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El VLT capta a la compañera de Betelgeuse tras un siglo, pero el estudio aún la llama candidata

La compañera de Betelgeuse, captada por el VLT a 6.1 sigma tras un siglo de búsqueda fallida.

por Dilis Salazar
Stunning view of the Orion constellation surrounded by clouds and stars in the night sky.
Foto de Osman Özavcı en Pexels

TL;DR:

  • El instrumento SPHERE del Very Large Telescope detectó a Betelgeuse B el 6 de diciembre de 2024 con una significancia de 6.1 sigma, contra el 1.5 sigma que había logrado el telescopio Gemini North.
  • La compañera está a 52.32 milisegundos de arco (unas 8.8 unidades astronómicas) y pesa entre 2.6 y 3.1 veces lo que el Sol, bastante más de lo que se había predicho.
  • El propio artículo mantiene la etiqueta de "candidata": la confirmación exige volver a verla del otro lado de Betelgeuse, después de medio periodo orbital.

Un equipo encabezado por el astrónomo francés Miguel Montargès, del Observatorio de París, publicó el 28 de julio de 2026 la imagen más nítida que existe de Betelgeuse B, la estrella que gira alrededor de la supergigante roja del hombro de Orión. La detección salió del instrumento SPHERE del Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), en el desierto de Atacama, y llegó a una significancia estadística de 6.1 sigma. El trabajo apareció en la revista Astronomy & Astrophysics y cierra en la práctica una cacería de cien años. Con un matiz que casi ningún titular recogió: los autores siguen escribiendo "candidata" cada vez que la nombran.

Las cifras del artículo son las que sostienen el anuncio. El equipo apuntó a Betelgeuse las noches del 3 y el 6 de diciembre de 2024 con SPHERE-ZIMPOL, sin coronógrafo, y dejó el trabajo pesado a dos algoritmos de posprocesamiento (PACO ASDI y análisis de componentes principales). De ahí salió esto:

  • Separación proyectada de 52.32 milisegundos de arco, con un margen de 0.18. A los 168 parsecs que el estudio adopta como distancia, son unas 8.8 unidades astronómicas, un poco menos de lo que separa a Saturno del Sol.
  • Un contraste de brillo del 0.08%: en ese filtro, la compañera aporta unas 1,200 veces menos luz que Betelgeuse.
  • Masa estimada de 2.6 a 3.1 masas solares y tipo espectral B8.5V a B9.5V, una estrella azulada recién llegada a la secuencia principal.
  • Periodo orbital mínimo de 5.5 a 5.9 años, compatible con el ciclo de 2,200 días que Betelgeuse repite en su curva de luz y que nadie lograba explicar.

La compañera pesa el triple de lo previsto, y por eso se dejó ver

El hallazgo ocurrió gracias a un error de cálculo previo, y en la dirección afortunada. El ESO señala que a la compañera se le suponía una masa parecida a la del Sol; el equipo del telescopio Gemini North, que la rozó en 2025, la estimó en torno a 1.5 masas solares. Los datos del VLT la sitúan entre 2.6 y 3.1. Más masa significa más luz, y ahí se abrió la ventana que el propio Montargès daba por cerrada antes de mirar los datos.

"Salté de mi silla cuando vi las imágenes procesadas".

Miguel Montargès, Observatorio de París - PSL

Hay una corrección técnica escondida en el paper. El equipo de Gemini había descrito a la compañera como una estrella previa a la secuencia principal; el trabajo del VLT concluye que ya entró en ella. El argumento se apoya en tres ausencias: no aparece emisión en el filtro estrecho de Hidrógeno alfa, el Hubble no la vio en ultravioleta lejano y el Chandra no encontró señal en rayos X. Nada de eso encaja con una estrella que todavía se esté formando.

De 1.5 sigma en Hawái a 6.1 sigma en Paranal

Ese salto es el corazón de la noticia. En diciembre de 2024, el instrumento 'Alopeke del Gemini North, en Hawái, registró algo en el lugar predicho, pero con apenas 1.5 sigma de confianza, un nivel que en física no basta para afirmar nada. Las mismas coordenadas, medidas tres días después desde Chile, salieron a 6.1 sigma con PACO ASDI y a 5.1 con el segundo algoritmo. Montargès y sus coautores dicen textualmente que confirman el análisis del equipo estadounidense.

Tensión de Hubble: cinco sigma y sin explicación
Adam Riess mide 73 km/s/Mpc y el modelo predice 67. La brecha ya supera las cinco sigma.

El coautor Anthony Boccaletti, también del Observatorio de París, subraya que SPHERE y esas técnicas de posprocesamiento nacieron para cazar exoplanetas, no compañeras de supergigantes. Es la segunda lectura interesante del hallazgo: la maquinaria de la caza de mundos ajenos empieza a rendir en un problema para el que no fue diseñada.

Cielo nocturno estrellado con la constelación de Orión visible sobre un horizonte oscuro
Imagen ilustrativa: Betelgeuse marca el hombro de Orión y se distingue a simple vista por su tono anaranjado · Foto de Osman Özavcı en Pexels

Un detalle que ninguna cobertura destacó: entre los trece autores del artículo hay dos observadores de la American Association of Variable Star Observers, Tom Calderwood y Pam Morgan. Su fotometría en filtro V del 1 y el 4 de diciembre de 2024, tomada desde equipos de aficionado, fue la que permitió calibrar el brillo de Betelgeuse para después despejar el de su compañera. Sin esas mediciones no había estimación de masa.

La distancia a Betelgeuse sigue sin acuerdo, y el hallazgo toma partido

Aquí está el dato que el comunicado no menciona y que el paper trabaja con cuidado. Nadie sabe con precisión a qué distancia está Betelgeuse: la paralaje óptica se enreda con la superficie hirviente de la estrella. El estudio adopta los 168 parsecs (unos 550 años luz) que salieron de un análisis asterosismológico de 2020, pero existe una medición por radio de 2017 que la coloca en 222 parsecs. Por eso circulan cifras de 550, 650 y hasta 724 años luz en las notas de estos días.

La diferencia no es cosmética. Con 168 parsecs, el periodo orbital mínimo de Betelgeuse B cuadra con el ciclo de 2,200 días de la curva de luz. Con 222 parsecs, ese periodo sube a más de ocho años y deja de cuadrar. El equipo concluye que la distancia corta encaja mejor con la hipótesis binaria, aunque lo plantea como argumento y no como medición.

Los autores también revisaron la explicación más intuitiva de esa variación de brillo, y no les alcanzó. Calcularon cuánto polvo circunestelar puede evaporar la compañera a su paso y les salió una modulación de 0.1 magnitudes como máximo, contra las 0.5 que se observan. Su propuesta: el efecto dominante es dinámico, no de polvo evaporado.

Chile puso el cielo, el telescopio y una de las firmas

El VLT opera en Cerro Paranal y el ESO tiene a España entre sus 16 Estados miembros, así que el hallazgo lleva sello europeo por partida doble. Pero la conexión más directa con el mundo hispanohablante está en la lista de autores: Pierre Kervella trabaja en el Laboratorio Internacional Franco-Chileno de Astronomía (CNRS IRL 3386), alojado en el Observatorio Astronómico de la Universidad de Chile.

Kervella aterriza la escala con una imagen doméstica: la luz que los espejos de Paranal recogieron en diciembre de 2024 salió de ese sistema por la época en que Gutenberg armaba su imprenta en Europa. Y adelanta hacia dónde va la investigación.

"El siguiente paso de nuestra investigación es medir con precisión su periodo orbital".

Pierre Kervella, IRL FCLA, Universidad de Chile

Esa órbita es el premio real. Medirla daría por fin la masa exacta de Betelgeuse, un número que se resiste desde hace décadas y del que dependen los modelos de cómo mueren las supergigantes rojas, esas fábricas de polvo cósmico que siembran el medio interestelar cuando estallan. Kervella ya mira más lejos: el Extremely Large Telescope, en construcción en Cerro Armazones cerca de Antofagasta, tiene prevista su primera luz en 2030.

⚠️
Betelgeuse B todavía figura como candidata en el artículo de Astronomy & Astrophysics. La confirmación formal exige volver a fotografiarla al otro lado de Betelgeuse una vez transcurrido medio periodo orbital, unos tres años después de las imágenes de diciembre de 2024. Montargès sostiene que queda muy poco margen para la duda.

Preguntas rápidas sobre Betelgeuse B

¿Cómo se llama la compañera de Betelgeuse?

El equipo de Steve Howell, del centro Ames de la NASA, propuso Siwarha, 'su brazalete' en árabe, y el grupo de trabajo de nombres estelares de la Unión Astronómica Internacional lo adoptó en 2025. El ESO y el artículo de Astronomy & Astrophysics prefieren llamarla Betelgeuse B o alfa Orionis B.

¿Betelgeuse va a explotar pronto?

Nadie tiene fecha. Betelgeuse terminará como supernova por su estado evolutivo, pero el atenuamiento de 2019 y 2020 que disparó las especulaciones se debió a una nube de polvo, según un estudio del propio Montargès publicado en Nature en 2021. Lo que ahora se investiga es si la compañera alterará esa explosión.

¿A qué distancia está Betelgeuse de la Tierra?

No hay consenso. El estudio del VLT adopta 168 parsecs, unos 550 años luz, a partir de un análisis asterosismológico de 2020. Una medición por radioparalaje de 2017 la sitúa en 222 parsecs, cerca de 724 años luz. La superficie convectiva de la estrella complica cualquier medición óptica.

Betelgeuse lleva milenios bajo observación humana y todavía guardaba una estrella entera al lado. El artículo llega firmado el 19 de junio de 2026 tras dos revisiones, con un dato que ordena todo lo demás: entre el 20% y el 40% de las supergigantes rojas viven en pareja, y una cuarta parte muestra el mismo ciclo largo de brillo que delató a Betelgeuse B. Si ese ciclo resulta ser la firma de una compañera oculta, lo que hoy es un caso singular se vuelve un método para revisar el catálogo completo.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Dilis Salazar

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