TL;DR:
- Las bandas de sombra son franjas tenues de luz y oscuridad que pueden correr sobre el suelo justo antes y después de la totalidad de un eclipse solar.
- En 2017, sensores instalados en tierra y en un globo a 25 km registraron la misma variación de 4.5 Hz, un resultado difícil de atribuir solo a la turbulencia de la atmósfera baja.
- Una repetición con instrumentos más sensibles no encontró esa señal en 2024, pero las nubes impidieron obtener la comparación simultánea desde el suelo.
El equipo de la Universidad de Pittsburgh que detectó en 2017 una señal asociada a las bandas de sombra a 25 kilómetros de altura no pudo repetir el resultado durante el eclipse de 2024, según un análisis difundido en 2026. El segundo experimento usó sensores más sensibles en globos y en un avión, pero no registró el patrón por encima de la capa turbulenta cercana al suelo. Tampoco pudo comprobar qué ocurría debajo porque las nubes arruinaron las mediciones terrestres. La discrepancia no elimina la explicación atmosférica dominante, pero sí deja sin cerrar una pregunta concreta: si todo el fenómeno nace en el aire bajo o si existe otra señal capaz de aparecer a mucha mayor altura.
El Sol se convierte en una fuente de luz muy estrecha
Las bandas de sombra, también llamadas franjas de sombra, son ondulaciones paralelas y de bajo contraste que algunas personas ven desplazarse sobre paredes, caminos o telas claras en los instantes cercanos a la totalidad. Se han descrito desde el siglo XIX, aunque no aparecen en todos los eclipses ni en todos los puntos de una misma franja de observación. Desaparecen cuando la Luna cubre por completo al Sol y pueden regresar después.
La explicación más aceptada parte de la turbulencia atmosférica. Durante un día normal, el disco solar es una fuente de luz demasiado grande para que el ojo distinga con claridad las pequeñas distorsiones causadas por capas de aire con distinta temperatura, presión y densidad. A medida que la Luna deja al Sol reducido a una media luna extremadamente fina, esa fuente se estrecha y las irregularidades del aire se vuelven visibles como zonas alternadas de mayor y menor intensidad. Es un efecto emparentado con el titileo de las estrellas.
J. L. Codona formalizó esta teoría de centelleo en 1986. Una simulación revisada por pares publicada en Applied Optics en 2021 reprodujo estructuras y movimientos compatibles con observaciones reales y con el modelo de Codona. Ese trabajo situó la mayor contribución de la turbulencia en los primeros 2 a 3 kilómetros de la atmósfera.
El video oficial del equipo de Pittsburgh muestra las franjas desplazándose sobre una pantalla blanca durante el eclipse estadounidense de 2017. Empiezan a distinguirse alrededor del minuto 7:10.
La señal de 4.5 Hz que apareció a 25 kilómetros
El experimento de 2017 colocó arreglos de fotodiodos, sensores que convierten cambios de luz en señales eléctricas, tanto en tierra como en un globo de gran altitud. El equipo registró una variación sostenida de aproximadamente 4.5 Hz antes y después de la totalidad en ambos niveles. La señal desapareció mientras el Sol estuvo completamente cubierto.
El hallazgo resultó incómodo para una explicación limitada a la atmósfera baja. El globo volaba a unos 25 kilómetros, muy por encima de la capa límite planetaria donde se concentra la turbulencia cercana a la superficie. Los autores del artículo, publicado en 2020 en Journal of Atmospheric and Solar-Terrestrial Physics, concluyeron que esa componente de 4.5 Hz no podía proceder del centelleo atmosférico descrito por el modelo convencional.
Los detectores terrestres también captaron señales caóticas de frecuencias más altas que sí coincidían con la teoría de turbulencia. Por eso el resultado no demostró que todas las bandas nacieran por difracción o interferencia fuera de la atmósfera baja. Mostró algo más limitado: junto al patrón esperado apareció una señal ordenada que el modelo dominante no explicaba y que debía repetirse en otro eclipse.
La repetición de 2024 no encontró el mismo patrón
Para el eclipse total del 8 de abril de 2024, el grupo amplió el dispositivo. Lanzó dos globos con fotodiodos que alcanzaron aproximadamente 20 y 25 kilómetros, instaló otro sensor en un avión a 3.6 kilómetros sobre Vermont y desplegó instrumentos en tierra en Concan, Texas. También lanzó 31 radiosondas durante 30 horas para medir temperatura, presión, humedad y viento, y ubicar la altura de la capa límite.
Los sensores aéreos no detectaron una señal persistente comparable con los 4.5 Hz de 2017, pese a tener menor ruido y mayor sensibilidad. El problema quedó abajo. La nubosidad inutilizó los datos terrestres de Texas y el equipo no tenía sensores en el suelo debajo del avión de Vermont. Un video confirmó bandas de sombra en New Brunswick, Canadá, pero ese registro se hizo lejos de las plataformas aéreas y no permite comparar el mismo lugar y el mismo instante.
El análisis, publicado como preprint y actualizado en febrero de 2026, reconoce dos posibilidades que los datos no pueden separar: las bandas quizá no estuvieron presentes en los sitios de medición de 2024 o la señal de 2017 pudo tener un problema que no se identificó. Un resultado negativo en dos ubicaciones limita la hipótesis de una señal a gran altura, pero no la descarta para todos los eclipses.
La teoría atmosférica funciona, pero todavía no predice cada eclipse
La evidencia disponible no deja dos explicaciones con el mismo peso. El modelo de centelleo atmosférico tiene décadas de desarrollo y simulaciones revisadas por pares que reproducen rasgos observados. La difracción e interferencia siguen sobre la mesa porque la señal de 2017 apareció por encima de la capa turbulenta y porque algunos detalles, como el espaciado, la orientación y el movimiento de las franjas, cambian mucho entre observaciones.
El eclipse total del 12 de agosto de 2026 devolvió el fenómeno a la conversación mientras la sombra cruzaba Groenlandia, Islandia y España. La búsqueda de estas franjas convivió con un despliegue de aviones, globos y telescopios para estudiar la corona y la atmósfera, pero una sola observación desde el suelo no puede resolver la discrepancia de Pittsburgh.
La siguiente oportunidad llega el 2 de agosto de 2027, cuando otro eclipse total atravesará el sur de España, el norte de África y partes de Medio Oriente. El propio estudio de 2024 propone el diseño que falta: sensores coordinados por encima y por debajo de la capa límite, alineados en el mismo lugar y durante la misma totalidad, junto con mediciones atmosféricas. Hasta obtener esa comparación, la ciencia puede explicar el aspecto general de las bandas de sombra, pero todavía no por qué aparecen en unos sitios, faltan en otros y dejaron una señal a 25 kilómetros que no volvió a repetirse.