TL;DR:
- Un equipo internacional describió en Nature a Tametara mirim, el primer fósil articulado de serpiente hallado en Brasil, de entre 85 y 75 millones de años.
- El análisis del cerebro y de la microestructura ósea la clasificó como excavadora con 99.2% de probabilidad; la argentina Dinilysia patagonica salió terrestre con 56.7%.
- El estudio concluye que ninguna serpiente fósil conocida representa por sí sola al ancestro de las culebras actuales.
Un fósil de 42 centímetros rescatado de una cantera en Presidente Prudente, en el interior de São Paulo, le dio a la paleontología la primera confirmación cuantitativa de que una serpiente primitiva vivía bajo tierra. La especie se llama Tametara mirim y un equipo internacional la describió en la revista Nature el 22 de julio de 2026, con Tiago Simões (Universidad de Princeton), Nicolas Di-Poï (Universidad de Helsinki) y Annie Hsiou (Universidad de São Paulo) al frente. El dato que le da peso es el contraste: la misma batería de análisis aplicada a Dinilysia patagonica, una serpiente argentina del mismo periodo, la sacó clasificada como no excavadora. Son dos linajes cercanos en el árbol evolutivo, con modos de vida opuestos, en el mismo tramo del Cretácico. La pregunta de más de un siglo sobre dónde nacieron las serpientes sigue abierta, y este trabajo explica por qué probablemente estaba mal planteada.
El ejemplar está catalogado como MPM 420 y pertenece al acervo del Museu de Paleontologia de Marília. William R. Nava y Giovanna M. X. Paixão lo encontraron en 2020 en el frente conocido como William's Quarry 2, dentro del Sítio Paleontológico José Martin Suárez. La roca que lo contenía pertenece a la Formación Adamantina, del Grupo Bauru, y tiene entre 85 y 75 millones de años. Es el primer fósil articulado de serpiente que aparece en Brasil: hasta ahora, el registro cretácico del país se reducía a vértebras sueltas.
Ese detalle no es de trámite. De todo el Mesozoico se conocen menos de diez fósiles articulados de serpiente, y solo tres tenían una preservación tridimensional comparable a la de Tametara: Dinilysia y Najash en Argentina, y Sanajeh en India. La lista pasó a cuatro. Simões dijo a Reuters que el ejemplar conserva alrededor de 60% del cráneo original y 70% de la columna vertebral, con unas 103 vértebras precloacales todavía en su sitio.
El techo óptico casi desaparecido fue la primera pista
Nadie abrió el cráneo. El equipo lo escaneó con microtomografía computarizada en la Escola Politécnica de la USP, a una resolución de 17 micrómetros por vóxel en la zona craneal, y de ahí salió un molde virtual del espacio interno del cráneo, el endocasto. La segmentación de esas imágenes, el trabajo de ir separando estructura por estructura, corrió a cargo de Gabriela Sobral, investigadora asociada al Museo de Historia Natural de Stuttgart y a la Universidad de Brasilia.
Lo que apareció fue un conjunto de señales que apuntan todas al mismo lado. El techo óptico, la región ligada al procesamiento de la visión, formaba apenas una franja delgada, más atrofiada que en la mayoría de las serpientes y lagartos excavadores estudiados hasta hoy. Sobral lo describió así a la Agência FAPESP:
"Es una condición muy especial incluso entre las serpientes excavadoras actuales"
El oído interno reforzó la lectura. El vestíbulo era grande y globoso, y los canales semicirculares, finos y reducidos. Según Sobral, unos canales así indican que al animal no le urgía percibir con precisión la posición de su cuerpo en el espacio, algo coherente con vivir bajo tierra; el vestíbulo abultado, en cambio, sugiere sensibilidad a sonidos de baja frecuencia, que viajan mejor por el suelo que por el aire. Los huesos del techo craneal cerraron el caso: densos y muy sobrepuestos entre sí, el patrón típico de un animal fosorial.

Con esos datos, un modelo discriminante lineal clasificó a Tametara como excavadora con 99.2% de probabilidad. Conviene leer la cifra con su letra chica: el modelo completo acierta 65% de las veces y baja hasta 22% cuando le toca clasificar especies acuáticas. Donde mejor funciona es justo en la categoría fosorial, con 85.6% de aciertos, que es la que aquí se está midiendo.

Dinilysia dio el resultado contrario y ahí se cayó el relato lineal
La comparación con la serpiente argentina era la prueba de fuego, porque Dinilysia patagonica es la única otra serpiente del grupo troncal con caja craneana bien preservada y datos de tomografía disponibles públicamente. Vivió en la Patagonia en la misma época, medía alrededor de dos metros según la descripción de Smithsonian Magazine, y salió del análisis con 56.7% de probabilidad de haber sido terrestre contra 25.7% de fosorial. Nicolas Di-Poï, director de investigación en el instituto HiLIFE de la Universidad de Helsinki, resumió el resultado al presentarse el trabajo:
"Linajes distintos exploraron hábitats distintos mucho antes de lo que se pensaba"
A esas dos formas de vida hay que sumarles una tercera que ya estaba documentada: los simoliofíidos del Cretácico, serpientes marinas con patas traseras. Subsuelo, superficie y mar aparecen repartidos en el mismo tramo del árbol.
La consecuencia incomoda a décadas de trabajo previo. Durante mucho tiempo, cada fósil de serpiente primitiva que salía a la luz se usaba como retrato del ancestro común de las culebras modernas. El estudio sostiene que ninguna de esas especies representa esa condición ancestral por sí sola, un giro que se parece al que están viviendo otras genealogías biológicas: hace poco un trabajo propuso que bacterias y arqueas surgieron cada una por su cuenta, en lugar de un tronco único.
Michael Caldwell, biólogo evolutivo de la Universidad de Alberta que no participó en la investigación, dijo a Science News que el panorama resulta bastante más enredado de lo que se venía asumiendo, y que lo que dibuja el estudio es una genealogía con ramas que van y vienen en vez de una línea recta.
Divergente más temprana no significa más antigua
Tametara aparece en el árbol como hermana de Najash, entre las ramas que se separaron primero. Eso ubica una posición en la genealogía, no un récord cronológico. El propio estudio usa a Eophis underwoodi como punto de calibración temporal del nodo de las serpientes, y le lleva unos 85 millones de años de ventaja al fósil brasileño.
La reconstrucción combinó 166 especies fósiles y vivas, 394 caracteres morfológicos y once marcadores genéticos. De ahí salen dos respaldos más: que las serpientes surgieron en el Jurásico Medio y que las patas traseras se perdieron una sola vez, temprano. De Tametara no se sabe si todavía las conservaba, porque la región del cuerpo donde estarían, cerca de la cloaca, no se preservó. Las delanteras, en cambio, se interpretan como ausentes.
Annie Hsiou apuntó en el Jornal da USP que, pese a lo primitiva que es, la especie ya comparte varios rasgos con las serpientes de hoy: cuerpo alargado con numerosas vértebras, ausencia de miembros anteriores, las articulaciones vertebrales de zigosfeno y zigantro que dan estabilidad a la columna y una organización cerebral general parecida a la actual.
Un museo del interior paulista acumula su segundo Nature en dos años
El yacimiento donde salió Tametara ya había dado que hablar. De la misma cantera vino Navaornis, el ave enantiornita del Cretácico que Nature describió en 2024. Es la segunda vez en dos años que una pieza del acervo del Museu de Paleontologia de Marília, una institución de una ciudad de tamaño medio del interior de São Paulo, llega a las páginas de la revista.
Simões subraya un punto sobre esa región: el Grupo Bauru lleva décadas con reconocimiento internacional por su potencial para entender la vida del Cretácico, pero la atención de los investigadores se fue casi siempre hacia los dinosaurios no avianos. Las serpientes quedaron esperando turno.
Para el lector hispanohablante hay otro hilo dentro del propio paper. Las especies vivas que el equipo usó como referencia para leer el cerebro fósil incluyen a Liotyphlops albirostris, una de las culebrillas ciegas americanas; a Anilius scytale, la falsa coral amazónica; y a Crotalus intermedius, la cascabel enana endémica de los bosques de montaña del centro y sur de México. El endocasto de una serpiente que murió en São Paulo hace 80 millones de años se interpretó, en parte, contra el cerebro de una cascabel mexicana.
Preguntas rápidas sobre Tametara mirim
¿Tametara mirim es la serpiente más antigua que se conoce?
No. Es una de las serpientes que se separaron más temprano del tronco del grupo, según el estudio publicado en Nature, lo que describe su posición en el árbol evolutivo. Vivió hace entre 85 y 75 millones de años. El fósil de serpiente más antiguo sigue siendo Eophis underwoodi, del Jurásico Medio, con unos 167 millones de años.
¿Tametara mirim tenía patas?
No se sabe. Los autores interpretan que carecía de miembros delanteros, pero la región del cuerpo cercana a la cloaca, donde estarían las patas traseras, no se preservó en el fósil. Tiago Simões explicó a la Agência FAPESP que ese hueco impide responder la pregunta con el ejemplar disponible.
¿Qué significa el nombre Tametara mirim?
Tametara quiere decir 'adornada' y alude a la cresta sagital pronunciada que recorre la parte superior del cráneo. Mirim proviene de la lengua tupí-guaraní e indica el tamaño pequeño del animal: el cuerpo preservado mide unos 42 centímetros y el cráneo completo se estima en 33 milímetros.
Roy Ebel, coautor del estudio e investigador del Museums Victoria Research Institute, escribió en The Conversation que el equipo salió a cerrar la pregunta de un siglo sobre qué convirtió a las serpientes en serpientes y terminó teniendo que replantearla:
"Nunca fue simplemente mar o subsuelo"
Simões ya dijo cuál es el siguiente paso: hacen falta fósiles con esta calidad de preservación pero más viejos, sobre todo del Jurásico, entre 201 y 145 millones de años atrás. Hasta que aparezca uno, la respuesta más honesta sobre dónde nacieron las serpientes es que el registro apunta a varios lugares a la vez.