se volvieron becarios Thiel para montar la empresa. En 2023 casi nadie les hacía caso: pasearon un memo de 30 páginas argumentando que la IA terminaría necesitando chips especializados, no solo GPU genéricas, y todos los grandes inversionistas a los que tocaron dijeron que no. La compañía, según relataron los propios fundadores, operaba mes a mes, a punto de quedarse sin efectivo.
El contraste con hoy es brutal. Por más que el comunicado hable de "salir del sigilo", los fundadores llevan platicando de sus planes con la prensa desde 2024, cuando la empresa ya había reunido más de 125 millones de dólares. Lo que cambió no fue tanto Etched como el mercado: el apetito por cualquier cosa que prometa acelerar la inferencia se disparó. La compañía emplea hoy a unas 400 personas, más de la mitad cerca de su sede en San José, según Bloomberg.
La carrera por la inferencia es ahora la apuesta más cara del sector
Etched no corre sola. Cerebras protagonizó la primera gran salida a bolsa del año y captó 5,500 millones de dólares en mayo; Groq levantó 650 millones en junio, luego de que Nvidia le pagara 20,000 millones de dólares en diciembre por un acuerdo de licencia que se llevó a buena parte de sus ingenieros. OpenAI presentó su primer chip propio, fabricado por Broadcom, y Amazon, Google y Microsoft ya diseñan silicio de IA en casa. La londinense Fractile reunió 220 millones para chips que juntan cómputo y memoria en el mismo dado. Construir silicio a la medida para inferencia, en vez de reciclar las GPU de entrenamiento, se convirtió en una de las apuestas más caras de toda la industria.
Aquí conviene un matiz que no hay que perder de vista. Los 800 millones levantados y la valuación de 5,000 millones son cifras respaldadas por inversionistas reales. Los 1,000 millones en contratos, en cambio, son una afirmación de la propia Etched: sus equipos siguen en pruebas con clientes y ningún startup de este nicho ha demostrado del todo que sus chips rindan lo prometido bajo cargas de producción reales. Esa es la incógnita que ningún cheque resuelve.
La tesis de los optimistas la resumió Patrick O'Shaughnessy, director ejecutivo de Positive Sum y uno de los inversionistas:
"Si tienes cómputo ahora, la gente lo comprará."
La apuesta de Etched es que llegar temprano con un rack completo —y no solo con un chip— pesa más que cualquier número en una hoja de especificaciones. Si los primeros equipos cumplen este verano, la empresa habrá encontrado una grieta real en el dominio de Nvidia. Si no, será otra promesa cara en una industria que ya acumula varias.