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Medio Ambiente

Estos crustáceos de un centímetro mueven tanta arena como un río en las playas de California

Un estudio de UC Santa Barbara midió cuánta arena excavan las pulgas de arena en las playas del sur de California: hasta 50 kilogramos por metro de costa cada noche, una cifra que rivaliza con la de algunos ríos de la región y que influye en la erosión, las dunas y la vida del litoral.

por Gerardo Pavez
Empty beach landscape with sandy dunes and overcast skies, offering serene solitude.
Foto de Leszek Czyzewski en Pexels

Cada mañana, quien pisa la arena húmeda de una playa del sur de California camina sobre una obra de excavación en marcha. Las pulgas de arena, unos anfípodos del género Megalorchestia de apenas un centímetro, remueven hasta 50 kilogramos (110 libras) de arena por cada metro de costa al día, según un estudio de UC Santa Barbara publicado en la revista Journal of Geophysical Research: Earth Surface. Extrapolada a 25 kilómetros de litoral, esa actividad desplaza una cantidad de sedimento comparable a la de algunos ríos importantes de la región. Para David Hubbard, científico marino de UC Santa Barbara y coautor del trabajo, estos crustáceos tienen "una de las tasas de bioturbación más altas de cualquier cosa en el planeta", el proceso por el que los organismos vivos mueven sedimento.

El experimento que midió la excavación en una sola noche

La pregunta salió de Tim Baxter, un geógrafo físico interesado en cómo la fauna moldea su entorno en la zona costera. Cuando llegó del Reino Unido a UC Santa Barbara para su posdoctorado con el profesor Ian Walker, encontró en los científicos marinos Dave Hubbard, Kyle Emery y Jenny Dugan una curiosidad parecida por las pulgas de arena. Baxter, hoy investigador en la Universidad de Oxford, resume el punto de partida: cuánto excavan estos animales y qué aportan al transporte de sedimento en las playas.

Para averiguarlo montaron un experimento sencillo en Isla Vista Beach, un tramo de costa junto al campus. En una noche de verano de 2025, después de la marea alta y cuando el agua empezaba a retirarse, delimitaron 21 parcelas con marcos metálicos en la franja donde estos animales prefieren excavar. A la mañana siguiente, varios marcos habían desaparecido bajo la arena que las pulgas amontonaron durante la noche. El equipo recogió y pesó ese material, con la colaboración adicional de Winter Adams y Sebastian Alvarez.

Las dos especies del estudio, Megalorchestia corniculata y Megalorchestia benedicti, se cuentan entre las seis principales de California y llegan a superar los 1,000 ejemplares en un parche de arena del tamaño de una toalla de playa. Se entierran entre 10 y 30 centímetros o se esconden bajo las algas varadas, y salen de noche a comer kelp. A diferencia de otros animales excavadores, que reutilizan una misma madriguera, las pulgas de arena abren una nueva cada día en busca de la humedad exacta: ni la arena saturada, donde el túnel colapsa, ni la seca y polvosa de la parte alta de la playa.

Mueven tanto sedimento como algunos ríos de la región

La cifra central es esa excavación de hasta 50 kilogramos por metro de costa. Llevada a los 25 kilómetros de litoral del sur de California que analizó el equipo, el volumen resulta comparable a las cargas diarias de sedimento de algunos ríos importantes de la zona y a la deriva litoral que arrastra arena a lo largo de la playa. Según el cálculo que recogió Earth.com, ese ritmo equivale a unas 310 toneladas métricas de arena al día, al combinar la medición nocturna con ocho años de conteos del programa Santa Barbara Coastal Long Term Ecological Research.

Es, además, un piso y no un techo: las mediciones solo contaron la arena amontonada en la superficie, así que el total real, incluida la que se remueve bajo tierra, podría ser mayor. Para Baxter, la magnitud fue lo más sorprendente del trabajo.

Por qué su excavación importa para la erosión y las dunas

El hallazgo cambia la escala con la que se mira a estos animales. Al abrir madrigueras nuevas cada día, las pulgas aflojan el sedimento y lo dejan más expuesto al viento y al oleaje, y aumentan la rugosidad de la superficie de la playa. Eso tiene consecuencias para la formación de dunas costeras, unas estructuras que se autoconstruyen y se reparan solas y que se han vuelto una estrategia natural frente a las inundaciones y el aumento del nivel del mar.

El punto de fondo, para Baxter, es de escala:

La influencia de los animales en estos procesos se suele ver como algo bastante temporal, localizado y pequeño. Lo que intentamos mostrar en este estudio es que en realidad estas actividades e interacciones operan a una escala mucho mayor y que vale la pena resaltar su impacto.

El trabajo se inscribe en la biogeomorfología, el campo que estudia cómo los seres vivos moldean el paisaje, y contó con apoyo de la National Science Foundation, el fondo de acción climática de la Oficina del Presidente de la Universidad de California y el California Ocean Protection Council.

Comen kelp, alimentan a las aves y chocan con el rastrillo diario

Más allá del sedimento, las pulgas de arena son una pieza del engranaje del litoral. "Las playas no son simplemente montones de arena: son ecosistemas vivos y dinámicos", dijo Baxter a Earth.com. Estos animales consumen el kelp que la marea deja en la orilla, reciclan sus nutrientes y, al enterrar comida o carroña, la ponen a disposición de otros organismos. Sus madrigueras airean la arena y llevan oxígeno a los microbios que viven justo bajo la superficie, y ellas mismas son alimento para aves playeras y peces.

Close-up of vibrant green seaweed on a sandy beach, showcasing texture and natural beauty.
Las pulgas de arena se alimentan del kelp que la marea deja en la playa. Imagen ilustrativa. · Foto de Alfo Medeiros en Pexels

Ahí aparece una tensión cotidiana. En muchas playas del sur de California, un tractor rastrilla la arena cada mañana para dejarla lista a los visitantes y se lleva las algas que llegaron durante la noche. Esa limpieza retira justo el alimento del que dependen las pulgas y puede alterar a esa cuadrilla invisible de excavadoras.

Baxter quiere saber qué pasa con esa arena después: si vuelve a asentarse en la playa, las pulgas solo la reacomodan; si el viento o el oleaje se la llevan, podrían influir en cómo cambia la línea de costa. En playas que ya pierden terreno por la erosión, esa diferencia decide si un animal de un centímetro es un simple inquilino o una pieza del presupuesto de sedimento del litoral.

Fuentes: 1, 2

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por Gerardo Pavez

Redactor y creador de contenido especializado en deportes y tecnología. Apasionado por todo lo que ocurre dentro y fuera de la cancha.

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