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Errores de código en Python: un físico cuestiona en Nature el 'avance' cuántico de Microsoft

Henry Legg afirma en Nature que errores de código invalidan el cúbit topológico de Microsoft. La empresa lo niega.

por Dilis Salazar
Errores de código en Python: un físico cuestiona en Nature el 'avance' cuántico de Microsoft

TL;DR:

  • El físico Henry Legg (Universidad de St Andrews) publicó una crítica formal en Nature que sostiene que Microsoft nunca demostró un cúbit topológico funcional.
  • Su reanálisis de los datos de transporte indica que las señales surgen en regiones con fuerte desorden y sin una brecha superconductora robusta, por lo que podrían deberse a mecanismos triviales y no a física topológica.
  • Microsoft rechazó la crítica, publicó una réplica en Nature y mantiene su meta de una computadora cuántica comercial para 2029.

Un nuevo round en una de las disputas más espinosas de la computación cuántica. El físico Henry Legg, de la Universidad de St Andrews (y también de la Universidad de Basilea), publicó este 24 de junio de 2026 en la revista Nature una crítica formal que pone en duda el resultado central de Microsoft en este campo: la supuesta demostración de un cúbit topológico, la pieza sobre la que la empresa construyó toda su hoja de ruta cuántica. Según su análisis, errores en el código que procesó los datos y la omisión de mediciones contradictorias inflaron un hallazgo que, en realidad, podría ser ruido. Microsoft no se quedó callada: rechazó las acusaciones y publicó su propia réplica en Nature el mismo día. El choque llega apenas semanas después de que la compañía presentara su chip Majorana 2 y prometiera una computadora cuántica comercial para 2029.

Qué encontró Legg al abrir los datos que Microsoft no había mostrado

Conviene entender qué está en disputa. Un cúbit topológico es un tipo de bit cuántico que codificaría la información de forma deslocalizada en el material y que, en teoría, sería mucho más resistente al ruido y a los errores que los cúbits que hoy usan Google o IBM. Para lograrlo hay que crear y controlar unas exóticas cuasipartículas llamadas modos cero de Majorana. El problema, como recuerda el propio Legg, es que detectar esa fase superconductora topológica es notoriamente difícil: estados ordinarios —"triviales", en la jerga— pueden imitar las señales que se esperarían de un superconductor topológico de verdad.

Microsoft dice haber sintonizado sus dispositivos en esa fase usando un método propio basado en mediciones de transporte eléctrico, el llamado protocolo de brecha topológica (TGP). Legg revisó los datos de transporte que sustentan esa sintonización —y que no aparecían en el artículo original de 2025— y llegó a otra conclusión: la lectura se hizo en zonas con bastante desorden que lucen "sin brecha". Sin una brecha superconductora robusta, dice, se cae el supuesto que sostiene toda la interpretación de Microsoft, y las señales se explicarían mejor por mecanismos triviales, incluidos efectos de puntos cuánticos.

En su propio resumen, Legg apunta a tres fallas:

  • Procedimientos de calibración (tune-up) defectuosos.
  • Errores de código en los scripts —escritos en Python, según el detalle que reporta Neowin— que procesaron las mediciones.
  • Datos omitidos: información ruidosa o contradictoria que quedó fuera del resultado final, dejando solo lo que respaldaba la conclusión.

No por nada una de las figuras centrales de su artículo lleva por título el impacto de los "artefactos de código" sobre la detección de la brecha topológica.

"En resumen: Microsoft no ha demostrado la física básica necesaria ni siquiera para un solo cúbit topológico."
— Henry Legg, en Bluesky

No es una opinión lanzada al calor del momento. El texto se recibió en Nature en marzo de 2025, pocas semanas después del artículo de Microsoft, y pasó más de un año de revisión por pares antes de publicarse. Y Legg no está solo: Sergey Frolov, físico de la Universidad de Pittsburgh y ajeno a ambos trabajos, fue tajante en declaraciones a Scientific American. La crítica deja "dolorosamente claro", dijo, que el artículo de Microsoft "no tiene valor científico" y que "probablemente" deba retractarse.

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Photo by Planet Volumes / Unsplash

La defensa de Microsoft: "mantenemos nuestros resultados"

Microsoft respondió con una réplica formal en Nature, firmada por su equipo cuántico. El argumento de fondo: la crítica de Legg ataca los datos de transporte, pero la prueba clave del cúbit —una lectura interferométrica de paridad mediante la capacitancia cuántica— no depende de que exista esa brecha, y no se sostendría si el sistema fuera simple ruido o un estado "sin brecha", como plantea Legg.

La empresa sí movió ficha en un punto. Junto con la réplica publicó "mapas TGP corregidos" en el repositorio Zenodo, un reconocimiento implícito de que hubo algo que ajustar en el procesamiento de datos. Pero insiste en que ese ajuste no cambia la conclusión física: según recogió Neowin, Microsoft admite que pudo haber un descuido menor en los scripts de análisis y lo trata como una anomalía, no como una falla fatal.

El vocero técnico de la compañía, Chetan Nayak, vicepresidente corporativo de Hardware Cuántico, lo dejó claro a Scientific American:

"Respaldamos nuestros resultados y nuestra hoja de ruta. Al final del día, el éxito es la entrega de una computadora cuántica escalable."
— Chetan Nayak, Microsoft

Nayak subrayó además que Microsoft avanzó a la fase final de la Iniciativa de Benchmarking Cuántico de DARPA, que —según él— evaluó de forma independiente los resultados públicos y privados de la empresa con un equipo de expertos calificados. "El escepticismo y el rigor", añadió, son rasgos distintivos del proceso científico.

Una herida que Microsoft ya conocía

Lo que vuelve más delicada esta polémica es que no es la primera vez. El brazo cuántico de Microsoft ya vivió un episodio parecido: un influyente artículo de 2018 sobre partículas de Majorana terminó retractado en 2021, después de que físicos independientes detectaran que los datos se habían recortado de forma inapropiada. Scientific American recuerda que la compañía ha tenido que retirar varios trabajos revisados por pares ligados a esta línea de investigación. Ese antecedente es justo lo que hace que las nuevas acusaciones sobre el código resuenen tan fuerte.

Qué está en juego: la meta de 2029 y la carrera cuántica

Cuando Microsoft presentó Majorana 2 a comienzos de junio de 2026, prometió un salto grande. Esto es lo que la empresa asegura del chip:

  • Hasta 1,000 veces más confiable que su predecesor.
  • Información cuántica estable unos 20 segundos de media, y hasta un minuto en algunos cúbits.
  • Desarrollo acelerado con inteligencia artificial para hallar materiales, automatizar pruebas y mejorar la manufactura.
  • Una hoja de ruta comercial adelantada de 2035 a 2029.

Si el cimiento físico de 2025 está realmente agrietado, ese calendario de 2029 es lo primero que se tambalea: podría retrasarse o, en el peor de los casos, cancelarse. Y la disputa no es solo académica. Microsoft apostó por la vía topológica como atajo frente a los cúbits superconductores que persiguen Google e IBM; si el atajo no existe, la empresa pierde terreno en una carrera que mueve miles de millones de dólares.

Para el público que sigue de cerca las criptomonedas hay un matiz extra, como apuntó Decrypt. Buena parte de la industria se prepara para el llamado "Q-Day", el momento en que una computadora cuántica sea capaz de romper la criptografía que hoy protege, entre otras cosas, a Bitcoin. La crítica de Legg no descarta ese futuro, pero sí enfría una de las promesas que lo acercaban.

Por ahora, el desenlace queda en manos de la comunidad científica, que tendrá que decidir si el resultado de Microsoft se sostiene o sigue el camino de otros papers retractados. La empresa mantiene el rumbo y la fecha. La diferencia es que ahora, con la crítica publicada en la misma revista que validó su "avance", el peso de la prueba volvió a su lado de la mesa.

Fuentes: 1, 2, 3

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