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Reaprender a caminar tras 241 días: qué le hace la microgravedad a la columna, según la NASA

Tras 241 días en órbita, la evidencia de la NASA apunta al músculo y no a los discos de la columna.

por Alejandro Castillo Leone
From above of crop student wearing lab coat and studying human skeleton and tissue while surfing tablet at table in science center
Foto de RF._.studio _ en Pexels

TL;DR:

  • La NASA declaró inactivo en marzo de 2025 su expediente sobre daño en los discos intervertebrales: la vigilancia posterior al vuelo no ha confirmado que la microgravedad, por sí sola, dispare las hernias.
  • Las resonancias de seis tripulantes de la EEI no detectaron cambios en la altura de los discos, pero sí una caída del músculo paravertebral funcional del 86% al 72%.
  • Salir cargado de la cápsula es protocolo estándar de Soyuz: el corazón, el oído interno y la musculatura postural tardan días o semanas en volver a trabajar contra la gravedad.

Los tres tripulantes de la Soyuz MS-28 llevan desde este domingo 26 de julio de 2026 haciendo algo que suena banal y no lo es: aprender otra vez a sostenerse de pie. El astronauta de la NASA Chris Williams y los cosmonautas Serguéi Kud-Sverchkov y Serguéi Mikáev aterrizaron en la estepa de Kazajistán tras 241 días en la Estación Espacial Internacional, y los equipos de rescate los sacaron cargados del módulo de descenso, como sale cualquier tripulación de Soyuz. La versión popular de lo que sigue dice que la columna se estiró en órbita, que los discos se hincharon y que ahora la gravedad los aplasta. Un informe de evidencia de la NASA firmado por la doctora Jean D. Sibonga, del Centro Espacial Johnson, y liberado en marzo de 2025 sostiene algo distinto: los discos apenas cambian. Lo que se deteriora es el músculo que los protege.

La historia de la reentrada nunca se cuenta con el mismo detalle que la del despegue, y es la parte donde el cuerpo pasa la factura.

Soyuz MS-28 regresa a la Tierra tras 241 días
La Soyuz MS-28 aterrizó en Kazajistán con Chris Williams y dos cosmonautas tras 241 días en la EEI y 3,856 órbitas.

En órbita se crece entre 1% y 3%, y el asiento de la Soyuz no perdona

La parte de crecer sí es real y está medida desde los años setenta. Una revisión publicada en Frontiers in Physiology por David A. Green y Jonathan P. R. Scott, de la Oficina de Medicina Espacial de la Agencia Espacial Europea y el King's College London, reúne las cifras que maneja el sector:

  • El aumento de estatura en microgravedad ronda el 1% al 3%, con reportes antiguos de hasta siete centímetros.
  • Una noche de ocho horas de sueño en la Tierra produce alrededor de un 1%, entre uno y uno y medio centímetros. Meses de descarga producen bastante más que una siesta larga.
  • En la misión Skylab 4, de 84 días, William Thornton midió a un tripulante hasta la dieciseisava parte de pulgada: ganó 3.8 centímetros y el crecimiento se estancó hacia el día 29.
  • Los trajes de actividad extravehicular se arman con una tolerancia de unos 2.5 centímetros sobre la estatura previa al vuelo, y aun así ha habido tripulantes a los que el traje se les quedó chico.

Ahí está la razón por la que el número existe en la literatura: es un requisito de hardware antes que una curiosidad. Quien vuela en Soyuz lo hace con el traje Sokol y encajado en un forro de asiento Kazbek moldeado a su cuerpo en tierra, meses antes de que ese cuerpo cambie de medidas. Un tripulante que crece en órbita y no entra en su asiento es un problema de reentrada, no una anécdota. Fuera de las revisiones previas a una caminata espacial, la estatura ya ni siquiera se mide de forma rutinaria a bordo de la estación.

Las resonancias buscaron el daño en los discos y no lo encontraron

Douglas Chang y colegas publicaron en la revista Spine, en diciembre de 2016, resonancias de seis tripulantes de la EEI antes y después de misiones de seis meses. El resultado dejó fuera de juego a la explicación de manual: la altura de los discos lumbares no mostró diferencias apreciables en ningún momento de la medición.

Lo que sí se movió fue el músculo. La proporción de tejido muscular funcional dentro del área total del paravertebral cayó del 86% al 72% inmediatamente después del vuelo. A las seis semanas, la recuperación era parcial y el músculo seguía por debajo del nivel previo al despegue.

La lectura que la propia NASA hace de ese estudio en su informe es directa: los cambios en la altura o el volumen del disco durante el vuelo no son el principal factor de riesgo del dolor de espalda en órbita ni de la lesión posterior al aterrizaje, y prevenir la atrofia de la musculatura paravertebral parece la vía de mitigación más prometedora.

Modelo anatómico de columna vertebral humana sobre una mesa, con las vértebras lumbares en primer plano
Los discos vuelven casi intactos; el músculo que los estabiliza, no (imagen ilustrativa) · Foto de RF._.studio _ en Pexels

El músculo que nadie nombra y la curva que se pierde

El protagonista se llama multífido y corre a los lados de la columna, en la zona lumbar. No levanta ni carga: estabiliza. Cada vez que alguien cambia el peso de pie, gira para mirar algo o da un paso, ese grupo muscular hace ajustes minúsculos para que las vértebras queden donde deben y los discos no absorban fuerzas que no fueron diseñados para absorber.

En microgravedad, ese trabajo desaparece. Y con él, la curva. Un estudio de Jeffrey C. Lotz y Jeannie F. Bailey publicado en The Spine Journal en enero de 2018, con los mismos seis astronautas, encontró una pérdida cercana al 11% de la lordosis lumbar, atribuida sobre todo a la atrofia del multífido, sin cuñas ni deformaciones en discos ni vértebras. Ese mismo trabajo detectó otra cosa que cambia el marco: los únicos tripulantes que reportaron dolor lumbar crónico o hernia después del vuelo fueron los que ya llegaban con irregularidades en las plataformas vertebrales antes de despegar.

Aquí es donde la nota deja de ser exótica. El patrón de multífido atrofiado y curva perdida es el mismo que la traumatología describe en el dolor lumbar crónico terrestre, y el propio informe de la NASA lo dice con todas sus letras al recordar que la debilidad de la musculatura del tronco se asocia con lumbalgia en cualquier persona, vuele o no.

El 4.3 que conviene leer con lupa

La cifra que sostiene casi todo el interés reciente viene de Smith L. Johnston y colegas, publicada en Aviation, Space, and Environmental Medicine en 2010: los astronautas presentan hernias discales 4.3 veces más a lo largo de su vida que una población de control, y hasta 35.9 veces más durante el primer año después de una misión.

⚠️
El dato de 4.3 veces sale del registro longitudinal de salud de 321 astronautas, cerrado en diciembre de 2006 y dominado por tripulaciones del Apollo y del transbordador. De las 44 hernias contabilizadas en ese estudio, solo una correspondió a un astronauta de la EEI.

La NASA fue todavía más lejos en marzo de 2025. En su informe de evidencia, marcado como inactivo y sin investigación en curso, la agencia escribe que la vigilancia posterior al vuelo no ha sustanciado un aumento de daño discal en astronautas que se relacione directamente con la exposición al vuelo espacial, y que las hernias posteriores parecen asociarse más a factores de riesgo previos. Buena parte de los astronautas lesionados había acumulado antes exposiciones de entre 6 y 20 G como pilotos de caza o vibración prolongada como pilotos de helicóptero. El documento cierra con una frase que contradice a media internet: el alargamiento de la columna se asocia al síndrome de adaptación al espacio, no al aumento de altura y volumen de los discos.

Qué hacen allá arriba para que esto no pase

La estación no es un gimnasio decorativo. Los tripulantes entrenan seis días por semana, corren en la cinta T2 con un arnés que les devuelve entre el 70% y el 80% de su peso corporal, y levantan en el dispositivo ARED, que aplica carga axial de hasta 272 kilos. La duda que Green y Scott dejan abierta es incómoda: nadie sabe todavía si esa carga breve e intensa sobre una columna descargada el resto del día protege o castiga.

Del lado europeo hay una apuesta concreta. La SkinSuit Mk VI, desarrollada por la Oficina de Medicina Espacial de la ESA junto al King's College London, aplica una tensión elástica equivalente al 20% del peso corporal desde los hombros hasta los pies. Se probó en las misiones IRISS, de 2015, y PROXIMA, de 2016 y 2017, y logró revertir de forma parcial el aumento de estatura en vuelo. Para la rehabilitación en tierra, la ESA evalúa el FRED, un aparato que activa el multífido y el transverso abdominal y que resulta tolerable incluso para personas con dolor de espalda.

Mientras tanto, el dolor lumbar sigue siendo la constante del oficio. Los estudios citados en la revisión europea lo sitúan entre el 52% y el 68% de los astronautas, casi siempre lumbar, casi siempre en los primeros días y resuelto en dos o tres. La NASA lo trata como incidencia del 100% entre tripulantes de la EEI, con manejo rutinario del médico de vuelo y contramedidas que considera adecuadas.

Marte es el examen que nadie ha presentado

Una misión marciana no se parece a esto. Implica años en microgravedad, una escala en gravedad parcial sobre la superficie, otro tramo largo sin peso y una reentrada final en 1 G, todo lejos de cualquier equipo de rehabilitación. Green y Scott piden desde 2018 lo mismo que sigue faltando: medir la estatura de forma rutinaria en vuelo, tomar imágenes antes y después, y seguir a cada tripulante durante al menos dos años tras el aterrizaje. No existen estudios recientes de incidencia de lesión posterior al vuelo, así que el tamaño real del riesgo con los regímenes de ejercicio actuales está sin caracterizar. Es el mismo hueco de conocimiento que empuja otras líneas de investigación para viajes largos, como la que la NASA y la ESA financian sobre letargo e hibernación humana rumbo a Marte.

Preguntas rápidas sobre el regreso a la gravedad

¿Los astronautas de verdad regresan más altos?

Sí. Las mediciones recogidas por la revisión de la Agencia Espacial Europea sitúan el aumento entre el 1% y el 3% de la estatura, con reportes antiguos de hasta siete centímetros. En Skylab 4 se midieron 3.8 centímetros en un tripulante, con el crecimiento estancado desde el día 29. La ganancia desaparece en los primeros días bajo gravedad.

¿Por qué sacan cargados a los tripulantes de la cápsula Soyuz?

Es el protocolo estándar de recuperación, no una emergencia. Después de meses sin peso, el sistema cardiovascular, el oído interno y la musculatura postural necesitan volver a trabajar contra la gravedad. Los equipos rusos sientan a la tripulación en sillas reclinables para los primeros chequeos médicos antes de trasladarla en helicóptero.

¿Cuánto tarda en recuperarse la musculatura de la espalda?

Más de seis semanas. En el estudio de Chang y colegas con seis tripulantes de la EEI, el músculo paravertebral funcional seguía por debajo del nivel previo al vuelo en el control posterior. La NASA describe esa recuperación a las seis semanas como parcial y no ha fijado un plazo estándar de reacondicionamiento.

Williams voló este domingo rumbo al Centro Espacial Johnson, en Houston, y Kud-Sverchkov y Mikáev a su base de entrenamiento cerca de Moscú. Los tres entran ahora en la parte de la misión que no se transmite en vivo: semanas de reacondicionamiento para volver a tener la espalda que tenían el 27 de noviembre de 2025. Y cada una de esas semanas alimenta el mismo expediente médico con el que se decidirá, algún día, cómo se planea un viaje del que no se puede volver en tres horas.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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