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Un planeta gigante sobrevivió a la muerte de su estrella y el James Webb halló su atmósfera

El James Webb detectó por primera vez la atmósfera de un planeta que orbita una enana blanca a 80 años luz

por Dilis Salazar
Un planeta gigante sobrevivió a la muerte de su estrella y el James Webb halló su atmósfera

TL;DR:

  • El telescopio James Webb captó la primera atmósfera conocida en un planeta que orbita una enana blanca, el remanente de una estrella muerta.
  • WD 1856 b es un gigante gaseoso con entre 4 y 11 veces la masa de Júpiter y siete veces más grande que la estrella que lo rodea, a 80 años luz en la constelación del Dragón.
  • El hallazgo anticipa lo que podría pasarle a Júpiter y Saturno cuando el Sol muera dentro de unos 5,000 millones de años.

El telescopio espacial James Webb captó algo que hasta ahora nadie había observado: la atmósfera de un planeta que gira alrededor de una estrella muerta. Se trata de WD 1856 b, un gigante gaseoso del tamaño de Júpiter que orbita una enana blanca a unos 80 años luz de la Tierra, en la constelación del Dragón (Draco). Un equipo internacional de astrónomos detectó en ese mundo señales de metano, aerosoles y una temperatura mucho más alta de lo previsto, según un estudio publicado el 1 de julio de 2026 en la revista Nature. Es la primera vez que se identifica una atmósfera en un planeta que transita frente al cadáver de su estrella, y el caso funciona como un adelanto de lo que podría ocurrirle a Júpiter y Saturno cuando el Sol agote su combustible, dentro de unos 5,000 millones de años.

Cuando los astrónomos descubrieron WD 1856 b en 2020, con datos de los telescopios TESS y Spitzer de la NASA, el planeta ya rompía las expectativas. Un gigante gaseoso girando tan cerca de una estrella que murió hace miles de millones de años no debería existir: cuando esa estrella se hinchó como gigante roja, tuvo que haber calcinado todo lo que tenía cerca. Y sin embargo, ahí sigue.

Un planeta siete veces más grande que la estrella que lo rodea

La escena invierte la jerarquía habitual del cosmos. La enana blanca, el núcleo apagado de una estrella parecida al Sol, quedó reducida al tamaño aproximado de la Tierra. El planeta, en cambio, conserva casi el tamaño de Júpiter. El resultado: WD 1856 b es siete veces más grande que su propia estrella, y completa una vuelta a su alrededor cada 34 horas, a menos de 3.2 millones de kilómetros. Esa órbita es unas 50 veces más cerrada que la que separa a la Tierra del Sol.

Observarlo fue un reto incluso para el Webb. Las enanas blancas brillan mucho menos que las estrellas que suelen estudiar los astrónomos, y el planeta solo se deja ver cuando cruza frente a ese punto de luz débil durante unos ocho minutos. "Si parpadeas, te lo pierdes", resumió Victoria Boehm, astrónoma de la Universidad de Cornell y coautora del estudio. El telescopio no parpadeó.

Metano, aerosoles y un calor que no debería estar ahí

Con el espectrógrafo de infrarrojo cercano (NIRSpec) del Webb, el equipo analizó la luz que atraviesa la atmósfera del planeta cada vez que pasa frente a su estrella. Ahí aparecieron las huellas químicas.

"Vimos las señales inconfundibles de pequeñas partículas de nube e hidrocarburos, muy probablemente metano, y es la primera vez que observamos una atmósfera en un planeta que transita una estrella muerta", dijo Victoria Boehm.

Esto es lo que el Webb midió en WD 1856 b:

  • Composición: hidrocarburos, con el metano como principal sospechoso, más aerosoles (pequeñas partículas de nube).
  • Temperatura: alrededor de 400 K, cerca de 127 °C (unos 260 °F).
  • Masa: entre 4 y 11 veces la de Júpiter.
  • Tamaño: un radio equivalente al 90 % del de Júpiter.
  • El telescopio también captó la emisión térmica del lado nocturno del planeta.

Ese dato de la temperatura fue el que descolocó a los investigadores. Un gigante gaseoso a esa distancia de una estrella tan tenue debería rondar los 160 K, muy por debajo de cero. En cambio, WD 1856 b está unos 130 °C más caliente de lo que la débil luz de la enana blanca puede explicar por sí sola. Algo lo calentó.

Dos teorías para explicar cómo sobrevivió, y una discusión abierta

El exceso de calor se convirtió en la mejor pista sobre la historia del planeta. Para el coautor Christopher O'Connor, astrofísico de la Universidad Northwestern, se trata de "uno de los sistemas planetarios más extraños que conocemos", según declaró a CNN. Esa rareza abre dos caminos posibles.

"La gran pregunta es cómo terminó WD 1856 b donde está hoy, y hay dos teorías. Una es que el planeta fue engullido por su estrella mientras esta agonizaba y logró sobrevivir en su interior. La otra es que la migración ocurrió por el efecto gravitacional de otros objetos del sistema. La enana blanca forma parte de un sistema estelar triple, y las estrellas compañeras pudieron influir en la órbita de WD 1856 b", explicó Christopher O'Connor.

Al cruzar las nuevas mediciones con modelos de cómo se enfrían los planetas gigantes con el tiempo, el equipo reconstruyó una especie de reloj térmico. Sus datos apuntan a que el planeta se calentó hace unos mil millones de años, mucho después de que su estrella hubiera muerto. Eso inclina la balanza hacia la migración: si el planeta hubiera sido tragado por la estrella, el abundante metano de su atmósfera se habría diluido, y sigue ahí.

No todos los astrónomos compran esa versión. Caroline Morley, de la Universidad de Texas en Austin, que no participó en el estudio y antes había firmado una investigación que describía al planeta como mucho más frío, ve razones para dudar de que WD 1856 b se haya "recalentado", aunque considera plausibles los datos sobre su atmósfera. Ian Crossfield, de la Universidad de Kansas y uno de los descubridores del planeta en 2020, calificó de "provocadoras" las conclusiones sobre la migración y pidió más estudios para confirmarlas. El propio equipo ya observó cuatro tránsitos más con el Webb para afinar la química de esa atmósfera.

⚠️
El James Webb detectó con claridad la atmósfera de WD 1856 b y las señales de metano y aerosoles. Lo que todavía no está resuelto es cómo llegó el planeta a una órbita tan cerrada: la hipótesis de la migración es la favorita del equipo, pero otros astrónomos piden más datos antes de darla por buena.

Una máquina del tiempo para ver el final del Sistema Solar

Más allá del enigma, el caso tiene un atractivo íntimo para cualquiera que mire el cielo: es un espejo del futuro de nuestro propio vecindario. Dentro de unos 5,000 millones de años, el Sol agotará el hidrógeno de su núcleo, se hinchará más de 100 veces su tamaño actual y se convertirá en una gigante roja. Después soltará sus capas exteriores y terminará como una enana blanca, igual que la estrella de WD 1856 b.

an artist's impression of a star in the sky
Photo by NASA Hubble Space Telescope / Unsplash

En ese proceso, Mercurio, Venus y quizá la propia Tierra quedarán destruidos. El destino de los planetas más lejanos, los gigantes gaseosos como Júpiter y Saturno, era una incógnita. Este sistema sugiere que podrían salir adelante.

"Estamos acostumbrados a mirar hacia el pasado cuando usamos telescopios, pero esta es la primera vez que podemos mirar hacia adelante, hacia lo que podría pasarles a los planetas exteriores alrededor del remanente de una estrella parecida al Sol. Es como usar una máquina del tiempo para asomarnos al futuro lejano de nuestro Sistema Solar", dijo Ryan MacDonald, autor principal del estudio y astrofísico de la Universidad de St Andrews, en Escocia.

Por ahora, WD 1856 b deja una postal incómoda y fascinante a la vez: un planeta que vio morir a su estrella y siguió girando, con nubes y metano en el aire. Si los modelos aciertan, a Júpiter le espera algo parecido. Como resumió MacDonald, la muerte de una estrella no tiene por qué ser el final de todo lo que la rodea.

Fuentes: 1, 2

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