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Cómo la política federal de IA pasó de libertaria a draconiana en meses, y qué puede salvar el desastre

La política de IA de EE. UU. pasó del laissez-faire al bloqueo opaco. Ball propone auditores independientes.

por Dilis Salazar
Cómo la política federal de IA pasó de libertaria a draconiana en meses, y qué puede salvar el desastre
Photo by Andy Feliciotti / Unsplash

TL;DR:

  • El gobierno de Trump convirtió una revisión "voluntaria" de modelos de IA en un régimen de preaprobación opaco sin estándares publicados ni expertos técnicos.
  • Fable 5 y Mythos 5 de Anthropic llevan dos semanas fuera de circulación global; GPT-5.6 Sol de OpenAI se lanzó solo a unas veinte empresas aprobadas por Washington.
  • El analista Dean W. Ball propone organismos independientes de verificación, certificados por el gobierno, con apoyo creciente en el Congreso y entre los principales labs de IA.

Un decreto ejecutivo que Trump firmó a principios de junio creó, en papel, un programa voluntario de revisión para los modelos de inteligencia artificial más avanzados del mundo. En la práctica, ese texto ya mostró su verdadera cara: un régimen de preaprobación opaco que sacó de circulación mundial a Fable 5 y Mythos 5 de Anthropic mediante controles de exportación, y que el 26 de junio limitó el lanzamiento de GPT-5.6 Sol de OpenAI a un grupo de apenas unas veinte empresas autorizadas por Washington. Es la primera vez que el gobierno de EE. UU. le pide a un laboratorio americano restringir proactivamente el lanzamiento de un modelo. El problema de fondo, según el analista de política de IA Dean W. Ball —ex asesor de la Casa Blanca— en un análisis de 35 puntos publicado este viernes: nadie en la administración Trump sabe con precisión qué criterios hay que cumplir para pasar ese filtro.

De la desregulación al cerrojo sin manual

A principios de 2025, la postura pública de la administración Trump sobre la IA era implausiblemente liberal. Un borrador de decreto ejecutivo, filtrado hace apenas siete meses, llegó a calificar los riesgos catastróficos de la IA como "sospecha puramente especulativa". El mismo documento atacaba las leyes estatales de transparencia —pensadas para reducir modestamente ese riesgo— como una amenaza mayor que el riesgo mismo.

El giro fue brusco. A principios de junio, el Departamento de Comercio invocó una oscura directiva de control de exportaciones contra Anthropic, prohibiendo el acceso a sus dos modelos más avanzados a cualquier persona que no fuera ciudadana estadounidense. El desencadenante: investigadores de seguridad de Amazon describieron un posible bypass en los guardriles de Fable 5. Anthropic, incapaz de verificar la nacionalidad de todos sus usuarios a escala, retiró ambos modelos del mercado global. Llevan dos semanas caídos.

La segunda ronda llegó esta semana. La Oficina del Director Nacional de Ciberseguridad y la Oficina de Política Científica y Tecnológica le pidieron a OpenAI restringir el lanzamiento de GPT-5.6 Sol —un modelo de capacidades comparables a Mythos, según fuentes cercanas a la negociación— mientras el gobierno construye el marco regulatorio que debió existir antes. La compañía aceptó, pero dejó claro su desacuerdo:

"No creemos que este tipo de proceso de acceso gubernamental deba convertirse en el modelo predeterminado a largo plazo. Mantiene las mejores herramientas alejadas de los usuarios, desarrolladores, empresas, defensores cibernéticos y socios globales que las necesitan."

Brad Carson, director de Public First, describió el estado actual de las cosas con una frase que resume el sentir de buena parte de la industria: un enfoque ad hoc, personalizado, opaco y posiblemente ilegal.

El vacío técnico en el corazón de Washington

Ball documenta el problema con precisión quirúrgica: el gobierno no tiene expertos, no tiene estándares y no tiene plazos.

El Centro para Estándares e Innovación en IA (CAISI), la agencia designada para producir esa hoja de ruta técnica, contrató hace poco a un especialista con experiencia tanto en OpenAI como en Anthropic. Lo despidieron en cuestión de días. El resto del personal del CAISI ha estado bajo una orden de paro de trabajo durante gran parte de la crisis posterior a Mythos —sin poder siquiera comunicarse con otras agencias del gobierno.

El resultado práctico es predecible. Cuando un laboratorio pregunta si puede publicar un modelo de la escala de Mythos, la respuesta del gobierno es que no. Y seguirá siendo no hasta que existan criterios que, por ahora, no tienen fecha de entrega ni garantía de calidad, dado que los funcionarios ahora a cargo de la política de IA son, en su mayoría, nuevos en el tema. Ball reconoce que los riesgos catastróficos de los modelos de frontera son reales —los documentó mientras era asesor de la Casa Blanca y contribuyó al AI Action Plan oficial—. El problema no es la dirección del gobierno; es la ejecución.

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Photo by terry bazemore iii / Unsplash

Lo que se juega en el tablero económico

Los laboratorios recuperan una fracción importante del costo de entrenamiento de sus modelos —que puede llegar a cientos de millones de dólares— en los primeros meses tras el lanzamiento, antes de que la competencia comprima los márgenes. Cada semana de bloqueo come esa ventana.

El riesgo mayor afecta a toda la cadena. La infraestructura de IA que EE. UU. está construyendo —centros de datos de 100 mil millones de dólares, reactores nucleares reconvertidos, manufactura de chips— asume un mercado total funcionalmente global para los servicios de IA estadounidenses. Si el gobierno restringe el acceso a un puñado de clientes autorizados, esa inversión pierde su sustento económico. Ball señala que una contracción de la demanda provocada por política pública —no por ausencia de mercado— podría arrastrar consigo a industrias enteras que apostaron su reindustrialización al crecimiento de la IA.

Del otro lado del tablero pasa lo contrario: modelos chinos como GLM 5.2, Kimi K2.7 y Qwen 3.7 circulan como pesos abiertos sin restricciones geográficas. Bloomberg advirtió esta semana que el bloqueo estadounidense podría actuar como un impulso para la demanda de IA de código abierto chino. Alex Stamos, experto en ciberseguridad de Stanford y director de producto de la firma de seguridad de IA Corridor, no se anduvo con rodeos al calificar la acción del gobierno sobre Fable:

"Si la administración es honesta en querer que Estados Unidos gane esta carrera contra China, esto es probablemente lo más estúpido que podría hacer."

La propuesta: auditores independientes, no aprobación opaca

Ball presenta una arquitectura concreta para salir del impasse. El punto de partida son los marcos de seguridad y escalado responsable que los propios laboratorios ya publican. California, Nueva York e Illinois ya obligan por ley a divulgar una versión pública de esos documentos y a entregar una versión técnica al gobierno. Ball propone federalizar esa obligación y añadir una capa crítica: organismos independientes de verificación que auditen a los labs.

¿Por qué privados y no gubernamentales? Tres razones de peso:

  • Necesitan pagar salarios competitivos con la industria tech, fuera de los escalafones del servicio público.
  • La auditoría de IA de frontera exige innovación continua —quizás con IA misma para monitoreo en tiempo real— que no se asocia con agencias de gobierno.
  • Un cuerpo independiente tiene más chances de ganar reconocimiento internacional, lo que aliviaría la presión regulatoria sobre los labs en mercados como la Unión Europea, donde las políticas de la administración Trump no tienen credibilidad diplomática.

El gobierno no desaparece del esquema. Ball propone que certifique y licencie a estos auditores —como ocurre con los contadores públicos— y que genere incentivos de mercado: contratos federales solo para labs certificados, protección de responsabilidad legal, preferencia en compras públicas. Incluso sin mandato legal, las grandes corporaciones y las aseguradoras probablemente rechazarían contratar modelos de labs sin certificación, lo que hace que el costo de perder esa acreditación sea enorme.

Un punto técnico de fondo: Ball propone regular el laboratorio como entidad, no el modelo individual. Un modelo es solo un ensamblaje de números en punto flotante. Los umbrales de capacidad que hoy requieren cómputo masivo se vuelven triviales en seis o doce meses. Y en el futuro cercano, los pesos de un modelo podrían actualizarse en tiempo real o diferenciarse por usuario, haciendo que cualquier marco centrado en "el modelo como unidad regulatoria" quede obsoleto antes de ser publicado.

El impulso ya existe

El ecosistema que Ball describe no parte de cero. Organizaciones como el Frontier Model Forum, AVERI, METR, Apollo Research, Fathom y la AI Underwriting Company llevan años operando en ese espacio. Esta semana, los representantes Jake Obernolte y Lori Trahan presentaron el Great American AI Act, un borrador de discusión bipartidista que recoge elementos muy similares a la propuesta de Ball: el primer marco serio de gobernanza de IA de frontera que el Congreso tiene frente a sí, según el propio analista.

OpenAI, Anthropic y Google han publicado documentos separados apuntando en la misma dirección, aunque con terminología distinta. El paralelismo con la industria cripto que Ball traza es útil: a principios de los 2020, incluso los libertarios más recalcitrantes convergieron en que una regulación clara y predecible era preferible al caos de la interferencia estatal sin reglas. Eso mismo está ocurriendo ahora con la IA.

La irrupción de modelos como Mythos y Fable ha convertido la política de IA en una variable de seguridad nacional de primer orden. El gobierno Trump no está del todo equivocado en que algo debe hacerse. Donde ha fallado es en hacerlo sin estándares publicados, sin expertos técnicos en la sala y con un nivel de opacidad que ni los propios labs entienden. La arquitectura de auditores independientes tiene tracción en el Congreso, respaldo implícito de los tres labs más importantes del mundo y un ecosistema que lleva años tomando forma. Lo que falta, como casi siempre en política, es la voluntad para construir las reglas antes de que llegue el siguiente modelo.

Fuentes: 1, 2, 3

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