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Biología

Pulpos comunes muestran dos maneras de pasar por agujeros en laboratorio

Un estudio grabó a siete ejemplares de dos especies. La prueba dejó abierta la influencia del tamaño de la abertura y de las diferencias entre individuos.

por Patricia Rodriguez
Un pulpo común (Octopus vulgaris) fotografiado en el fondo arenoso de Anse des Catalans en el Museo Subacuático de Marsella, durante una misión de monitoreo de biodiversidad para el
Imagen de archivo (2025) · Foto: Karim saari, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons

Tres pulpos comunes atravesaron aberturas con secuencias de tres o cuatro movimientos durante un experimento grabado en Viena, Austria. El estudio, publicado el 5 de noviembre de 2026 en Journal of Experimental Biology, encontró una relación entre la maniobra y el tamaño relativo del agujero. Aun así, cada uno de los tres animales fue probado con una sola medida de abertura, por lo que el equipo no pudo descartar la influencia de diferencias individuales.

La investigación también incluyó cuatro pulpos mayas en pruebas exploratorias. Las grabaciones permiten observar cómo estos animales coordinan sus brazos y su cuerpo al pasar por espacios estrechos, una capacidad que interesa a quienes desarrollan robots flexibles. El trabajo no presenta pruebas de un robot.

Un agujero más grande no siempre era más holgado

El equipo colocó a los pulpos frente a un tabique transparente con un orificio y filmó las pruebas desde al menos dos ángulos. Para comparar el tamaño del animal con el de la abertura, midió la distancia entre sus ojos. Esa medida servía como aproximación al tamaño de la cápsula de cartílago que rodea el sistema nervioso central, no como una demostración de cuál es el agujero más pequeño que un pulpo puede atravesar.

En las pruebas con pulpos comunes, un ejemplar se enfrentó a un orificio de 20 milímetros y tenía una distancia entre los ojos de entre 15 y 20 milímetros. Los otros dos tuvieron una abertura de 30 milímetros, frente a una distancia ocular de entre 30 y 35 milímetros. Aunque el segundo agujero era mayor en términos absolutos, resultaba más ajustado en relación con el tamaño de esos animales.

En la condición más holgada, el pulpo seguía tres etapas. Primero introducía un brazo para explorar; después pasaba varios más. Por último, apoyaba brazos y ventosas en el otro lado del tabique para empujarlo y hacer pasar en un movimiento los brazos restantes, la cabeza y el manto, la estructura muscular que envuelve buena parte de sus órganos.

Los dos ejemplares de la condición más ajustada mostraron una secuencia de cuatro etapas. Tras introducir varios brazos, pasaban los que quedaban antes de arrastrar la cabeza y el manto por separado. Las imágenes también mostraron que el manto se deformaba durante el paso.

El análisis de los pulpos comunes reunió 30 pruebas, pero cada individuo participó en una sola de las dos condiciones. Los autores señalan que la muestra pequeña impide determinar si la diferencia observada se debió al tamaño relativo de la abertura o a otras variables, como las preferencias de cada animal. Proponen ampliar la muestra y ensayar más tamaños de agujero.

Los pulpos mayas ofrecieron otra respuesta

Las pruebas exploratorias con Octopus maya añadieron un matiz. En cuatro ensayos iniciales con una abertura de 10 milímetros, los animales no intentaron atravesarla. Cuando se les ofreció una abertura más amplia, sí se observó la secuencia de tres etapas.

En una prueba posterior con varios orificios, un pulpo maya exploró primero uno de los pequeños e introdujo dos brazos, pero no logró completar el paso. Después se dirigió al agujero central, más grande, y lo atravesó. La secuencia de cuatro etapas solo se observó en los pulpos comunes del experimento; la muestra no permite convertir esa diferencia en una regla para las dos especies.

La bióloga evolutiva Robyn Crook, de la Universidad Estatal de San Francisco y ajena al trabajo, señaló a Science News que los pulpos podrían recurrir a otras maniobras ante ranuras o tubos. Esas formas dejan abierta una pregunta distinta a la de los orificios usados en este ensayo.

La posible utilidad para robots flexibles

Wenci Xin, investigadora vinculada a la Universidad Nacional de Singapur y primera autora del estudio, explicó a Reuters que comprender esos movimientos podría orientar el diseño de robots para explorar espacios confinados, como los que quedan entre escombros. Una máquina inspirada en un pulpo tendría que combinar brazos suficientemente flexibles para pasar por huecos con la fuerza necesaria para desplazar el resto de su cuerpo.

Esa combinación sigue siendo un problema de ingeniería. Por ahora, las grabaciones ofrecen una descripción de los movimientos que pueden estudiarse para coordinar brazos y cuerpo al atravesar una abertura.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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