TL;DR:
- IBM y sus colaboradores presentaron tres preprints que, según la compañía, muestran ventaja cuántica con mecanismos para evaluar la confiabilidad del resultado.
- La prueba mejor sustentada ejecutó en unos 15 minutos un circuito de 70 cúbits con 468 puertas T y certificó una fidelidad mínima de 28.4% con 95% de confianza.
- Los trabajos aún no pasaron por revisión por pares, permanecen como candidatos abiertos a desafíos clásicos y no demuestran una aplicación comercial inmediata.
IBM y sus socios presentaron el 30 de julio tres experimentos que, según la compañía, muestran que sus procesadores cuánticos resolvieron problemas fuera del alcance práctico de los métodos clásicos probados y aportaron evidencia de que sus resultados eran confiables. La demostración mejor sustentada ejecutó en aproximadamente 15 minutos un circuito de 70 cúbits con 468 puertas T y certificó una fidelidad mínima de 28.4% con 95% de confianza.
El avance ataca una de las paradojas más incómodas de la computación cuántica. Cuando una computadora clásica ya no puede repetir un cálculo, también desaparece el verificador más obvio. Una máquina cuántica podría producir una salida imposible de simular y, aun así, haber devuelto ruido.
"Ahora estamos firmemente en la era de la ventaja cuántica", afirmó Jay Gambetta, director de IBM Research e IBM Fellow, en una declaración de la compañía (traducción propia).
La hoja de ruta de IBM había colocado la ventaja cuántica como una meta para finales de 2026. El anuncio llegó meses antes de cerrar ese plazo, pero sus tres pruebas no tienen el mismo peso y todavía están expuestas a que aparezcan mejores algoritmos clásicos.
El cálculo de 15 minutos incorporó su propia prueba de calidad
La demostración de IBM y la Universidad de Chicago partió de un problema diseñado para ser difícil: generar muestras mediante circuitos cuánticos que una computadora clásica no pueda reproducir eficientemente.
El preprint publicado en arXiv describe una técnica llamada doped Clifford sampling. Los circuitos construidos únicamente con puertas Clifford pueden simularse en sistemas clásicos. El equipo agregó 468 puertas T, que elevan con rapidez el costo de la simulación, pero conservó una estructura que permite detectar errores durante el cálculo.
Los investigadores incorporaron el circuito dentro de un código espacio-temporal. Este utiliza cúbits auxiliares para revisar la consistencia de las operaciones a lo largo del circuito y descarta las ejecuciones que no superan esas comprobaciones.
IBM describió la prueba como una computación de 70 cúbits lógicos, con profundidad 70, codificada sobre 97 cúbits físicos. El circuito ejecutó 2,415 operaciones lógicas de dos cúbits y terminó en unos 15 minutos. Los métodos clásicos evaluados habrían necesitado tiempos de ejecución considerados impracticables.
El filtrado redujo aproximadamente diez veces la tasa efectiva de errores. También tuvo un costo considerable: IEEE Spectrum calculó que el sistema necesitó unas 860 veces más ejecuciones que una prueba sin ese mecanismo de rechazo.
El resultado certificado fue una fidelidad mínima de 0.284, equivalente a 28.4%, con 95% de confianza. Esa fidelidad mide cuánto se aproxima el estado completo producido al estado cuántico ideal. No equivale a decir que la computadora respondió correctamente en 28.4% de las ocasiones.

Qedma llevó una simulación cuántica hasta 74 cúbits
El segundo trabajo, dirigido por Qedma junto con IBM, RIKEN y BlueQubit, estudió un modelo bidimensional de Ising sometido a pulsos periódicos. El objetivo era observar durante cuánto tiempo persistían determinadas oscilaciones magnéticas en un sistema cuántico complejo.
El equipo utilizó el procesador IBM Quantum Heron y el software de mitigación de errores QESEM para ejecutar circuitos de hasta 74 cúbits. Después comparó los resultados con métodos clásicos que corrieron en el supercomputador japonés Fugaku y servidores equipados con GPU Nvidia H100.
En sistemas de hasta 35 cúbits, las simulaciones clásicas y cuánticas produjeron patrones similares. Con 51 cúbits, los métodos clásicos siguieron las primeras oscilaciones, pero perdieron consistencia conforme avanzó la simulación. El régimen de 74 cúbits quedó fuera de su alcance práctico.
Los investigadores buscaron validar el resultado mediante diferentes técnicas de mitigación de errores y también ejecutaron pruebas en computadoras de iones atrapados de Quantinuum. La coincidencia entre arquitecturas distintas reduce la posibilidad de que las oscilaciones fueran un artefacto exclusivo del hardware de IBM.
Ese conjunto de comprobaciones ofrece evidencia de confiabilidad, pero no constituye una prueba matemática de que ningún algoritmo clásico pueda reproducir el resultado. El preprint de Qedma y sus colaboradores habla de un régimen donde los métodos clásicos evaluados dejan de ser confiables.
Algorithmiq verificó el proceso cuando faltaba una respuesta clásica
El tercer experimento utilizó un circuito de 56 cúbits para simular cómo se propaga la información en un material cuántico teórico con regiones desordenadas. Algorithmiq diseñó el modelo para acercarlo a las irregularidades presentes en materiales como catalizadores o electrolitos de baterías, aunque no corresponde a una sustancia que pueda fabricarse y medirse en un laboratorio.
Los métodos clásicos probados produjeron resultados contradictorios entre sí. Las ejecuciones realizadas en dos procesadores IBM, en cambio, mantuvieron señales parecidas incluso cuando los investigadores modificaron deliberadamente el ruido y las calibraciones.
El preprint de Algorithmiq propone validar el proceso completo cuando ya no existe una respuesta clásica exacta con la cual comparar. Su metodología combina ejecuciones más cortas que todavía pueden verificarse, modelos de ruido, inyección controlada de errores y repetición en distintos procesadores.
La limitación también es concreta. Los dos procesadores comparten arquitectura y la simulación fue preparada para el hardware de IBM. No existe un experimento físico externo que permita comparar el resultado con un material real.
IBM y Algorithmiq sostienen que el problema lleva ocho meses publicado en el Quantum Advantage Tracker sin que un método clásico haya cubierto de forma confiable todo el régimen evaluado. Eso describe el estado actual de la competencia, no una garantía de que nunca aparecerá un algoritmo clásico capaz de alcanzarlo.
Los tres trabajos permanecen abiertos a refutación
Los artículos fueron depositados en arXiv el 27 y 28 de julio de 2026. Los tres son preprints y todavía no han pasado por revisión por pares.
El propio Quantum Advantage Tracker los clasifica como candidatos activos. Esa categoría se reserva para resultados cuánticos que parecen desafiar a los mejores métodos clásicos disponibles, pero que necesitan más pruebas antes de determinar si existe una ventaja.
La plataforma también conserva una categoría para candidatos superados. Ahí terminan los experimentos cuya aparente ventaja desaparece cuando un nuevo algoritmo o una optimización clásica cierra la brecha. Ese mecanismo importa porque la ventaja cuántica funciona como una hipótesis científica falsable, no como un título permanente concedido por la empresa que fabrica el procesador.
Dominik Hangleiter, investigador de ETH Zurich consultado por IEEE Spectrum y Chemical & Engineering News, consideró sólidos los tres trabajos, pero estableció una diferencia. La prueba de IBM y la Universidad de Chicago formula una afirmación explícita de ventaja con garantías de dificultad computacional y un certificado de fidelidad. Los experimentos de Qedma y Algorithmiq muestran que los métodos clásicos evaluados pierden confiabilidad, una afirmación más limitada.
El avance todavía no equivale a una computadora cuántica comercial
Los experimentos ofrecen nuevas formas de confiar en una computadora cuántica cuando el cálculo ya no puede comprobarse directamente con una máquina clásica. Esa capacidad puede convertir estos sistemas en instrumentos científicos para explorar modelos de materiales, magnetismo, química y dinámica cuántica.
Todavía falta trasladar esas pruebas a problemas con utilidad comercial. Los tres experimentos estudian circuitos o materiales teóricos muy específicos. Tampoco muestran una computadora capaz de acelerar cualquier carga de trabajo, reemplazar supercomputadoras o romper los sistemas criptográficos actuales.
El aporte inmediato reside en la verificación. IBM y sus colaboradores pusieron tres resultados, sus circuitos y sus métodos de validación frente a una comunidad que puede intentar reproducirlos o derrotarlos con mejores técnicas clásicas. La ventaja cuántica ganará peso si sobrevive a ese proceso abierto.
Fuentes: preprint de IBM y la Universidad de Chicago, presentación técnica de los tres trabajos de IBM, análisis independiente de IEEE Spectrum, evaluación de Chemical & Engineering News