TL;DR:
- Las mediciones locales de la expansión del universo dan cerca de 73 km/s/Mpc y el modelo estándar, alimentado con el fondo cósmico de microondas, predice 67.
- La discrepancia ronda el 8 o 9% y ya rebasó las cinco sigma, el umbral en el que los físicos descartan la casualidad.
- Tres observatorios nuevos entran a la discusión: Vera Rubin, Euclid y el Nancy Grace Roman, este último con despegue previsto para septiembre de 2026.
El astrofísico Adam Riess volvió a poner el dedo en la grieta más incómoda de la cosmología. En el podcast The Joy of Why de Quanta Magazine, publicado el 23 de julio de 2026, el Nobel de Física 2011 explicó que las dos maneras de medir la velocidad a la que se expande el universo siguen sin coincidir. Su equipo obtiene un valor cercano a 73 kilómetros por segundo por megapársec midiendo estrellas que explotan en galaxias cercanas. El modelo estándar, calibrado con el fondo cósmico de microondas, predice 67. La diferencia ronda el 8 o 9% y ya rebasó las cinco sigma. Llevan una década buscando el error y no aparece.
Diez años de revisiones y las dos cifras no se mueven
Riess, profesor de astronomía y física en la Universidad Johns Hopkins y miembro del equipo científico del Space Telescope Science Institute, arrancó el proyecto SHOES para llevar la medición local de una precisión del 10% al 1%. Al principio todo cuadraba.
En 2013 llegó el sacudón. El satélite Planck de la Agencia Espacial Europea publicó datos del fondo cósmico mucho más finos y el valor predicho se movió hacia 67, con un margen de apenas medio punto. El local se quedó clavado alrededor de 73, más o menos dos.
Parecen números vecinos. Dejan de serlo cuando ambos lados presumen barras de error tan estrechas. Riess cambió el Hubble por el James Webb y volvió a obtener lo mismo; los equipos del fondo cósmico rehicieron su análisis y también salieron con lo mismo. Lo único que conecta ambas cifras es el relato intermedio, y ese relato es el modelo. Riess no le concede más rango del que tiene:
"Sigue siendo un modelo. No es la física en sí misma."
El 96% del universo sigue sin nombre propio
La receta del modelo Lambda-CDM deja mal parada a la intuición. Todo lo que aparece en la tabla periódica, lo que se puede tocar, pesa cerca del 4%. Otro 26% es materia oscura, que no emite luz y solo se delata por su gravedad. El 70% restante es energía oscura. Cuando los físicos intentan calcular esa energía del vacío con mecánica cuántica, el resultado se aleja del observado por 120 órdenes de magnitud, detalló Riess.
Y aun así funciona. Explica la abundancia de elementos ligeros, el patrón de manchas del fondo cósmico y la historia de la expansión, con una frenada temprana que permitió formar galaxias y una aceleración posterior. Fue el estándar durante 25 años. Las grietas llegaron después:
- La tensión de Hubble, con una discrepancia superior a cinco sigma.
- Los resultados de DESI, que mapea posiciones tridimensionales de galaxias en todo el cielo y apuntan a que la energía oscura no se comporta como una constante cosmológica.
- La grumosidad de la materia cercana, que sale más lisa de lo que el modelo pedía a partir del aspecto del universo temprano.

El inventario de lo que sí es materia ordinaria también se ha movido en las últimas semanas:

¿Esto es Neptuno o es la relatividad general?
Riess recurre a un episodio del siglo XIX para explicar por qué nadie se atreve a apostar. Cuando Urano se salía de su órbita prevista, los astrónomos calcularon con puro papel que faltaba un planeta, apuntaron el telescopio y encontraron Neptuno. La teoría de Newton quedó intacta: solo faltaba materia.
Décadas más tarde Mercurio hizo lo mismo y volvieron a imaginar un planeta escondido, al que bautizaron Vulcano. Nunca apareció. La respuesta tardó cincuenta años y no era un planeta: era Einstein cambiando la gravedad.
La tensión de Hubble está parada en ese mismo cruce. Puede ser un hilo suelto que se arranca sin consecuencias o el que deshace el suéter completo.
Rubin, Euclid y Roman llegan a zanjar el pleito
Tres observatorios entran a la discusión con datos frescos. El Vera Rubin, el telescopio de campo completo más grande instalado en tierra, empezó a observar hace unos meses. Euclid, de la Agencia Espacial Europea, ya está operando. Y el Nancy Grace Roman de la NASA tiene despegue previsto para septiembre de 2026, según el calendario que citó Riess.
Roman es el que más músculo trae. Captura en una sola imagen alrededor de 100 veces el campo de visión del Hubble y opera tan rápido que su capacidad de recolección resulta unas 1,000 veces superior.
Si los tres coinciden en que la expansión local va a 73 mientras el universo temprano insiste en 67, alguien tendrá que reescribir el capítulo de en medio. No sería la primera vez que un modelo llamado estándar termina siendo el borrador de otro.
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