TL;DR:
- El colmillo del narval no lleva una espiral, sino dos encajadas y de sentido contrario: el cemento exterior gira a la izquierda y la dentina interior, a la derecha.
- Verlo exigió tomografía tensorial de rayos X en tres sincrotrones europeos, con muestras de 5 milímetros, 1 milímetro y 0.3 milímetros de diámetro.
- El paper se cierra reconociendo que sigue sin saberse cómo se forma esa arquitectura, y para qué usa el narval su colmillo tampoco hay respuesta.
El colmillo del narval, el diente que en la Edad Media se vendía como cuerno de unicornio, no gira en un solo sentido. Un equipo internacional dirigido desde la Universidad de Aarhus mapeó su interior con rayos X en tres sincrotrones y encontró dos hélices encajadas de sentido contrario: el cemento, la capa de fuera, se enrosca hacia la izquierda, y la dentina, el grueso de la pieza, lo hace hacia la derecha. Esa oposición cancela tensiones internas y ayuda a explicar por qué resiste la flexión y la torsión, y por qué crece recto pese a girar sobre sí mismo, algo que ningún otro colmillo de la naturaleza hace. El trabajo salió el martes 18 de agosto de 2026 en Nature Communications. Lo que no resuelve, y sus autores lo escriben en la última línea, es cómo llega a formarse esa arquitectura.
El cemento gira a la izquierda y la dentina, a la derecha
El colmillo es el canino superior izquierdo del macho, que atraviesa la mandíbula y sale por el labio. Puede superar los dos metros, aunque Adrián Rodríguez-Palomo, primer autor del estudio, habla de ejemplares que llegan a tres. Siempre es el izquierdo y siempre gira hacia la izquierda. Y cuando aparece el caso raro de un narval con dos colmillos, los dos giran hacia la izquierda también, una asimetría que en mamíferos no tiene equivalente conocido.
Bajo esa superficie hay dos tejidos. La dentina, la misma sustancia que forma el núcleo de nuestros dientes, ocupa el interior. El cemento la cubre por fuera, y ahí está la primera rareza: en el resto de los mamíferos el cemento aparece solo en la raíz del diente, mientras que en el narval recorre la pieza entera hasta la punta.
Las fibrillas de colágeno mineralizado de los dos tejidos se alinean sobre todo a lo largo del eje del colmillo, pero se desvían de forma sistemática. Lo hacen en sentidos opuestos, con un ángulo que crece conforme uno se aleja de la frontera entre ambos tejidos.
| Tejido | Sentido del giro | Desviación de las fibras respecto al eje |
|---|---|---|
| Cemento (capa exterior) | A la izquierda | Llega a unos 60 grados en la superficie |
| Dentina (el grueso del diente) | A la derecha | Llega a unos 60 grados junto a la cavidad interior |
| Unión cemento-dentina | Ninguno | Cero grados: ahí se tocan las dos hélices |
La fuerza que guardan esas dos hélices se ve sin microscopio. Cuando los investigadores partieron colmillos a lo largo, cada mitad se retorció más de 180 grados desde la base hasta la punta, y en los ejemplares más largos pasó de 200. Siempre hacia la izquierda. Los ensayos de flexión en tres puntos dieron el otro lado de la misma anisotropía: 17.6 gigapascales de módulo elástico medio en dirección longitudinal contra 10.8 en la transversal.
Esa torsión guardada tiene una consecuencia práctica que el paper apunta y que afecta a la conservación de piezas históricas. La silla de coronación que Federico III mandó fabricar con colmillos de narval, terminada en 1671 y todavía en el castillo de Rosenborg, en Copenhague, está hecha de un material que se retuerce cuando se corta y se rompe el equilibrio de sus tensiones internas.
La hélice no aparecía en las imágenes
El material de trabajo fueron dos cráneos con sus colmillos, comprados a precio de mercado a cazadores de subsistencia inuit de Groenlandia y exportados con permisos CITES, más otros seis colmillos ya partidos por la mitad de la colección del Greenland Institute of Natural Resources, que sirvieron para las mediciones de forma.
Para mirar dentro hizo falta un despliegue poco común: la línea DanMAX del sincrotrón MAX IV, en Suecia; la línea cSAXS de la Swiss Light Source, en el Paul Scherrer Institute suizo; y las líneas ID15A e ID13 del European Synchrotron Radiation Facility, en Francia. La técnica central es la tomografía tensorial de rayos X, que gira la muestra en el haz, la escanea punto por punto y reconstruye en tres dimensiones cómo están orientadas las fibrillas. Los autores la aplicaron a cilindros de 5 milímetros, 1 milímetro y 0.3 milímetros de diámetro, con vóxeles de 150, 25 y 3 micrómetros, para cubrir un rango de tamaños de un factor cercano a 50.

Píxel por píxel, el volumen reconstruido no mostraba ninguna hélice. "En vez de una hélice, solo veíamos un patrón regular", contó al Paul Scherrer Institute Marianne Liebi, coautora del trabajo, que describe aquel momento como un desconcierto. La salida llegó al dejar de mirar cada punto por separado y empezar a comparar la orientación de unos con otros: al unir esas direcciones aparecieron las dos espirales.
El primer autor recuerda la desconfianza inicial. "Cuando encontramos este resultado, pensé que la había liado en algún momento", explicó Rodríguez-Palomo a elDiario.es, en referencia a la sospecha de haber puesto un signo cambiado. El equipo volvió a reunir todos los resultados, los reanalizó y los reprocesó en tres dimensiones hasta confirmar que la doble hélice estaba ahí.
Hay una precisión de vocabulario en el propio comunicado de la Universidad de Aarhus: hablando en rigor, el colmillo no describe una espiral sino una curva helicoidal sobre una forma cónica, porque se retuerce en tres dimensiones alrededor de su eje y no en un solo plano.
El paper no explica cómo se forma el colmillo, y el comunicado va más lejos
El artículo de Nature Communications termina reconociendo que la formación de esa estructura sigue sin conocerse, porque falta información básica sobre cómo crece y se desarrolla el colmillo del narval. Los autores solo dejan una hipótesis: no sería descabellado que el diente empiece a formarse en la unión entre cemento y dentina, que es donde conserva su orientación axial y donde arranca la quiralidad de signo contrario.
El comunicado de la Universidad de Aarhus da un paso que el paper no da. Ahí se lee que el patrón de crecimiento levógiro estaría programado genéticamente y se mantendría estable toda la vida del animal. El estudio no midió genes: midió estructura, y lo que concluye es algo más modesto, que la fuerza que ordena la hélice se sostiene frente a las variaciones anuales del crecimiento.
Dos investigadores españoles ajenos al trabajo señalaron el mismo hueco a elDiario.es. Luis María Escudero, catedrático de biología celular de la Universidad de Sevilla, valoró el esfuerzo multidisciplinar y añadió que queda por conocer qué mecanismos de la biología del desarrollo dirigen esa formación. Elena Camacho-Aguilar, del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo, fue igual de explícita: los autores dejan abierto cómo se construye la estructura durante el crecimiento del diente, y le parecería fascinante ver estudios futuros que ataquen esa pregunta.
Para qué sirve el colmillo tampoco tiene respuesta
La lectura mayoritaria es que se trata de un rasgo de selección sexual, porque lo llevan los machos y su longitud varía mucho más que otras medidas del cuerpo. Pero el cuadro tiene grietas: hay hembras con colmillo y machos sin él.
Las alternativas no han resistido bien. Se ha propuesto que el colmillo detecte temperatura, salinidad o composición química del agua, y la Universidad de Aarhus apunta que los biólogos marinos en Groenlandia no han encontrado ninguna conducta que respalde esa función. La hipótesis de herramienta de caza choca con lo mismo de antes: si lo fuera, sería lógico que las hembras también lo tuvieran, y nada indica que pasen hambre. De las peleas entre machos quedan indicios sueltos, como fragmentos de colmillo incrustados en el cuerpo de otros animales, pero no una conducta documentada.
El siguiente paso es leer el colmillo como los anillos de un árbol
El colmillo crece durante toda la vida del narval, y el estudio cita longevidades superiores a los 80 años. Cada capa anual queda registrada dentro del diente con la misma torsión constante, y el trabajo detectó que hasta el tamaño de los cristales de bioapatita cambia entre esas bandas.
Ese archivo es lo que persigue ahora el grupo. "Sus dientes forman una especie de registro histórico de las condiciones ambientales cambiantes", dijo Henrik Birkedal, del Departamento de Química de la Universidad de Aarhus y responsable del proyecto, financiado por NordForsk bajo el nombre "Narwhal tusks: a tale with a twist". El Atlántico Norte se está transformando rápido, y la apuesta es que esos cambios hayan quedado escritos en el tejido duro del colmillo.
Mientras tanto, la arquitectura ya funciona como manual de ingeniería. Liebi la compara con el hormigón armado, donde el acero aporta resistencia a la tracción y el hormigón aguanta la compresión: en el colmillo, las fibras de colágeno hacen de refuerzo y los cristales minerales dan la dureza. Una configuración de doble hélice resiste mejor la flexión y la torsión que una hélice simple o que una varilla recta, y aparece en otros materiales biológicos sometidos a grandes fuerzas, como el esqueleto de la esponja de vidrio de aguas profundas.
El colmillo del narval sigue siendo el único recto que se conoce en la naturaleza, y su giro macroscópico hacia la izquierda tampoco tiene otro caso descrito. Los autores ven ahí una fuente de inspiración para materiales nuevos, y el primer requisito para copiarlo sería reproducir dos hélices que tiran en sentidos contrarios.