El Banco de la Reserva de Australia elevó su tasa de referencia a 4.60% el 29 de septiembre de 2026, mediante una decisión unánime de 25 puntos básicos. Ese mismo día, el rendimiento diario del bono del Tesoro de Estados Unidos a diez años se situó en 5.26%. Ambas cifras reflejan la presión sobre el costo del dinero, pero miden cosas distintas: Australia modificó su tasa oficial, mientras que el rendimiento estadounidense se determina en el mercado de bonos.
Australia ve presiones internas y externas sobre la inflación
Fue la cuarta subida de la tasa australiana en 2026. El banco central señaló que los mayores precios de los combustibles ya se trasladan parcialmente a otros bienes y servicios, en un contexto de presión sobre la capacidad productiva del país. También advirtió que los riesgos de inflación relacionados con el conflicto en Oriente Medio se están materializando.
El RBA dejó abierta la posibilidad de nuevas alzas si resultan necesarias para devolver la inflación a su objetivo. No fijó una fecha ni prometió otro incremento. La decisión responde tanto al encarecimiento internacional de la energía como a factores internos, según el propio banco.
Un rendimiento mayor no es una decisión de la Fed
La serie diaria del Tesoro estadounidense muestra que el rendimiento a diez años pasó de 5.24% el 28 de septiembre a 5.26% el día 29. Esa tasa de mercado sirve como referencia para valorar préstamos y otras inversiones, de modo que su aumento puede encarecer el financiamiento incluso si la Reserva Federal mantiene intacta su tasa de política monetaria.
John Williams, presidente de la Fed de Nueva York, planteó el 29 de septiembre que no había urgencia para volver a subir la tasa oficial estadounidense después del ajuste realizado ese mes. En su pronóstico personal, otro aumento podría ser apropiado hacia finales de 2026 si la economía evoluciona como espera. Aclaró que la decisión dependerá de los datos que lleguen.
Reuters reportó que las declaraciones de Williams redujeron ese martes las apuestas de los operadores por un alza en octubre, mientras los rendimientos de los bonos de mayor plazo se mantenían elevados. La divergencia importa: los inversores pueden exigir más rendimiento para prestar a largo plazo sin que ello anticipe necesariamente el calendario de decisiones de la Fed.
Los próximos datos de inflación y empleo de Estados Unidos darán nuevas señales sobre ese calendario. Por ahora, el alza australiana es una decisión tomada; otra subida de la Fed sigue siendo una posibilidad condicionada a la evolución de la economía.