Paleontólogos del Denver Museum of Nature & Science, en Colorado, y de la Liverpool John Moores University, en Inglaterra, describieron el primer rastro de huellas atribuido a un Tyrannosaurus rex adulto: cuatro pisadas de tres dedos, de unos 90 centímetros cada una, alineadas a lo largo de unos 7 metros en la Formación Hell Creek, en el suroeste de Dakota del Norte, Estados Unidos. Con esa secuencia estimaron que el animal avanzaba a entre 5.6 y 7.2 kilómetros por hora, un ritmo comparable al de una persona a paso rápido, hace unos 66.5 millones de años. El estudio salió el 8 de septiembre de 2026 en el Journal of Vertebrate Paleontology. Hasta ahora, a los T. rex adultos solo se les habían atribuido huellas aisladas, que no permiten seguir cómo se movía el animal.
El sitio lo descubrió en 2025 Kent M. Hups, maestro de la Northglenn High School, en Colorado, mientras colaboraba como voluntario en una campaña de campo del museo, en terrenos federales que administra el Servicio Forestal de Estados Unidos cerca de Marmarth. Según National Geographic, Hups, que venía de un reemplazo de rodilla, buscaba una salida más fácil de un valle estrecho y rocoso cuando vio sobresalir del suelo algo parecido a tres dedos gigantes.

Tyler Lyson, curador sénior de paleontología de vertebrados del museo, no se convenció con una ni con dos huellas. Quería ver un patrón, contó a esa revista, así que marcó el punto donde debía aparecer una tercera si aquello era un rastro. Un amigo suyo cavó ahí y dio con ella.
“Como maestro, siempre les digo a mis alumnos que la ciencia empieza con la curiosidad, la pasión y la observación cuidadosa. Nunca imaginé que eso podría llevarme a un descubrimiento como este”, dijo Hups, coautor del artículo, en el comunicado del museo.
Solo había huellas sueltas de T. rex adulto
Los científicos solo habían identificado dos huellas de T. rex adulto en todo el mundo, una en Nuevo México y otra en Montana, según National Geographic. Sci.News, que resume el artículo, precisa que se describieron en 1994 y 2008, y que los rastros de tiranosaurio hallados en Canadá y Wyoming los dejaron animales más pequeños, ya fueran Tyrannosaurus jóvenes o especies emparentadas.
La Formación Hell Creek juega en contra. Fue una planicie de inundación surcada por arroyos y pantanos que conserva bien los huesos, pero sus corrientes solían borrar las pisadas. En esa formación solo se conocía otro rastro, hallado a finales de los noventa en el condado de Harding, Dakota del Sur, con huellas más pequeñas que no corresponden ni a T. rex ni a Triceratops, de acuerdo con la misma revista. Sci.News sitúa el nuevo rastro poco antes del impacto del asteroide que acabó con los dinosaurios, el que dejó el cráter de Chicxulub en la península de Yucatán.
La tabla reúne esos antecedentes y el animal al que se atribuye cada uno.
| Hallazgo | Qué se encontró | A quién se atribuye |
|---|---|---|
| Nuevo México, descrita en 1994 | Una huella aislada | Un T. rex adulto |
| Montana, descrita en 2008 | Una huella aislada | Un T. rex adulto |
| Canadá y Wyoming | Rastros de tiranosaurio | Animales más pequeños, Tyrannosaurus jóvenes o especies emparentadas |
| Condado de Harding, Dakota del Sur, finales de los noventa | El otro rastro conocido en la Formación Hell Creek, con huellas más pequeñas | Ni T. rex ni Triceratops |
| Cerca de Marmarth, Dakota del Norte, descrito en 2026 | Cuatro huellas de unos 90 cm en unos 7 m | Probablemente un T. rex adulto |
Por qué el estudio dice “probablemente”
El propio título del artículo habla de un rastro “probablemente atribuible” a un Tyrannosaurus rex adulto. Según el comunicado del museo, el equipo señaló al T. rex como el autor más probable por el tamaño excepcional de las huellas y la forma estrecha de sus dedos, junto con la abundancia de fósiles de la especie en la zona. Sci.News suma el ángulo estrecho entre las marcas de los dedos.
Los fósiles de los alrededores pesan en esa conclusión. El T. rex juvenil que el museo llama Teen Rex apareció a poco más de 10 millas, unos 16 kilómetros, del rastro, y un fragmento de diente de tiranosaurio salió a menos de media milla, unos 800 metros, según National Geographic, aunque ese trozo no alcanza para saber de qué especie era.
Las huellas tampoco ofrecen mucho detalle. No son hundimientos, sino moldes naturales de arenisca cementada con carbonato de calcio que se formaron en las depresiones que el animal dejó en un lodo blando; la erosión se llevó la roca más suave de alrededor y dejó expuestos los moldes, con la superficie muy fracturada. Por eso, explica Sci.News, conservan poco detalle anatómico fino más allá del tamaño y el número de dedos.
National Geographic recuerda una frase que circula en paleontología para ese problema: las huellas no son pies, porque es difícil probar qué especie dejó cada marca.
El autor principal calculó el paso sin ver nunca las huellas
El rastro registra dos pisadas izquierdas y dos derechas, con una zancada de unos 4 metros, que es la distancia entre dos huellas del mismo pie. A partir de esa separación, los investigadores estiman que el animal avanzaba a entre 5.6 y 7.2 km/h. El museo advierte que la cifra es aproximada porque las huellas están muy erosionadas; Sci.News la describe como un ritmo coherente con el de otros rastros de grandes terópodos, el grupo de dinosaurios bípedos al que pertenece el T. rex.
“Los huesos nos dicen muchísimo sobre estos animales, pero las huellas capturan un momento de comportamiento. Con un rastro podemos seguir de verdad a un animal mientras se desplazaba por el paisaje. Eso es increíblemente raro en el caso del T. rex”, dijo Lyson en el comunicado.
Peter Falkingham, profesor de paleobiología de la Liverpool John Moores University y especialista en huellas de dinosaurio, encabezó el estudio sin haber visto nunca el rastro en persona. Evan Tamez-Galvan, investigadora del museo, escaneó cada huella en 3D en el sitio, y Falkingham revisó esos modelos en su computadora y en realidad virtual. Según dijo en el comunicado, eso le permitió mirarlas tan de cerca como sus colegas en campo. Los mismos modelos sirven para fabricar reproducciones físicas.
Tres huellas viajarán a Denver, pero el conteo no cuadra
Durante el verano de 2026, el equipo envolvió en yeso tres de las huellas para protegerlas en el traslado, con permiso del Servicio Forestal, según National Geographic, que acompañó a los paleontólogos en el sitio. El museo prevé sacarlas en helicóptero durante el otoño boreal de 2026, llevarlas a Denver y compartir con sus visitantes avances de la recuperación en el invierno.
National Geographic describe cinco huellas en el sitio; el comunicado del museo y los resúmenes del artículo hablan de cuatro. Ninguna de las fuentes consultadas explica la diferencia.
Lo que se sabía de cómo caminaba un T. rex adulto salía sobre todo de sus huesos. Este rastro aporta la primera estimación tomada de sus pisadas en secuencia, y tres de ellas llegarán a Denver para seguir estudiándose.