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Científicos captan por primera vez cómo nace corteza oceánica en el océano Índico

Un observatorio francés registró en el Índico cómo se forma nueva corteza: 160 millones de m³ de lava en 16 días.

por Dilis Salazar
Científicos captan por primera vez cómo nace corteza oceánica en el océano Índico
Photo by Taras Terletskyy / Unsplash

TL;DR:

  • Un observatorio submarino francés registró por primera vez, hora por hora, la formación de nueva corteza en la dorsal del Sudeste Índico en abril de 2024.
  • El suelo marino se hundió 4.2 metros, las placas se separaron hasta 4 metros y brotaron cerca de 160 millones de metros cúbicos de lava en 16 días.
  • El evento probó que la expansión del fondo marino ocurre a saltos y que la mayoría del desplazamiento es asísmico, lo que explica por qué estas zonas generan pocos terremotos.

Por primera vez, un equipo científico registró en tiempo real el nacimiento de nueva corteza oceánica en el fondo del mar. El fenómeno ocurrió el 26 de abril de 2024 en la dorsal del Sudeste Índico, cerca de la isla Ámsterdam, y quedó documentado hora por hora gracias a un observatorio submarino que investigadores franceses del CNRS habían instalado apenas dos meses antes. En unos 16 días, el suelo marino se hundió más de cuatro metros, las placas tectónicas se apartaron varios metros y hasta 160 millones de metros cúbicos de lava salieron a la superficie para fabricar piso oceánico nuevo. El trabajo, publicado el 8 de julio de 2026 en la revista Nature, es la primera observación directa de un proceso que creó dos tercios de la superficie de la Tierra y que casi nunca se ha visto mientras sucede.

La corteza que forma el fondo de los océanos se fabrica en un lugar que casi nadie ve: las dorsales oceánicas, una cadena de montañas submarinas de unos 65,000 kilómetros donde las placas tectónicas se separan y dejan salir roca fundida que se enfría y endurece. Ese material nuevo es piso oceánico recién nacido. El problema para estudiarlo es doble: pasa a miles de metros de profundidad y ocurre en episodios breves y esporádicos, no como un goteo constante.

El grupo de Jean-Yves Royer llevaba años preparando un observatorio para atrapar justo uno de esos episodios. A finales de febrero de 2024 instalaron el sistema OHA-GEODAMS sobre la dorsal del Sudeste Índico, en la meseta volcánica San Pablo-Ámsterdam del Índico sur. Dos meses después, el fondo del mar se abrió delante de sus instrumentos.

"No soñábamos con captar un evento tan enorme; esperábamos medir, cuando mucho, el estiramiento lento de la dorsal, quizá unos pocos centímetros, que va acumulando tensión entre un episodio y otro, como un resorte cargado. En cambio, nos tocó un evento que ocurre una vez cada cuarenta años y medimos varios metros de desplazamiento en ambas direcciones", contó Royer, geofísico marino del CNRS.

Hannah F. Mark, profesora investigadora del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia y ajena a la investigación, puso en contexto lo difícil que es lograr algo así.

"Por lo general no tenemos la oportunidad de estar en el momento y el lugar justos para ver estas cosas", dijo Mark.

El fondo del mar se hundió 4.2 metros en cuestión de horas

El observatorio combinó por primera vez cuatro tipos de medición al mismo tiempo: cinco hidrófonos autónomos (micrófonos submarinos que escuchan los sismos), quince balizas acústicas montadas sobre trípodes para medir cómo se mueve el suelo en horizontal, un sensor de presión en el fondo para registrar el hundimiento y mapeos repetidos del relieve con sonar desde el buque Marion Dufresne.

Lo que captaron fue una secuencia rápida y violenta. Todo arrancó con un enjambre de sismos que corrió a lo largo del valle central de la dorsal. Luego, intrusiones de magma en forma de láminas, llamadas diques, atravesaron la corteza en menos de dos horas. Al vaciarse la cámara de magma que había debajo, el suelo del valle se desplomó. Finalmente, la lava alcanzó el fondo marino y siguió brotando durante días.

A small island in the middle of a body of water
Photo by Salvatore Tonnara / Unsplash

Los números del evento, según el estudio en Nature:

  • El piso del valle se hundió 4.2 metros, y el 83% de ese descenso ocurrió en las primeras 16 horas.
  • Las placas se separaron entre 2 y 4 metros en horizontal, algo que ningún registro previo había medido a esta escala.
  • Brotaron entre 148 y 160 millones de metros cúbicos de lava, el volumen de más de 60 pirámides de Guiza.
  • La erupción duró unos 16 días, a un ritmo de 9 a 10 millones de metros cúbicos de lava por día.
  • El episodio despertó dos fallas transformantes vecinas, la Ámsterdam y la Boomerang, con sismos de hasta magnitud 5.9.
"En total, el suelo del valle que marca el eje de la dorsal se hundió 4.2 metros, deslizándose sobre las fallas que lo bordean. Es la primera vez que se observa hora por hora un evento cuántico de expansión del fondo marino que combina la intrusión de diques y el movimiento de fallas", explicó Royer.

El fondo del mar crece a golpes: 5 centímetros en un minuto

La divergencia de las placas en esta zona promedia 6.3 centímetros al año, más o menos lo que crecen las uñas. Pero ese avance no es parejo. Durante décadas, la dorsal se estira en silencio y acumula tensión, hasta que la libera de golpe en uno de estos episodios que los científicos llaman eventos "cuánticos".

El de abril de 2024 lo dejó clarísimo. En su punto máximo, la dorsal se abría a razón de 5 centímetros por minuto, casi medio millón de veces más rápido que su promedio de largo plazo. En un solo evento, este tramo del fondo marino acomodó el equivalente a unos cuarenta años de movimiento tectónico.

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En su momento más intenso, la dorsal del Sudeste Índico se separó 5 centímetros por minuto, casi medio millón de veces más rápido que su ritmo promedio de 6.3 cm al año. Un solo episodio liberó el equivalente a unas cuatro décadas de expansión.
"Los desplazamientos horizontales que medimos, de 2 a 4 metros, equivalen a entre 30 y 60 años de expansión continua a 6.3 centímetros por año, lo que da una idea de cada cuánto se repiten estos eventos cuánticos", detalló Royer.

El hallazgo resuelve un viejo misterio de las dorsales

Más allá de la hazaña de haber estado en el lugar y el momento correctos, el estudio responde una duda que traía de cabeza a los geofísicos desde hace años: en las dorsales oceánicas, los terremotos nunca alcanzan para explicar cuánto se mueven las placas. Faltaba movimiento.

Royer y su equipo encontraron dónde estaba. Al comparar cuánto se desplazó una falla con lo que indicaban los sismos, la cuenta no cuadraba: la falla se movió unos dos metros, pero los terremotos solo justificaban entre 10 y 20 centímetros de ese movimiento. El resto se produjo de forma asísmica, es decir, en silencio, sin generar sacudidas. Según los modelos del estudio, alrededor del 76% del deslizamiento fue asísmico.

"No es solo que exista deslizamiento asísmico. Es que ocurre al mismo tiempo que el magma, y probablemente está ligado a él por una relación de causa y efecto", señaló Mark.

Si esa lectura es correcta, explicaría por qué las fallas de las dorsales generan menos terremotos de los esperados: buena parte del movimiento se cuela sin hacer ruido. Los propios autores lo plantean con cautela, porque el vínculo entre el magma y el deslizamiento silencioso es una interpretación de sus datos, no una medición directa.

El registro deja a los geofísicos algo que no tenían: una referencia real, tomada en el sitio, contra la cual comparar los datos sísmicos que sí abundan. Sirve para entender cómo se ensancha el fondo del mar incluso cuando nadie está mirando. Y demuestra que, con los instrumentos en el lugar adecuado, un fenómeno que fabricó la mayor parte de la corteza del planeta ya se puede atrapar en el acto. Como resumió Royer, medir la expansión del suelo oceánico por fin es posible, y eso abre nuevos horizontes para la geofísica marina.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Dilis Salazar

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