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Ciencia

El periodismo científico vuelve a estar en crisis, pero el problema es más amplio

El cierre de revistas y los recortes en redacciones recuerdan la crisis de 1986, pero los datos apuntan a una transformación más amplia del negocio periodístico.

por Patricia Rodriguez
A close-up of a stack of newspapers resting on a desk, symbolizing information and media.
Foto de brotiN biswaS en Pexels

El periodismo científico atraviesa una nueva crisis en Estados Unidos, pero el problema no se limita al cierre de revistas especializadas. Un análisis publicado el 15 de septiembre por Nieman Journalism Lab encontró que solo 11 de 29 revistas populares de ciencia creadas en el país desde el siglo XIX permanecen, mientras el empleo en periódicos cayó cerca de 80% entre 2000 y 2025. Bruce Lewenstein, profesor de comunicación científica en Cornell, y Chris Mooney, profesor de práctica en la Universidad de Tennessee, comparan el momento con el llamado “science crash” de 1986 y concluyen que la alarma actual mezcla una preocupación parcialmente sobredimensionada con un deterioro real de las instituciones que verifican y editan la información científica.

La crisis de 2026 recuerda a 1986, pero no es la misma

En 1986, dos revistas populares de ciencia dejaron de publicarse en el mismo año, cuando circulaban alrededor de 17 títulos dedicados al público general. El golpe provocó advertencias de que el interés por la ciencia había sido una moda pasajera y de que el mercado ya no podía sostener aquellas publicaciones.

Lewenstein interpretó entonces esa reacción como un “pánico moral”: una preocupación basada en un problema real, pero amplificada hasta presentar el retroceso como una amenaza total para el periodismo científico. El periodismo científico sobrevivió con nuevos programas de formación, revistas y formatos que crecieron junto con internet.

La comparación vuelve a ser útil en 2026, aunque el contexto es más duro. Scientific American cambió de propietarios a finales de junio y, según el análisis de Nieman Journalism Lab, despidió a 15 trabajadores y redujo los salarios de otros. El recorte se sumó a la pérdida de periodistas de ciencia y medio ambiente en The Washington Post, The Wall Street Journal, NPR y CBS News.

La conclusión de los autores no es que toda alarma sea infundada. El momento actual tiene una base económica más extensa porque afecta a las organizaciones que financiaban coberturas largas, edición especializada y revisión legal, no únicamente a una serie de revistas que perdieron lectores.

Las cifras muestran una pérdida material

El recuento de Lewenstein y Mooney es preliminar y tiene límites. Solo sigue cierres de revistas impresas, se concentra en publicaciones estadounidenses de ciencia general y excluye títulos educativos, institucionales o dedicados a una sola disciplina. Aun con esas condiciones, el resultado es difícil de ignorar: de 29 revistas populares creadas desde el siglo XIX, 18 desaparecieron y ocho de esos cierres ocurrieron después de 2000.

Popular Science resume la trayectoria. La revista llegó a distribuir más de un millón de ejemplares al mes en 2011, pasó a una frecuencia bimestral, después trimestral y dejó de imprimirse en 2021. A finales de 2023 también dejó de existir su revista digital, aunque la marca mantiene contenidos de ciencia en internet y dos podcasts.

Los datos laborales oficiales muestran que la contracción pertenece a una transformación más amplia de la industria editorial. La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos registró una caída de 78.6% en el empleo de las empresas editoras de periódicos entre 2000 y 2024, de 416,921 a 89,147 puestos. En las editoras de publicaciones periódicas, la reducción fue de 61.3%, de 166,165 a 64,366 empleos.

La señal tampoco aparece únicamente en Estados Unidos. ThePrint reportó que en India dejaron de imprimirse las revistas Science Today y Science Reporter. Ese dato no demuestra por sí solo una crisis mundial coordinada, pero sí muestra que el retroceso de los formatos impresos se presenta en mercados con historias mediáticas distintas.

Más comunicación científica no significa más periodismo

La paradoja de esta etapa es que nunca hubo tantos canales para encontrar información sobre ciencia. Publicaciones digitales, redes sociales, YouTube y newsletters permiten que investigadores, periodistas y divulgadores lleguen directamente a sus audiencias. Nieman Journalism Lab señala que internet superó a la televisión como principal fuente de información científica para el público hace más de una década, de acuerdo con datos de la National Science Foundation.

El acceso, sin embargo, no garantiza el mismo tipo de trabajo. La comunicación científica puede explicar un descubrimiento, promover una institución o construir una audiencia personal. El periodismo científico añade verificación, investigación, edición, revisión legal y seguimiento de conflictos de interés. Esas tareas requieren tiempo y equipos, justo los recursos que las redacciones están recortando.

El crecimiento de plataformas como Substack puede abrir una salida para periodistas capaces de reunir audiencias que paguen directamente por su trabajo. También puede fragmentar aún más la cobertura, porque no todos los autores tendrán el respaldo de editores, investigadores y abogados que una institución periodística puede ofrecer.

La pregunta central, por tanto, no es si desaparecerá el contenido sobre ciencia. Los datos apuntan a que seguirá circulando y, en algunos formatos, creciendo. El problema medible es otro: hay menos organizaciones con capacidad estable para comprobar afirmaciones, investigar a instituciones poderosas y explicar resultados científicos sin depender de los intereses de quien los comunica.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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